Los estadounidenses comienzan a ahorrar

Tras décadas de endeudarse y gastar buena parte de sus ingresos, EU toma el camino correcto; sin embargo, el ahorro tendrá un efecto negativo sobre la industria de bienes de consumo.
La clave es fomentar el crédito razonado y prudente. (Archiv
Colin Barr
NUEVA YORK -

Pese a las negras expectativas para los próximos tres o cuatro trimestres, la economía estadounidense parece estar viviendo un cambio alentador: sus habitantes, que por décadas se han dedicado a endeudarse y gastar buena parte de sus ingresos, están comenzando a ahorrar.

La tasa de ahorro personal, que mide el monto de los ingresos personales que no se gastan, aumentó casi un 3% en el segundo trimestre del 2008 tras haber estado por debajo del 1% durante cuatro años.

Aunque la cifra parezca pequeña comparada con el ahorro en países como Alemania y Japón (donde las personas reservan el 10% de sus salarios), este hecho tiene enormes implicaciones para la salud de la economía norteamericana. 

Un mayor ahorro doméstico es bueno a largo plazo, pues crea un fondo del que pueden tomar prestado las empresas para invertir en nuevos equipos e instalaciones, creando empleos que a la larga mejoran la calidad de vida. Un creciente ahorro también puede reducir la necesidad de EU de pedir prestado al exterior, disminuyendo la dependencia en acreedores extranjeros que actualmente proveen al país de miles de millones de dólares. 

Desafortunadamente, esta virtud recién descubierta por los estadounidenses tiene su lado negativo: ahorrar más significa gastar menos, lo que se traduce en un trago amargo para el sector de la venta al por menor y otras empresas que dependen directamente del consumo, como la industria automotriz.

Si consideramos que el gasto de consumo representa dos terceras partes de la actividad económica de EU, el ahorro agudizará la desaceleración y debilitará el impacto que la  intervención gubernamental tenga sobre los mercados financieros.

“El programa del gobierno es un medio para alcanzar un fin. La clave es fomentar el crédito razonado y prudente” comenta el economista Stuart Hoffman en relación a la decisión del Departamento del Tesoro de inyectar capital a diversos bancos -como Citi, JPMorgan Chase y Bank of America-.

Pero la pregunta importante aquí es ¿a quién le van a prestar los bancos? Es decir, dotar a los bancos de capital no garantiza que haya créditos, especialmente ahora que las empresas y los consumidores intentan reducir su deuda.

William Cline, miembro del Peterson Institute for International Economics, indica que el bajo ahorro en EU durante estas dos últimas décadas se vio acompañado por un importante incremento en las tasas de los préstamos bancarios.

Según Clide, el crecimiento del crédito bancario -que en los 90’s promediaba un 6.5%- se disparó a un 12% entre 2003 y 2007. Y por otro lado, la tasa de ahorro personal fue negativa en el 2005 (año en que la burbuja inmobiliaria estaba en pleno apogeo), muy lejos del 7% que se ahorraba en los 90’s.

“Ahora estamos en camino de volver al ahorro” afirma Clide, y añade que el gasto de las familias se reducirá debido al escaso crédito disponible y la caída en los precios de la vivienda. Menos gasto significa mayor presión para las empresas que venden productos de consumo, sea GM, Ford o Macy’s, que ya han visto caer sus ventas y ganancias.

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