La influenza y el presupuesto de salud

México enfrenta una epidemia de gripe porcina que ha llevado al sector público a endeudarse; los recientes acuerdos de financiamiento revelan que el presupuesto de salud no está bien planeado.
José Luis de la Cruz Gallegos*
CIUDAD DE MÉXICO -

Durante los últimos días México ha debido enfrentar un problema de salud pública denominada como influenza porcina. La magnitud del evento ha llevado a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitiera una alerta de nivel 5 para el país, en una escala que va del 1 al 6. El nivel 5 básicamente indica que el mundo está ante un inminente riesgo por la propagación del virus H1N1 de gripe porcina.

Según las normas de respuesta de la OMS ante una pandemia de gripe, existe alerta en fase 5 cuando ha habido contagio sostenido entre humanos en al menos dos países de una región. El nivel 6 es el estadio final de la escala y se declara cuando ya existe una pandemia, que es una epidemia mundial de una nueva y letal enfermedad.

Independientemente del camino que tome el nivel de contagio de la enfermedad, desde el punto de vista económico ya pueden desprenderse algunas observaciones. La primera de ellas es la necesidad que el sector público tiene de la deuda para enfrentar este tipo de problemas. 

De acuerdo con un comunicado emitido por la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el pasado 26 del presente mes, y "con el objeto  de que México esté en mejor posición para atender la contingencia relacionada con el brote de influenza porcina en el país, la SHCP y el Banco Mundial acordaron un financiamiento inmediato por 25 millones de dólares para la compra de medicamentos, suministros médicos y equipo epidemiológico".

En el mismo comunicado se cita el acuerdo sobre otro financiamiento "de rápido desembolso por 180 millones de dólares para la implementación de un espectro amplio de medidas estratégicas, institucionales y operativas", todo con el fin de poder enfrentar exitosamente la epidemia de influenza porcina.

La segunda acotación a realizar es en el sentido de que parte de  las medicinas, equipos médicos y aún algunos cubrebocas deben importarse, hecho que refleja la limitada capacidad productiva del país para generar dichos bienes tan necesarios  en la actual coyuntura.

El problema es  más grande cuando se recuerda que fue necesario enviar las muestras del virus al extranjero para terminar  su estudio y determinar que era un nuevo tipo de virus. En otras palabras, en la actual crisis de salud el sector público nacional respondió ante la contingencia, pero para ello debió buscar ayuda del exterior, desde el aspecto financiero, hasta el de la importación de bienes e investigación

Sin duda debe mencionarse que la atención a la población debe realizarse como prioridad, no es momento de mezquindad, la crisis de salud es una cuestión de bienestar social y de seguridad nacional, el punto aquí es ¿no cuenta el país con los recursos suficientes para enfrentar la actual crisis de salud pública? Cuando se recuerda que diariamente se subastan millones de dólares para apoyar el tipo de cambio y que se pagan cerca de 200 mil millones de pesos al año por el costo financiero de la deuda pareciera que algo no encaja del todo bien.

Las cifras del acuerdo con el Banco Mundial  representan alrededor de 2,800 millones de pesos (a un tipo de cambio de 14 pesos por dólar), mientras que el presupuesto autorizado en 2009 para el Ramo 12, el de la salud, tiene adjudicados más de 85 mil millones de pesos. Evidentemente la mayor parte de dichos recursos se encuentran comprometidos, principalmente al gasto corriente: 76,000 millones, el 89.5% del total.

Asociado a lo anterior, debe mencionarse que  dentro del gasto corriente los servicios personales no son el problema ya que solamente contabilizan 21.5 %.De igual manera materiales y suministros así como servicios generales constituyen un 14.5% del total.  Pero entonces la pregunta es ¿qué rubro suma la mayor parte del gasto corriente en el Ramo 12 (Salud)? La respuesta es el denominado como "Otros de Corriente": más de 45,000 millones de pesos, o el 53.5 % del presupuesto total  del ramo.

Por tanto es evidente la limitante que el gasto en salud tiene: la mayor parte del mismo se destina a un rubro que no tiene impacto en el largo plazo, que únicamente atiende la operación del sistema y que por lo tanto tiene escaso margen de acción ante epidemias o pandemias.

Debe tenerse algo claro, el sistema de salud en México tradicionalmente ha logrado eliminar serios problemas como el del sarampión, la poliomielitis, entre otros, y de igual manera tiene centros de excelencia como el Centro Médico siglo XXI, o el de la Raza, así como investigadores reconocidos mundialmente. En conjunto todo ello de alguna manera permite que la población pueda contar con acceso a un sistema de salud, es decir no se parte de cero.

Sin embargo, el problema de fondo es que ello constituye excepciones más que reglas, en donde las entidades pobres del sureste, por ejemplo, no cuentan con centros e investigadores de tal magnitud. En otras palabras hace falta aumentar la cobertura del sistema de salud preventiva, de atención a la población y obviamente de reacción ante epidemias y pandemias.

Para la consecución de lo anterior debe dedicarse un esfuerzo mayor tanto para  la investigación en el ramo como para la  inversión en infraestructura. Las cifras son claras y preocupantes, para 2009 únicamente se destinaran  7,200 millones de pesos  a inversión en infraestructura y 1,700 millones a inversión financiera, el 8.5 y 2% del gasto total respectivamente, mucho de ello para centros hospitalarios ya existentes.  

Pero ¿eso es mucho o poco? Como punto de referencia puede tomarse que el gasto social per cápita de México es inferior al promedio del realizado en América Latina: 618 dólares contra 658 para el bienio 2004-2005 de acuerdo a la CEPAL. Dicha cantidad lo ubica en el octavo lugar de la región, cuando por tamaño de la economía debería ser el segundo, solo atrás de Brasil. Si se quiere ser más estricto puede recordarse que hace unos días el Fondo Monetario Internacional colocó a México como la onceava economía mundial (cuando el PIB se mide ajustado por poder de paridad) por encima de España y Canadá. Evidentemente el gasto social mexicano no corresponde a dicha clasificación.

Cuando el gasto social se mide por tamaño del PIB la situación es todavía más preocupante ya que el promedio de la región es 15.9% mientras que el de México únicamente contabiliza 10.2%, hecho que lo ubica en el lugar 12 de la región. En particular el gasto público en salud  per cápita  realizado por México es de 153 dólares (base año 2000),  cuando el promedio ponderado de toda América Latina es de 141 dólares, es decir la nación se coloca apenas ligeramente por encima de un promedio que contempla a naciones más pobres. Finalmente puede indicarse que aún como proporción del PIB, el gasto en salud de México se encuentra lejos de otros países como Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Costa Rica o Cuba por citar algunos. Igualmente todo ello es evidente cuando se nota que para el mismo concepto México se encuentra por abajo del promedio simple o el promedio ponderado de América Latina, lo cual refleja el camino a emprender para solucionar este rezago social.

Por tanto, la ampliación del sistema de salud es una necesidad que va desde la aplicación de una cantidad  mayor de recursos hasta la mejora de su destino de gasto, dentro del cual la investigación y la infraestructura deben de ser prioritarias. En el primer punto la historia es clara: desde 1980 el gasto neto devengado por el sector público en salud promedia  0.4% como proporción del PIB. Si se toma en cuenta que el PIB real aumentó en promedio 2.6 % en dicho periodo, y la población  en un 1.5% puede entenderse que el gasto en salud en términos per cápita  prácticamente se ha incrementado marginalmente, principalmente por el lado del gasto corriente.

Las estadísticas disponibles de contabilidad nacional son congruentes con lo anterior, entre 2003 y 2006, el valor agregado bruto de los servicios de salud y de asistencia social se elevaron en 1.7 %, apenas algo más que el crecimiento de la población, algo derivado del escaso contenido de inversión y eficiencia que requiere el ejercicio de las finanzas públicas.

En consecuencia el actual problema de salud obliga a plantear la necesidad de contar con un sistema de salud eficiente, ya que ello forma parte del compromiso de bienestar social que el gobierno federal tiene con la población, esto conforma la base mínima de estabilidad social. La falta de cumplimiento de este compromiso impide pensar en que el país estará en capacidad de alcanzar metas superiores como una mayor competitividad, productividad, empleo y otros problemas económicos que la nación enfrenta.

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Por tanto la coyuntura nos debe llevar a entender que debemos resolver lo básico para de ahí  buscar objetivos superiores, de otra manera eventos lamentables como los de la influenza porcina lo único que demuestran es el desequilibrio que el sistema económico, social y político que México enfrenta.

*El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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