El rescate de EU: un plan confuso

Las autoridades federales proponen más iniciativas para combatir la crisis crediticia; el mercado espera de Washington dos cosas: claridad y liderazgo.
Los actores económicos de EU echan mano de todas las herrami
Colin Barr
NUEVA YORK -

Al margen de la ley de rescate hipotecario, los legisladores estadounidenses buscan otras alternativas para abrirse camino a través de la crisis crediticia. 

Desafortunadamente, es poco claro que puedan usar su influencia de manera sabia, o al menos efectiva.

Si alguna lección nos queda tras las intervenciones gubernamentales es que el estado de sitio que bloquea a los mercados crediticios no se levantará hasta que los inversionistas y los contribuyentes entiendan que la estrategia de Washington va más allá de emitir cheques en blanco.  

“Todo lo que Washington quiere hacer es lanzar dinero. Necesitamos que alguien diseñe un plan tangible” declara Robert Lutts, jefe de inversiones en Cabot Money Management.

Muchas herramientas, pero ningún plan

La caja de herramientas para atacar la debacle financiera crece cada día más. El Senado de EU planea incluir a la ley del rescate una nueva disposición que aumentaría el tope establecido por el fondo federal de protección a los depósitos bancarios, elevándolo de 100,000 dólares a 250,000 dls.

Mientras tanto, organismos de control y autoridades reguladoras se han reunido para esclarecer con mayor detalle las reglas para valuar activos (contabilidad mark-to-market). Esas reglas de ajuste de mercado han sido consideradas, en algunos círculos, como las culpables de intensificar los problemas del sector financiero, pues han propiciado que algunas compañías amorticen o reduzcan el valor de los préstamos, incluidas aquellas que tenían un buen historial de pago.

Estas no son las únicas opciones exploradas para limitar el daño del sistema bancario. El gobierno de EU podría también comprar acciones preferenciales de instituciones en problemas, crear créditos fiscales para la compra de viviendas o incluso rebajar aún más las tasas de interés, con el objetivo de ayudar a los bancos a sanear sus hojas de balance.

Pero reciclar viejas tácticas o idear nuevas y simplemente decir “confíen en nosotros” no servirá para restaurar la confianza de inversionistas y contribuyentes. La actitud de Washington debe ser más realista que el plan propuesto por el secretario del Tesoro para comprar activos tóxicos por 700,000 mdd.

El plan Paulson ha enfrentado duras críticas debido, en parte, a que el secretario del Tesoro propuso que esta compra de activos -financiada con dinero del contribuyente- debía estar exenta del escrutinio legislativo o judicial. Sin embargo, el plan que los legisladores ofrecieron como alternativa es poco transparente en relación a cómo se gastará ese dinero, o cómo Henry Paulson manejará los posibles conflictos de interés inherentes al hecho de comprar activos ilíquidos (aquellos de difícil venta) de firmas insolventes.

A pesar de los defectos del plan Paulson, pocos líderes políticos han arrojado alguna luz sobre cómo solucionar los problemas financieros que aquejan al país, advierte Simon Johnson, miembro del Peterson Institute for International Economics y profesor del MIT.

Según Jonson, ni John McCain ni Barack Obama aprovecharon la oportunidad que les dio la plataforma del debate para exponer la manera en que sacarían a EU del pantano crediticio. Ambos candidatos recientemente se han declarado a favor de elevar el límite para los depósitos protegidos por el fondo federal, pero Johnson considera que esa medida es demasiado simple y deja muchas cuestiones sin resolver.

Entre esas cuestiones está el uso que le darían los candidatos al dinero del contribuyente para recapitalizar el sistema bancario, y cuál es su postura en torno a las medidas destinadas a paliar la desaceleración del gasto del consumidor (si aplicarían nuevos paquetes de estímulo económico, por ejemplo).

Mientras tanto, los inversionistas siguen frustrados porque los legisladores no han sabido explicar los principios que guiarán su intervención en los mercados financieros. Luego de un mes marcado por las quiebras de Lehman Brothers y Washington Mutual, la nacionalización de AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, y la venta de Wachovia y Merrill Lynch, aún no está claro cuáles firmas serán ayudadas por el gobierno y cuáles no.

La actitud que el gobierno ha asumido hasta hoy -respaldando al banco de inversión Bear Stearns y, por otro lado, dejando que Lehman Brothers fuera a la quiebra sin dar ninguna explicación- tendrá que fijarse antes de que el flujo de fondos vuelva a circular hacia las firmas financieras.

La desaparición de Lehman y de Washington Mutual (la mayor entidad de ahorros del país), dejaron a accionistas y acreedores con las manos vacías, y la situación del mercado crediticio muestra que los prestamistas no quieren repetir errores. Si los bancos siguen acaparando el dinero en lugar de prestarlo, la ya estrangulada economía estadounidense se ralentizará aún más.

“La actual crisis estalló luego de que los legisladores de EU siguieran políticas inconsistentes ante la quiebra de los bancos. Y terminará cuando se establezca una línea divisoria entre aquellas instituciones que permanecerán y aquellas que deberán desaparecer” dijo el economista de Merrill Lynch Alex Patelis

Antes que nada, entonces, alguien tendrá que marcar esa línea.

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