La crisis en EU ¿Es el Apocalipsis?

La actual crisis económica no es el fin del mundo sino la extinción de los dinosaurios; una nueva especie de agentes financieros reemplazará a los CEOs que fracasaron.
Estados Unidos aplicará el rescate financiero más costoso de
Geoff Colvin
NUEVA YORK -

El error de todo lo que se lee y escucha sobre la crisis financiera de Estados Unidos es éste: olvida que las personas no son plantas en una maceta.

Ya sean ejecutivos de Wall Street, propietarios de vivienda en un mercado bajista, empresarios que sufren las restricciones del crédito, políticos que desean reelegirse, todos sin excepción son personas que no están impávidas, como un arbusto que sólo se limita a padecer los eventos que lo zarandean. Por el contrario, se anticipan a los sucesos y reaccionan ante ellos.

No me confiero poderes especiales para saber en qué terminará la actual crisis o las consecuencias que tendrán las acciones que intentan solucionarla. Pero una cosa sí sé con certeza, que mucho de lo que leemos o escuchamos no refleja un pensamiento claro. Y estos son tres ejemplos particularmente importantes:

La economía: El punto más conflictivo son las constantes referencias a la Gran Depresión. El error al establecer esta similitud es que olvida que todas las situaciones que se dan en el mundo real son dinámicas.

La Gran Depresión fue también una sucesión dinámica de eventos. No habría ocurrido si la Reserva Federal (Fed) no hubiera restringido severamente el crédito como respuesta al colapso de la bolsa, en lugar de aplicar una política correcta bajando las tasas de interés. Y tampoco hubiera ocurrido si el Congreso estadounidense no hubiera bloqueado el comercio mundial a través de la ley Smoot-Hawley.

Esas circunstancias no se dan esta vez. Hoy, en cambio, el Congreso parece estar por la labor de activar los mercados crediticios. Más importante, EU es un país con 300 millones de personas tan emprendedoras que aún en la presente situación adversa encontrarán oportunidades que ni tú ni yo podemos imaginar.

Tras el discurso del miércoles del presidente Bush, el presentador de noticias de la NBC Brian Williams dijo que enfrentábamos “la peor catástrofe financiera en más de una generación.” Se equivoca: ésta es una crisis, pero no una catástrofe. Claro que la crisis puede convertirse en catástrofe, pero por ahora llamarla así es reaccionar con demasiado dramatismo.

La culpa es de los CEOs: El Congreso de EU parece estar determinado a hacer sufrir a los directivos de las firmas financieras ¿y quién puede discutir eso? Si los contribuyentes son los que rescatarán a las firmas en esta crisis, entonces el imperativo político es que los líderes de esas firmas deban pagar un precio. Bien, sólo hay que recordar que los CEOs tampoco son plantas en una maceta.

La última vez que el Congreso intentó tomar medidas enérgicas contra el sueldo de los CEOs fue en 1993, cuando aprobó una enmienda al código fiscal estadounidense que estipulaba que una remuneración superior a 1 millón de dólares (mdd) no era deducible de impuestos para el patrón si la paga no estaba justificada por el rendimiento del directivo. Las compañías solucionaron esa disposición poniéndole un tope al salario del CEO para después compensarlo con opciones de compra de acciones (por definición los dividendos recibidos dependen del rendimiento del propio directivo). La consecuencia fue un mercado alcista sin precedentes en la historia, y la enmienda produjo el efecto contrario: gracias a ella los CEOs recibieron como pago cantidades inmensas de opciones y ganaron muchísimo más dinero que antes.

Hoy, el gobierno estadounidense intenta limitar las compensaciones de los directores ejecutivos de las firmas rescatadas… ¿cómo se las ingeniarán los CEOs para transformar estas restricciones a los pagos en una ventaja para ellos? No lo sé, pero seguramente encontrarán la manera.

El fin de Wall Street: La premisa de este tercer error es que hace 7 meses existían cinco bancos de inversión, y ahora no queda ninguno. Bear Stearns y Lehman Brothers quebraron, Merrill Lynch fue comprado por Bank of America, Goldman Sachs y Morgan Stanley se convirtieron en bancos comerciales tradicionales. Conclusión: el fin de los bancos de inversión es el fin de Wall Street.

No pienso que sea verdad. ¿Han desaparecido para siempre las ventajas del modelo de la banca de inversión independiente? Claro que no. ¿Los elementos atractivos de ese modelo (evitar las regulaciones y los requisitos de capitalización aplicados a los bancos comerciales) se harán evidentes una vez que pase la crisis actual? Seguro que sí. Y cuando la economía mejore… ¿se quedarán los empresarios (todos los agentes y banqueros que se quedaron sin trabajo) cruzados de brazos o iniciarán nuevas compañías, adaptándose ingeniosamente a las nuevas reglas? Harán lo segundo.

Bajo la estela de los últimos acontecimientos es difícil imaginar cómo será el mundo dentro de cinco años.  Pero en unos años miraremos hacia atrás y nos daremos cuenta de que lo que pasó en el 2008 no era el final de Wall Street, sino más bien la extinción de los dinosaurios: hay nuevas especies en camino, se están gestando justo ahora.

Ignoro lo que sucederá, pero estoy seguro de que el futuro lo construirán millones de participantes en una economía global infinitamente compleja. No sabremos si lo que resulte de ello sea para mejor o para peor, pero nuestro sistema financiero posee un impulso de autocorrección. Lo más importante es que, mientras tratamos de adivinar qué nos depara el mañana, no olvidemos esto: en el tumulto y la confusión nadie se queda quieto –como una planta en maceta.

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