Las dudas del colapso en Wall Street

¿Cuáles serán los efectos directos de la crisis sobre los mercados emergentes?; si las economías más ricas son vulnerables, ¿los países en desarrollo no deberían resguardarse?
¿Globalización parte del problema de Wall Street? (Reuters)  (Foto: )
LONDRES -

"Gracias a Dios", decía un ministro de finanzas latinoamericano, "al menos esta vez no es culpa nuestra".

Podría parecer que el colapso del sistema financiero estadounidense es muy diferente a las crisis de los mercados emergentes que abrumó a Tailandia en 1997 o a Rusia en 1998.

Esta vez no ha habido un colapso de la moneda, o default del gobierno. Por lo tanto, no había obligaciones garantizadas con deuda o canje de deuda en default.

Sin embargo, el ministro tenía razón en buscar las similitudes entre la crisis de Estados Unidos y las de los mercados emergentes. En todas ellas, los grandes déficits en cuenta corriente se financiaron con grandes entradas de capital.

Los países afectados vivieron las especulaciones en el mercado de la vivienda, las burbujas de activos y los préstamos accesibles seguidos de una crisis crediticia y de una paralización del sistema financiero.

Y el colapso de Wall Street genera las mismas dudas que las crisis de hace una década.

¿Cuáles serán los efectos directos sobre los mercados emergentes? Si las economías más ricas del mundo son vulnerables a las convulsiones financieras globales, ¿los países en desarrollo no deberían resguardarse de ellas? 

Dos publicaciones recientes* aclaran estas dos preguntas. Concluyen que, si bien la globalización financiera implica grandes costos, estos se pueden minimizar e incrementar las ganancias potenciales con la implementación de mejores políticas.

La globalización financiera en sí, explican, no debería considerarse como algo malo sino como algo muy bueno.

Atentos los mercados que reciben regalos
 
La mayoría de los mercados emergentes ven su habilidad para atraer dinero extranjero como una prueba de su buena administración.

Desde este punto de vista, debería ser una especie de bendición que se incrementara el flujo de capital privado a los países en desarrollo, según el Banco Mundial, a 1,000,000 de millones en 2007, el más alto registrado.

Sin embargo, desde la perspectiva del estudio de Carmen y Vincent Reinhart, esto no debería ser un motivo de festejo.

Analizando la experiencia de 181 países desde 1980, los autores calculan que los países de ingresos medios a bajos tenían una posibilidad de aproximadamente 20% de sufrir una crisis del sistema bancario y 30% de padecer una crisis monetaria, el default de su deuda externa o un aumento de la inflación (a más de 20% anual) si habían experimentado lo que los autores llaman “el auge del flujo de capital” en los tres años anteriores.

Los autores señalan que es probable que de cualquier modo estos países hubieran sufrido una crisis, aun cuando no hubiesen recibido dinero del exterior. Es verdad, pero sus posibilidades serían menores: entre 14% y 24% para los países que no lograron atraer tantos dólares.

En otras palabras, un flujo de capital extranjero, así como puede financiar cosas buenas como la infraestructura pública y la inversión corporativa, también tiene correlación con defaults de deuda, inflación y crisis monetarias. 

Los autores se enfocan en el nivel de flujo de capital más que en su composición. Supuestamente, los países que atraen más inversión extranjera directa sufren menos que los que tienen gran cantidad de inversiones independientes o préstamos bancarios a corto plazo.

Pero más que nada, la mayoría de los países que toman grandes cantidades de dinero extranjero presentan los síntomas clásicos de una burbuja económica.

Usando un subconjunto de 66 países para los cuales hay cifras más detalladas, los autores muestran que los precios de las acciones aumentaron más de 10% en términos reales en los dos años anteriores a lo que ellos llaman el auge, y después cayeron constantemente durante cuatro años, para terminar a valores más bajos que de donde empezaron.

Los precios de las viviendas subieron más que eso -15% en términos reales durante cuatros años durante el auge- antes de caer nuevamente. 

Entonces, ¿por qué los países buscan el dinero extranjero si su impacto es tan maligno? La respuesta es que el problema no es tanto la cantidad; es su volatilidad, y especialmente su tendencia a agotarse.

Esto hace que el clima de hoy sea preocupante. El responsable de finanzas internacionales del Banco Mundial, Mansoor Dailami, dice que el flujo de capital privado a los mercados emergentes podría caer de 1,000,000 de millones de dólares a sólo 800,000-850,000 millones en este año.

Esto sería especialmente complicado por otra diferencia entre esta crisis y la Asiática: en 1997-98, la mayor parte de la deuda era soberana.

Ahora, gran parte de la misma es corporativa, tomada por compañías de India, China y de otros mercados emergentes. Esto implica que la contracción del crédito global podría tener un gran impacto en los mercados emergentes al desacelerar la demanda de importaciones del mundo rico.

Los opositores a la globalización financiera sostienen que estos problemas son tan grandes que los mercados emergentes deberían estar resguardándose a través de controles de capital. Muchos ya lo han estado haciendo.

Sin embargo, aún dejando de lado las dudas sobre hasta qué punto esto es deseable (es difícil pensar que el crecimiento de India o Brasil hubiese logrado los niveles actuales sin el aporte del capital extranjero), estos estudios generan dudas sobre si la respuesta correcta son los controles de capital. 

El segundo señala que “la detención abrupta” de ingreso de capital tiende a producir un efecto de giro en U invertido: los países más pobres son los menos vulnerables a los colapsos financieros globales; los más afectados son los países de ingresos medios.

Pero, a medida que usted se hace más rico y está más integrado al sistema financiero global, su vulnerabilidad tiende nuevamente a disminuir -y esto es así a pesar de la crisis en Estados Unidos.

Por lo tanto, quizás siga siendo sensato que países como India o Brasil continúen la liberalización de su economía. Además, como demuestran los Reinharts, gran parte del problema radica en que los flujos de capital tienen altas y bajas: el dinero entra y sale.

Explican que se debería implementar una política fiscal para suavizar los efectos de estos ciclos: los gobiernos deberían reducir el déficit o administrar los excedentes en tiempos de bonanza —justo lo contrario a lo que hacen.

Esto implica una paradoja. En teoría, el flujo de capital debería ser una recompensa por la buena conducta económica. Pero, como señala Dani Rodrik, profesor de Harvard, "estas conclusiones sobre las políticas convierten al flujo de capital en algo imprescindible para que se implementen reformas más profundas”.

* “Capital Flow Bonanzas” de Carmen Reinhart yVincent Reinhart. National Bureau of Economic Research (NBER) Working Paper No. 14321.
“Systemic Sudden Stops” por Guillermo Calvo, Alejandro Izquierdo y Luis-Fernando Mejía. NBER Working Paper No. 14026.

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