EU se vuelve laboratorio anticrisis

El sistema financiero estadounidense prueba políticas otrora imposibles en la meca del capitalismo; la incertidumbre de la economía global reduce los consensos aun entre los más avezados.
El FMI prevé ajustar a la baja en enero su proyección de cre
WASHINGTON (Notimex) -

La actual crisis financiera global ha probado ser de alcances inimaginables y con una volatilidad tal, que tomó por sorpresa a las ramas de la economía más avezadas en la materia, como la industria automotriz.

El comportamiento de esta crisis ha sido tan errático y su impacto tan profundo, que ha superado cualquier proyección, y colocado a expertos y a gobiernos en una complicada situación en la que nadie parece tener idea de cual será el siguiente obstáculo.

La incertidumbre imperante quedó de relieve una vez más cuando el subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) John Lipsky, anunció un ajuste más a la baja de sus proyecciones de crecimiento de la economía mundial para 2009.

"Parece probable que reduciremos notablemente nuestra proyección de crecimiento en la actualización de enero del Panorama Económico Mundial", dijo el directivo durante una intervención publica en Nueva York.

Apenas el mes pasado el FMI había ajustado su proyección de crecimiento global para 2009 colocándola en 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), luego de que en octubre anterior anticipó que la economía del mundo crecería tres por ciento ese año.

Se trató de un contraste con el crecimiento de 0.9 por ciento proyectado semanas atrás por el Banco Mundial también para 2009, además de que anticipó que el comercio internacional podría contraerse por primera vez en dos décadas.

El BM apuntó de igual forma que la crisis pone a prueba como nunca a los sistemas bancarios del mundo, y amenaza con generar mayor desempleo global.

Esa amenaza se ha materializado ya con fuerza en Estados Unidos, donde 1.9 millones de personas han perdido sus empleos durante los últimos 11 meses, de los cuales más de una cuarta parte fueron despedidos durante noviembre.

Estados Unidos, el epicentro de esta crisis, ha transformando su sistema financiero en una suerte de laboratorio por las políticas con las que el gobierno ha buscado enfrentarla, algunas nunca antes concebidas como posibles en la meca del capitalismo.

Sin embargo, hasta ahora la inyección de fondos en bancos, instituciones financieras e hipotecarias parece haber hecho poco para detener la caída libre de la economía, que semanas atrás fue declarada oficialmente en recesión.

Aunque el FMI proyectó en su ultima actualización el inicio gradual de la recuperación a partir de la segunda mitad del 2009, la nueva revisión anticipada por Lipsky sugiere que ese plazo podría también modificarse.

En su ultima actualización, el FMI dijo que si bien las políticas adoptadas por algunos países han permitido contener los riesgos, "existen muchas razones para permanecer preocupados sobre el potencial impacto de la crisis financiera en la actividad económica".

Para las autoridades estadunidenses las preocupaciones parecen estar a la vuelta de la esquina.

El prospecto de la bancarrota de la Chrysler, Ford Motor Company y la General Motors ha avivado los temores de mayor desempleo, caída más pronunciada de la productividad y prolongada recesión.

La víspera Chrysler anunció la suspensión de sus operaciones por un mes, mientras que Ford hará lo mismo en 10 plantas de ensamblaje, aunque solo durante una semana, en enero próximo.

Harry Reid, el líder de la mayoría demócrata en el Senado estadunidense puso de relieve el impacto que tendría para el país que tales bancarrotas se materialicen, e hizo un nuevo llamado para la aprobación del paquete de rescate para esa industria.

"Nuestra golpeada economía simplemente no puede arriesgarse al cierre de más plantas; a cantidades más altas de desempleados; o la quiebra de estas compañías, lo que nos hundiría más en esta miserable recesión", dijo.

Sin embargo, con todo, no parece existir un consenso sobre la fórmula para hacer frente a esta crisis.

El propio Lipsky declaró días atrás que aunque los programas de estímulo presupuestario constituyen una herramienta apropiada para contrarrestar los efectos de la crisis, la receta no es para todo los países.
Precisó que la respuesta presupuestaria "puede no ser aconsejable en países con enormes vulnerabilidades".

Sin embargo, tanto el FMI como el BM se han pronunciado a favor de la implementación de políticas de estímulo presupuestal para hacer frente a la crisis.

Por su parte, Dominique Strauss-Khan, director gerente del FMI ha indicado que la insuficiencia de las políticas monetarias y comerciales hacen necesario una rango de acción más amplio por parte de los gobiernos de los países afectados.

"Nosotros hemos venido diciendo por meses que también se deben utilizar las políticas presupuestales", declaró.

Strauss-Khan hizo notar que las bajas tasas de inflación que se registran en la mayoría del mundo, hacen que la adopción de ese tipo de medidas no presenten mayores riesgos.

"Si hay un tiempo en la historia moderna donde las políticas presupuestales y de estímulo fiscal deben ser empleadas, es ahora", indicó.

El Presidente del Banco Mundial Robert Zoellick ha hecho eco de esta posición, en particular después de la decisión del gobierno de China de inyectar 150 mil millones de dólares para estimular su economía.

Zoellick destacó en particular la necesidad de que en las acciones para hacer frente a la crisis, los países ricos trabajan hombro con hombro con las naciones en desarrollo, que por primera vez en la historia han sido las menos golpeadas.

"No podremos resolver esta crisis o poner en pie una solución sostenida de largo plazo aceptando un mundo de dos niveles", advirtió.

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