Bancos: guerra transatlántica de modelos

Qué revelan los males de Wall Street sobre las visiones de los mercados europeos y estadouniden si de algo no se puede acusar a los europeos es de ser poco coherentes al desconfiar.
Nicolas Sarkozy abogó por ampliar el consejo de seguridad de  (Foto: )

El mundo necesita reconstruir el capitalismo financiero, y esto implica mayor regulación, dice el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.

Es hora de hacer que el capitalismo sea “moral”; encausándolo en su función correcta: servir al desarrollo económico y a la fuerzas de la “producción”; y no de la "especulación".

Para algunos, estos reproches de Sarkozy eran demasiado afables. Algún otro líder habló del inmenso poder, que ha crecido hasta convertirse en una “dictadura económica despótica” ha caído en “manos de unos pocos”.

Agregó que los pocos todopoderosos a menudo no son los “dueños de activos”, sino “los fideicomisarios y directores administrativos de fondos de inversión”. Hay una falacia que se ha generalizado: el mercado no necesita de una “autoridad pública” que lo controle, porque funciona mejor si se “auto-dirige”.

Si de algo no se puede acusar a los europeos es de ser poco coherentes cuando se trata de desconfiar de los financieros, de preferir a los empresarios que hacen cosas tangibles y de confiar en los entes reguladores para mantener a los mercados en buen orden moral. Sarkozy habló ante las Naciones Unidas el 23 de septiembre.

El segundo líder que se citó fue el Papa Pío XI, en su discurso ante Wall Street después del crac de 1929. Las citas eran de una encíclica de 1931 que llamaba a la gobernancia económica de “corporaciones” al estilo asociaciones de industrialistas, de trabajadores, entre otras, supervisadas por una “magistratura especial” de funcionarios de principios morales, rectos y coherentes.

La excesiva aprensión de Europa con respecto a las finanzas es una curiosidad histórica. También es una buena guía de las políticas futuras que puedan atraer votantes en el Viejo Continente. Y estas cuestiones de instinto y teoría son importantes por otra razón: muestran una clara división entre los europeos y los estadounidenses.

En realidad el capitalismo se practica de manera similar en ambas márgenes del Atlántico. Pero en gran parte de Europa, sigue siendo fácil ganarse el aplauso con discursos sobre Estados Unidos como el país donde reina “la ley de la selva”.

En verdad, la economía estadounidense está sumamente regulada e irrigada por torrentes de dinero público. Y si no piense en los lobistas de Washington DC: en la selva no se necesitan los lobistas. Estados Unidos también gasta mucho dinero en activos públicos como la educación, y la salud, si bien de manera diferente.

Un nuevo artículo del gobierno francés sobre el modelo social europeo señala que, una vez que se suma el seguro de salud de las compañías, el “gasto social” neto de Estados Unidos está al mismo nivel que el de  muchos países de la Unión Europa, de aproximadamente un cuarto del PIB.

La globlalización es un tema divisivo tanto en Estados Unidos como en Europa. En una encuesta de 2007 sobre las actitudes ante la globalización realizada por America’s Pew Foundation, casi la misma cantidad de encuestados estadounidense y franceses definieron como buena la presencia de compañías extranjeras en su país (un poco menos de la mitad de los encuestados).

En España, Suecia, Gran Bretaña y el ex bloque comunista, el entusiasmo por las inversiones extranjeras superó al de Estados Unidos.

Y los europeos de centro izquierda no están festejando la nacionalización de los bancos estadounidense. Europa es capitalista. Es cierto, ha habido quienes se alegran de la desgracia ajena, del modelo ultra liberal o Anglosajón.

Pero también hay mucho malestar porque los contribuyentes tienen que pagar  miles de millones para que se controle a los empresarios caprichosos. Según, Joaquín Almunia, comisario de economía de la Unión Europea, se deben tomar medidas para evitar los riesgos sistémicos, pero "los socialistas como yo estamos en contra del socialismo financiero”.

Una cuestión de actitud

Sin embargo, cuando se trata de instintos, surgen tres diferencias: las actitudes frente al riesgo, frente al estado, y hacia las ganancias como motivación. El documento francés dice que el modelo social europeo se "caracteriza por un alta nivel de protección de su gente contra los caprichos de la vida".

Esto no es una meta de política con mucha resonancia en Estados Unidos, donde el ganar o perder son parte de la vida y la sociedad es tolerante con los que han logrado las dos cosas —como por ejemplo, los empresarios exitosos con una historia de bancarrota en sus espaldas.

El documento refleja también una visión de Europa Occidental. Las prestaciones por desempleo son mayores en Europa occidental que en Estados Unidos, y pueden durar (mucho) más tiempo. Pero en Europa Oriental el estado benefactor es a menudo más mezquino

La confianza en el estado es también mayor en Europa Occidental que en Estados Unidos o en países del ex bloque comunista, donde los servicios públicos estuvieron a punto de colapsar a principio de los noventa.

Una investigación del gobierno holandés halló que los europeos del este están de acuerdo con la idea de pensiones privadas. Por el contrario, los europeos occidentales, confían en el gobierno como proveedor para su vejez.

El lenguaje puede ser sumamente revelador. La prensa europea ha escrito mucho sobre el hecho de que Estados Unidos está usando al ‘estado’ para salvar a AIG y a otras empresas. En cambio, los estadounidenses hablan del rescate del ‘gobierno’. Y es diferente.

En lugares como Francia, el estado es el Estado, dirigido por una elite burocrática que reivindica la sabiduría desinteresada. El gobierno estadounidense no reivindica tener el monopolio de la sabiduría cuando sale al rescate de los mercados; es solo que en momentos difíciles es la única parte del sistema que tiene dinero.

Entre los funcionarios de los países franco-parlantes, una palabra muy usada es un término difícil de traducir: el verbo maîtriser, que significa tener bajo control. Es larga la lista de actividades que necesitan del control oficial.

Carlomagno recuerda que se le informaba que los funcionarios –y no el mercado—debía determinar dónde localizar las granjas productoras de lácteos (en Francia). Dónde plantar viñedos (en Luxemburgo) y cuándo se debían abrir los negocios (en Bélgica). Considerando esto, la vida europea está mucho menos regulada ahora que hace 20 años. Hasta Francia está cambiando con Sarkozy.

Quizás la diferencia más grande sea la motivación de las ganancias. Si usted observa los debates europeos sobre la privatización, por ejemplo, verá que muchos opositores argumentan que operar un servicio para que de ganancias es un castigo para los trabajadores, los consumidores o ambos.

En pocas palabras, hay muchos europeos que todavía creen instintivamente que el capitalismo es un juego de suma cero, en el cual si una compañía obtiene ganancias es porque está explotando a alguien. Esto está lejos de la realidad de los estadounidenses.

Los líderes europeos no tienen problemas con las ganancias, ni con quienes las obtienen. Pero muchos de los electores a quienes tienen que responder se muestran reacios a las ideas capitalistas.

El llamado de Sarkozy a hacer que las altas finanzas sean morales tiene bases sólidas. Cuando el manejo de la crisis se convierta en un debate sobre la nueva regulación, los estadounidenses y europeos partirán de lugares diferentes.   

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