¿La Gran Depresión del 2008? No tanto

La crisis financiera que atraviesa Estados Unidos aún no llega a los niveles de 1929; pero el problema financiero, que aún no toca fondo, cambiará cómo funciona el sistema en EU.
NUEVA YORK (CNN) -

Hay algo de la crisis financiera actual que puede ser comparado con el desplome de los mercados de 1929 y la Gran Depresión.

Sin embargo, algunos analistas no lo creen así.

Estados Unidos ha visto la destrucción de algunos de sus mayores nombres financieros, miles de empleos perdidos y amenazas a la estabilidad del sistema bancario mundial. Todo en una semana.

Las pérdidas son asombrosas. Más de 1,000 billones de dólares en dólares de contribuyentes prometidos por el Gobierno de Estados Unidos para limpiar deudas hipotecarias incobrables y apuntalar al sistema financiero. La última cuenta podría ser mucho mayor.

En su afán de poner en contexto a Wall Street y al mundo, los noticieros han comparado a la actual turbulencia con la crisis financiera de 1929 y la posterior Gran Depresión como sus hitos históricos.

Michelle Caruso-Cabrera, periodista de la cadena de noticias de negocios CNBC, dijo a los telespectadores que se trata de "una de las semanas más importantes en la historia financiera y estadounidense".

Sin embargo, los más veteranos del mercado piden no precipitarse ya que la crisis crediticia que lleva 13 meses y que ha empeorado -pese a los esfuerzos del Gobierno- aún no alcanza la escala cataclísmica de la Depresión.

"He vivido durante muchas debacles. Cada vez que las atraviesas, pareciera ser la peor desde 1929", comentó Theodore Weisberg, miembro de la Bolsa de Nueva York hace unos 40 años.

"La nomenclatura de la palabra 'crisis' se ha desvalorizado", aseguró Roy Smith, profesor la escuela de negocios Stern de la Universidad de Nueva York y ex socio de Goldman Sachs.

Nadie discute que la crisis es profunda, pero al nivel de la Depresión puede ser una exageración, calificó Allan Sloan, columnista del diario Washington Post y la revista Fortune.

"Pienso que no, considerando que la Gran Depresión tuvo la quiebra de cientos de bancos y gente perdiendo los ahorros de toda su vida, desempleo de un 25 por ciento y descontento social", agregó Sloan.

Lunes, martes y jueves negros

Los terremotos financieros que provocaron aterradores rumores de aquella mala época, incluyen la crisis financiera asiática de fines de la década de 1990 y la quiebra de las empresas '.com' a inicios de esta década que borró billones de dólares en los papeles de Nasdaq.

También estuvo octubre de 1987, cuando colapsaron las bolsas en todo el mundo. Los libros de historia están marcados con numerosas referencias a lunes, martes y miércoles negros.

Es claro que la actual debacle financiera que dio muerte a Lehman Brothers, que liquidó a Merrill Lynch  y obligó al Gobierno a adquirir a la aseguradora American International Group, podría cambiar radicalmente la política financiera de casi un siglo de existencia.

Cada titubeo sobre la deuda y otros interrelacionados, complican a los instrumentos financieros aseguraron un colapso aún más rápido que lo que Wall Street y los reguladores pudieron manejar.

Esa es una similitud clave a la crisis de hace 79 años, explicó Maury Klein, profesor emérito de la Universidad de Rhode Island y autor de "Rainbow's End: The Crash of 1929".

"Lo que es similar en ambos casos es que tienes una situación donde comienzas a jugar en cantidades cada vez mayores con cosas que no entiendes", sostuvo.

Pero la panorámica general de la economía estadounidense es un tanto distinta.

"Con sólo un desempleo de un 6%, tenemos un debate acerca de si de hecho estamos en una recesión", propuso Richard Sylla, profesor de la historia de las instituciones financieras y mercados de la Universidad de Nueva York.

El destacado columnista económico Robert Samuelson escribió en julio un texto en el Washington Post titulado "¿Una Depresión? Difícilmente". Señaló que podría escribir la misma columna hoy, pero "con menos convicción".

Eso es porque no hay cómo determinar dónde acabará la erosión. Los préstamos incobrables entregados a propietarios durante el último boom de la vivienda en Estados Unidos y operaciones turbias podrían cavar más profundo en el sistema nervioso financiero que lo que nadie anticipó.

 

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