Líderes del G20 prometen no agredirse

Los países se comprometieron a usar la política fiscal y recortar tasas de interés contra la cr también hubo un pedido para reformar el FMI y el Foro de Estabilidad Financiera.
Los líderes de la reunión acordaron reformar el sistema econ  (Foto: )
WASHINGTON (CNN) -

El encuentro del G20 definitivamente no fue un Bretton Woods II, pero al menos los líderes mundiales hicieron una importante demostración de unidad en su cumbre para enfrentar la recesión.

Los jefes de Estado alcanzaron este objetivo con sus promesas de reformar el orden económico global y de mantener firmemente el libre comercio.

Viejos rivales de la Guerra Fría de Occidente y el Este ex comunista vincularon públicamente sus fortunas económicas el sábado y se dieron un plazo hasta abril para definir reformas concretas.

"El valor real de juntar a estos países es decir que no se harán ningún daño, en lugar de decir que harán algo por el bien colectivo", dijo Raghuram Rajan, un ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional.

Los líderes se comprometieron a usar la política fiscal, además de recortes de tasas de interés en los países que todavía tenían espacio para aliviar la política monetaria, a fin de contrarrestar la desaceleración global más aguda en décadas.

Su encuentro, que reunió a los líderes del Grupo de los 20 países industrializados y en vías de desarrollo por primera vez, evocó la cumbre de Bretton Woods, New Hampshire, en 1944, donde se crearon el FMI, el Banco Mundial y un sistema cambiario atado al dólar.

El anfitrión, el presidente estadounidense George W. Bush, dijo a los periodistas que no estaba seguro si la cumbre ganaría un lugar parecido en la historia pero enfatizó que tenía menos ambiciones, como un primer paso improvisado para lograr cambios de largo plazo.

Entre los pocos compromisos sólidos alcanzados se encontraba la prohibición de elevar barreras comerciales proteccionistas por 12 meses y acordar hacia fines de diciembre sobre la largamente aplazada Ronda de Doha de conversaciones de la Organización Mundial del Comercio.

También hubo un cronograma de tareas, centrado fuertemente en resolver cuestiones de contabilidad y regulación, que los líderes prometieron completar para fines de marzo.

Los jefes de Estado planean otra cumbre en abril, para cuando el presidente electo, Barack Obama, ya habrá asumido, reemplazando a Bush en la Casa Blanca.

Vaguedad

Los críticos inevitablemente se enfocaron en la falta de propuestas concretas como evidencia de que no se logró nada sustancial.

"No hay coordinación en el plano fiscal, las promesas hechas a los mercados emergentes son vagas y a pesar de que hay una declaración clara sobre la protección y los subsidios a las exportaciones, no hay ningún mecanismo de vigilancia o de aplicación", escribió Dani Rodrik, un profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

Otros decían que sus expectativas eran muy bajas para el evento, pero igualmente expresaron frustración porque no estuvo a la altura de la seria tarea en cuestión.

"El G20 es un organismo tan difícil de manejar que cualquier cosa que no se acuerde de antemano, nunca va a realizarse", dijo Kenneth Rogoff, profesor de Economía de Harvard.

"La economía mundial está desplomándose (...) esto (la cumbre) no ayudó mucho", dijo Rogoff, antecesor de Rajan como economista jefe del FMI.

Los líderes sí aceptaron en general los errores de política que habían contribuido a la crisis pero se abstuvieron de alzar el dedo acusador contra Estados Unidos, donde el colapso del mercado inmobiliario desató el racionamiento global del crédito.

También hubo un pedido para reformar el FMI y el Foro de Estabilidad Financiera para que las economías emergentes tengan mayor voz y el Fondo tenga más influencia a fin de vigilar el sistema financiero mundial. El tiempo dirá si esto rendirá frutos.

Tampoco se dispuso nuevo financiamiento para el FMI, más allá de una oferta unilateral de Japón para prestarle 100,000 millones de dólares.

Arabia Saudita, que había sido objeto de un fuerte cabildeo de parte del primer ministro británico Gordon Brown para que usara su riqueza petrolera a fin de aumentar los recursos del Fondo, dijo que no había viajado a Washington para pagar la cuenta.

 

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