La crisis será larga y complicada: Aspe

El ex secretario de Hacienda de México analiza el “lío” en el que están metidos los estadounide afirma que el Departamento del Tesoro globalizó el problema y lo esparció a todos los sectores.
Pasé seis o siete crisis en los últimos 25 años, dijo Aspe.
Universia Knowledge@Wharton

Los estadounidenses —por lo menos los nacidos después de la Gran Depresión— no están muy acostumbrados a enfrentarse con los pánicos financieros. No se puede decir lo mismo de su vecino del sur, México, cuya economía emergente fue objeto de terribles sacudidas a principios de la década de los 90, es decir, no hace mucho tiempo.

“Siempre estamos metidos en algún lío”, bromeó Pedro Aspe, ex secretario de Hacienda de México desde 1988 a 1994, en una reciente charla durante el Congreso sobre Liderazgo de Wharton. Por tanto, “sabemos evaluar una buen lío. En los últimos 25 años de mi vida, pasé por seis o siete crisis, algunas de ellas creadas incluso por mí, por eso creo que he aprendido algunas cosas”. Hoy, dijo él, “son los americanos los que están en un lío”, y la recesión, predijo Aspe, “será más larga y más complicada” de lo imaginado en un primer momento.

Economista, con un doctorado del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, en sus siglas en inglés) y miembro del consejo de administración de McGraw-Hill, la editorial de libros estadounidense dueña de Standard & Poors, Aspe habló detalladamente sobre la situación económica mundial antes de abordar brevemente uno de sus iniciativas empresariales: una compañía aérea mexicana de bajo costo.

En busca de un apartamento en Miami

De acuerdo con Aspe, el tumulto por el que pasa la economía actualmente se puede atribuir a dos procesos de liberalización: el primero de ellos transformó el mercado hipotecario; el otro, hizo lo mismo en relación a los bancos de inversión. En el mercado residencial americano, “todo el mundo creía que los bienes inmuebles estaban en franco crecimiento, pero ese crecimiento no se sostuvo”. Pasado algún tiempo, el mercado se desmoronó.

Aspe vivió una experiencia directa con el mercado inmobiliario americano en 2005, durante un fin de semana que pasó en Miami con su esposa y tres amigas. Un sábado por la mañana, “una de las señoras que nos acompañaban me dijo: ‘Usted entiende algo de finanzas, ¿no es verdad?’ Yo respondí: ‘Bien, se supone que sí’. Entonces ella dijo: ‘Voy a comprar un apartamento y me gustaría que usted me aconsejara”.

Aspe intentó explicar a la mujer que su campo de especialización no era “útil” en este caso, pero estuvo de acuerdo en acompañar a las cuatro señoras que habían fijado una reunión con un vendedor. Según Aspe, el vendedor dijo: “Mi objetivo es, como mínimo, venderles dos apartamentos. Por lo tanto, estoy dispuesto a pedir una entrada del 2%, en lugar del 30%”. ¿Pero ellas tenían ese dinero? No. El vendedor les preguntó entonces que cuánto tenían. “Una de las mujeres dijo: ‘5,000 dólares’. El hombre respondió: ‘Vendido’. Ella dio el 2% de entrada, y para eso bastó entregar la tarjeta de crédito al vendedor que se la devolvió enseguida. El apartamento ya era suyo”, dijo Aspe.

Todos volvieron al hotel. En aquella ocasión, Aspe se acuerda de haber pensado lo siguiente: “Los americanos están realmente locos. Están vendiendo apartamentos con una entrada del 2% en una región en la que los precios van a subir un 15% al año”. Cuando volvió a México, decidió seguir la evolución de aquel negocio. En los tres primeros años, el apartamento se revalorizó de una manera excepcional, según lo esperado. Después, tan rápidamente como fue pasar la tarjeta de crédito por la máquina, la situación cambió. “¿Qué sucede en EU cuando alguien compra una casa con sólo un 2% de entrada?”, se preguntó Aspe. “Si el precio cayese más del 2%, ¿qué haría? Devuelve el apartamento. Eso es exactamente lo que está pasando”.

Como era de esperar, los bancos consolidados se comportaban con la misma negligencia. Volviendo a la liberalización del sector bancario —donde trabajaban las mismas personas que ponen el dinero para los apartamentos con una entrada del 2%— Aspe enseñó un gráfico que mostraba en qué medida empresas como Deutsche Bank, UBS y Stearns se habían apalancado. A continuación, describió lo que consideraba una reacción totalmente equivocada de sus ex-compañeros de la burocracia financiera americana en el momento en que las instituciones financieras comenzaron a flaquear. “¿Qué tienen en común los trabajadores públicos del ministerio del Tesoro de Kazajistán, Guatemala, Alemania, EU, Rusia y México? Sabemos que los bancos pueden caer, pero nadie nunca solicita la suspensión de pagos [...] ¿Y por qué no? Porque existe una cosa llamada préstamo interbancario”.

La disposición de los bancos a prestarse entre ellos es la base de la confianza de cualquier sistema financiero, una confianza que se rompe en el momento en que un gran banco entra en crisis y nadie viene en su auxilio, dijo Aspe. “El secretario del Tesoro americano decidió innovar”, satirizó, al consentir la suspensión de pagos de Lehman. La tasa LIBOR (London Interbank Offered Rate, tasa de interés que sirve de medida para los préstamos interbancarios en el mercado londinense) se disparó dando lugar a la crisis. “A propósito, fue una salida muy creativa. Ellos globalizaron el problema esparciéndolo por todas partes y por todos los sectores”. El Gobierno intentó remediar la situación recortando las tasas de interés, pero no consiguió bajar las tasas de interés de las hipotecas de 30 años, dijo Aspe.

Su casa y su jubilación

A la espera de otras soluciones posibles, se creía que Washington tendría un déficit público de entre el 4% al 5%, según Aspe. Pero un nuevo Gobierno que planea recortar impuestos a la clase media y habla de grandes inversiones en infraestructura para estimular la economía, podrá elevar drásticamente ese porcentaje. “Por tanto, EU tendrá un problema de deuda”, dijo. Aunque esté de acuerdo en que no se deba elevar impuestos en periodos de recesión, “hay un costo. Será muy interesante oír qué dirá el FMI a EU, pero creo que no van a decir muchas cosas”. Otro factor que complicará el futuro de la economía americana es el fortalecimiento del dólar, ya que su revalorización encarece las exportaciones, acentúa la recesión, afectando también a Europa y Japón, y provoca la desaceleración de las economías de India y China.

En crisis pasadas, dijo Aspe, el Gobierno intervino inicialmente y después confió en el gasto del consumidor para sacar al país de la recesión. La situación actual, sin embargo, dijo él, es diferente porque los bienes inmuebles están en el epicentro del problema. Para el consumidor medio americano, su patrimonio neto se resume en dos cosas: el valor de su casa y de su plan de jubilación. Ambos han sido golpeados severamente. “Cuando se tiene un efecto de riqueza negativo durante dos años consecutivos, ¿usted cree que el consumidor va a pensar en cambiar de coche?” Los fabricantes de Detroit, dijo Aspe, rebajaron sus proyecciones de 17 millones en ventas anuales a 12 millones este año, y prevén ventas de 10 millones de vehículos al año después de eso. “No creo que, esta vez, el consumidor pueda ayudar a la economía americana a recuperarse. Está sobrecargado de deudas [...] La ayuda tendrá que venir de las inversiones corporativas y del programa de infraestructuras que el presidente electo, Obama, prometió”.

Ambos tipos de gastos, está claro, corresponden a un porcentaje mucho menor de la economía como un todo si lo comparamos con el gasto del consumidor. Preguntaron a Aspe si él creía que algunas economías fuertes de América Latina, como la peruana y la panameña, permanecerían inmunes a la crisis. Él dijo que no creía que alguien pudiera estar inmune en una economía globalizada. A México, por ejemplo, le está afectando mucho, ya que las siete principales fuentes de ingresos externos —petróleo, piezas de automóviles, remesas de dinero de mexicanos que trabajan en EU, entre otras— están todas en una situación complicada. Lo mismo, sin embargo, se aplica a Brasil, un país mucho menos ligado a los altibajos de América del Norte. “Los brasileños dicen que son diferentes, que no exportan tanto a EU, y sí a Europa. Lamento informar que Europa entró en recesión mucho antes que EU”.

Aspe, sin embargo, no prevé ninguna gran ofensiva filosófica contra la economía de mercado moderna. Por el contrario, dijo que se debía prestar atención al tipo de técnicas regulatorias que los gobiernos usarán ahora que la crisis ha sacado a relucir los actuales agujeros del sistema. Citó el ejemplo de Chile, donde se lanzaron dos campañas regulatorias diferentes. La primera fue un fracaso colosal. La segunda colocó a la economía chilena por delante del resto de las economías latinoamericanas. “No se trata de un conflicto entre economías marxistas y economías de mercado”, dijo él. “Se trata de buena desregulación frente a una mala desregulación”.

Lo mismo vale para los planes de emergencia. Aspe predijo que sería difícil para Washington, después de socorrer a AIG, decir que no a iconos nacionales como los fabricantes de automóviles de Detroit. Se encuentran en una situación más que lamentable. Cuando compramos un Toyota o un Honda, y no un Chevrolet, nadie puede tacharnos de locos [...] Si el Gobierno usa el dinero como una especie de limosna, ¿van a mejorar las cosas?”

Aspe concluyó su charla hablando sobre algunos casos en los que participó tanto dentro como fuera del Gobierno. Actualmente, un elemento importante en su carrera profesional es Volaris, una compañía aérea de bajo costo que cuenta con 20 aeronaves y que ya comienza a competir con las dos grandes empresas aéreas tradicionales de México, y que se ha unido a Southwest Airlines, de EU, y WestJet de Canadá, para transportar pasajeros por toda América del Norte. “Es difícil competir con los grandes, pero es divertido”, dijo Aspe. Algunas de las innovaciones de su empresa: contratos de trabajo que premian a los trabajadores que carguen y que descarguen rápidamente los aviones, pero los penaliza también por un servicio más lento. El contrato prevé que los aviones de Volaris se carguen y descarguen en 27 minutos.

Aspe, consejero delegado del banco de inversión especializada Protego Asesores Financieros y presidente adjunto del banco de inversión Evercore Partners, insistió además al público de estudiantes del área de negocios en que vieran de forma positiva su salida de la torre de marfil donde se encuentran rumbo a una economía en recesión. “Creo que es algo fantástico entrar en escena en medio de un año de turbulencias, porque las inversiones que ustedes podrán hacer serán muy interesantes”, dijo. “Ese es el momento ideal para el sector de private equity”.

Aspe también predijo que, a pesar de la retórica de campaña, Washington no dará la espalda al libre mercado con México y otros países. Él estaba en el Gobierno cuando Bill Clinton fue elegido en 1992, después de una campaña en que se lanzaban mensajes igualmente heterogéneos sobre el comercio. El equipo de Aspe estaba muy preocupado antes de la primera reunión con los negociadores del Gobierno Clinton, en la que se discutirían los acuerdos del Nafta. “Yo estaba aterrado”, dijo. Entonces percibió que el hombre del otro lado de la mesa era Lloyd Bentsen, un viejo amigo con el que practicó la caza y la pesca. Las negociaciones no presentaron grandes dificultades. EU, dijo Aspe, “fue muy inteligente, porque usó el libre comercio para hacer crecer y expandir su economía”.

El artículo fue publicado originalmente por la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania.

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