Microcréditos, la salvación de Haití

Mientras el país caribeño emerge de los escombros, los microcréditos ayudan a la devastada economía; los organismos especializados en microfinanzas cuentan con personal para áreas devastadas.
haiti-2-AP.jpg  (Foto: AP)
Neil deMause

Mientras Haití continúa emergiendo de los escombros, los microcréditos comenzarán a reconstruir la devastada economía del país.

"Los organismos internacionales se han centrado en proporcionar comida y refugio, pero nadie aún ha hablado sobre reanudar los negocios y que la gente comience a trabajar" señala Daniel Jean-Louis, profesor de las univerisades de Haiti y Quisqueya.

Encontrar trabajo en Haití nunca ha sido sencillo, antes del terremoto ya registraba un ingreso per cápita de menos de 2 dólares diarios y tasas de desempleo del 70%. Ello ha convertido al país en un semillero de iniciativas de microcrédito, que ofrecen capital y servicios bancarios en regiones empobrecidas.

Los microcréditos ganaron importancia luego de que Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen-especializado en micro préstamos-, ganara el premio Nobel de la Paz en 2006.

La isla ya ha tenido experiencias con los microcréditos, en 2008 una serie de huracanes inundaron gran parte del país y provocaron la muerte de 800 personas. Fonkoze, la organización  microfinanciera más grande del país, enfrentó una aniquilación económica, con 18,000 clientes que perdieron todo. Fonkoze extendió los préstamos ya existentes a un año sin intereses y otorgó nuevos créditos para reconstruir negocios y abrir nuevos. Para finales de año, casi el 85% de los prestatarios habían pagado sus deudas, según indica la CEO de Fonkoze Anne Hastings.

Tras el tsunami que azotó Indonesia, India, Tailandia y Sri Lanka, un estudio reveló que "decenas de miles de sobrevivientes no podían recuperarse porque carecían de capital, de una inversión tan pequeña como 50 dólares" explica Erin Connor, director de programa en la Fundación Grameen.

Los organismos especializados en microfinanzas suelen jugar un papel añadido en escenarios de desastre: ya cuentan con organizadores capacitados en las áreas devastadas. Por ejemplo, en 1998 cuando el huracán Mitch golpeó a Honduras y Nicaragua, "se cayeron los puentes y se destruyeron los caminos, las microfinancieras eran las únicas instituciones con estructura organizada en esas áreas rurales, y pudieron coordinarse con los grupos de emergencia" explica Alberto Solano, CEO regional de Grameen en América.

En el caso de Haití, Fonkoze (que atiende a 50,000 clientes) actúa, como otras microfinancieras, como un banco de facto. Una de las primeras medidas que tomó tras el terremoto fue convenir el envío de 4 millones de dólares en efectivo a Puerto Príncipe desde la cuenta bancaria que tenían en Nueva Jersey. Hoy, la organización tiene 38 bancos en Haití operando.

De subsidios a préstamos: La pregunta que se presenta ahora es cómo podrán operar los microcréditos en una economía que estará dominada en un futuro próximo por flujos de ayuda internacional.

Hoy se necesitan desesperadamente subsidios en efectivo para adquirir alimento, agua, atención sanitaria y reconstruir las viviendas. Pero los planeadores económicos no desean con ello menoscabar la cultura de pago de deudas y de emprendimiento que se ha construido en Haití en los últimos años.

"Si bien la intención es facilitar la transición de las donaciones al crédito, suele transmitir mensajes confusos. Los beneficiarios tienen poco incentivo para pagar un préstamo otorgado por la misma organización que previamente les había entregado donaciones" advierte Connor.

A pesar del riesgo, Fonkoze concederá subsidios a sus clientes para que reconstruyan sus casas, y para ello usará 1 millón de dólares obtenido de pagos y micro préstamos anteriores.

"Creemos que otorgarle un préstamo a una persona para que reanude su negocio no es la mejor decisión en este momento. Lo que han perdido es su techo" declara Anne Hastings.

Otra preocupación es el éxodo de residentes locales. "Hay millones de haitianos que se han ido, muchos de ellos a ciudades a 200 millas de distancia. Si pierdes participación de mercado pierdes demanda. Y no hay forma de que un negocio recupere el nivel de operación que tenía antes. Estás hablando de despidos, y la tasa de desempleo en Haití asciende al 80%" señala el consultor Jean-Louis.

Sin embargo, Hastings cree que la dispersión de la población capitalina puede ser una esperanza potencial para el desarrollo futuro del país. Es una oportunidad "para empezar de verdad a descentralizar, y así poder tener zonas económicamente viables más allá de Puerto Príncipe" añade.

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