Alan Greenspan contraataca

El ex presidente de la Fed aún cree que el modelo de autorregulación del mercado está vigente; defiende su gestión, reconoce algunas críticas y sigue con su mayor pasión: analizando información.
alan-greenspan-crisis-reserva-federal-fed  (Foto: Martin Schoeller)
Geoff Colvin

Cuando el Senado ratificó a regañadientes la presidencia de Ben Bernanke en la Reserva Federal (Fed) dos días antes de que terminara su plazo, sólo fue un sustituto para el hombre con quien 30 senadores estaban realmente molestos. "Sabía que continuaría el legado de Alan Greenspan, y tenía razón", dijo molesto Jim Bunning, republicano conservador del estado de Kentucky que votó en contra.

El furioso Bernie Sanders, del estado de Vermont y único socialista (aceptado) por el Congreso, recordó que públicamente el titular del banco central dijo "que quería seguir los pasos de Alan Greenspan. La filosofía del ex presidente de la Fed es un desastre". Jeff Merkley, demócrata del estado de Oregon, dijo que el recién ratificado funcionario de la entidad "ayudó a desencadenar los problemas que destruyeron nuestra economía". Cierto, sólo ayudó, y todos sabemos a quién ayudó.

La sabiduría convencional pocas veces atiende un tema que recae tan fuertemente en una sola persona (la tasa de interés de la Reserva Federal y las políticas reguladoras de 2002 a 2005). Se alega que Greenspan. Durante sus últimos cuatro años como presidente de la Fed, mantuvo las tasas demasiado bajas y las regulaciones muy tibias. El resultado fue la burbuja de las viviendas.

Su inevitable explosión ocasionó la peor crisis financiera en 80 años, fracasos bancarios en todo el país, la recesión más larga desde la Gran Depresión, altísimo desempleo y la miseria económica para millones de personas.

La gente y las instituciones normalmente están de acuerdo: de los editoriales del Boston Globe por la izquierda, hasta los de The Wall Street Journal por la derecha, cerebros del liberal Instituto de Estudios de Políticas y del conservador Cato Institute, economistas de Nóbel de economía como el keynesiano Paul Krugman y el racionalista Gary Becker, todos saben quién tiene la culpa del desastre en el que estamos. 4 años después de dejar la Reserva Federal como el banquero central más grandioso de la historia, el presidente de mayor tiempo, el Maestro; Greenspan se convirtió en el chivo expiatorio.

Al parecer, la única persona en Estados Unidos que no ha sopesado este asunto últimamente es él mismo. Durante el último año, mientras el desempleo creció y las críticas en su contra fueron aceptados, ha escrito poco y pocas veces ha hablado en público de este asunto, aunque ocasionalmente comenta sobre el estado actual de la economía.

Pero ¿qué piensa de este cambio de suerte? Él cree que las acusaciones que se le imputan son incorrectas. Lo que sorprende es la profundidad con la que analiza el debate. Estudia la información y confía en que saldrá victorioso. Vigila los hechos y presentará los análisis de las investigaciones de la información en un artículo de 12,000 palabras, pero no ha dicho cuándo.

Claro que no le gusta lo que le está pasando a su reputación, aunque parece muy seguro de que cuando la recesión termine, y la gente pueda ver el panorama objetivamente, estarán de acuerdo en que él no ocasionó la crisis y no la pudo haber prevenido. ¿Tendrá razón?

"Mi vida de negocios actual no ha cambiado desde 1948", dice Greenspan, refiriéndose al año en que se volvió economista de la Junta de Conferencias, trabajando antes como saxofonista en la banda de jazz de Henry Jerome. "Lo único que ha cambiado es mi empleador".

Su empleador ahora es él mismo. Está sentado en su costosa oficina oval con vista a Washington. Es un frío día de invierno, y su puesto es el de presidente de su compañía de consultoría: Greenspan Associates, con tres jóvenes asociados.

"La vida de negocios" a la cual se refiere se describe fácilmente: "estudiar la información y descifrar cómo funciona el mundo". Lo hizo hace mucho tiempo en la Junta de la Reserva, en ese entonces desde su despacho de consultoría Townsend-Greenspan, y en el consejo de Asesores Económicos del Consejo de Ford. Por 18 años lo hizo como presidente de la Reserva Federal, y aún lo hace.

Para entender cómo soporta los ataques a su reputación, es importante saber que el estudio de información es su pasión. De niño, en la ciudad de Nueva York, se volvió la enciclopedia estadística de los Yankees y hoy, a sus 83 años, puede decir el promedio de bateo de cualquier jugador de la alineación de 1936. Cuando era presidente de la Fed, con un equipo de 200 doctores en economía, aún dedicaba la mitad de su tiempo a investigaciones personales, obteniendo información por su cuenta.

Hoy dice tener menos juntas y pasa menos tiempo en asuntos poco inspiradores, como preparar sus testimonios ante el Congreso. Esto significa, por fortuna, que puede pasar más tiempo trabajando en sus proyectos frente a sus tres pantallas gigantes. Gran parte de su investigación se concentra en lo que hizo de 2002 a 2005, cuando lideró el banco central y donde sacrificó su reputación.

La versión más fuerte del caso en su contra proviene de su amigo John Taylor, de la Universidad de Stanford. Taylor trabajó para Townsend-Greenspan y colaboró con él asesorando a Ford.

Ellos siguen en contacto, y a veces Taylor visita a Greenspan en su oficina, pero escribió ensayos que intentan mostrar las malas guías de las acciones de la Reserva Federal bajo su mando, lo que ocasionó una desastrosa burbuja en las viviendas.   

El caso de Taylor, que ha sido copiado por muchos de los críticos del ex titular de la Fed, es una cadena de lógica: primero, la política de la Reserva Federal de 2002 a 2005 se alejó fuertemente de las exitosas políticas de los últimos 20 años. Durante la era dorada de la baja inflación, fuerte crecimiento y recesiones débiles, las decisiones sobre las tasas de la entidad siguieron la fórmula que el experto identificó en 1993, y que otros llaman "la regla de Taylor". Sus aportaciones son la tasa de inflación, la tasa de inflación objetivo, el crecimiento económico y la capacidad de producción de la economía.

Taylor mostró que desde 2002 la Reserva Federal se desvió de esa fórmula, manteniendo las tasas demasiado bajas por los estándares de su regla. El segundo eslabón es que la tasa de financiamiento del a Fed está correlacionada con los índices de las viviendas. Él demostró que cuando la tasa es baja, las viviendas comienzan a subir y viceversa.

El tercer eslabón es que si la Reserva Federal hubiera mantenido la regla de Taylor, el boom de la vivienda no hubiera ocurrido. Taylor aplicó su cadena a las tasas de financiamiento de la entidad central a su modelo de índices de casas y mostró que bajo dichas tasas, los índices apenas habrían excedido su nivel de finales de los 90. No habría habido boom ni explosión ni crisis financiera. Otros factores han contribuido a la crisis, pero las políticas de las tasas del banco central llegaron "hasta arriba".

Greenspan aprecia a Taylor pero no a sus análisis: "es un muy buen amigo, pero su evidencia no muestra que lo que alega es cierto". Alan Greenspan y sus defensores se defienden de él de muchas formas. No contradicen el hecho de que las políticas de la Fed se desviaron de la regla de Taylor en su punto más crítico, aunque a menor proporción de lo que el analista alega.

Insisten en que el segundo eslabón de la cadena, la correlación entre las tasas de los fondos de la Fed y el boom de las viviendas no pueden sostenerse en la economía actual. Robert Shiller, de la Universidad de Yale, autoridad en los precios de las viviendas, dice que el aumento en el sector comenzó en 1998, 4 años antes de que la institución aplicara la regla de Taylor.

Por muchos años, la tasa de financiamiento de la institución y las tasas hipotecarias subieron y bajaron a un ritmo casi fijo, pero desde 2002 esa correlación desapareció. Greenspan dice que "las tasas hipotecarias comenzaron a bajar 6 meses antes de que lo hicieran las tasas de la Reserva Federal".

Las tasas hipotecarias parecían flotar por sí mismas. ¿Por qué? La respuesta nos lleva a un elemento clave del caso de Greenspan para explicar por qué no es el malo del cuento: el banco central fijaba las tasas de Estados Unidos, pero la burbuja en las viviendas era global.

Un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra que 20 países atravesaron burbujas en el sector durante el período crítico, y 11 de ellas fueron peores que las de Estados Unidos como en Irlanda, Holanda y Gran Bretaña. Obviamente no tiene sentido, pues Greenspan alega que las decisiones de las tasas de la Reserva Federal inflaron los precios en todo el mundo, desde Suecia hasta Nueva Zelanda.

La tesis más lógica muestra, por otro lado, que lo ocurrido fue una superabundancia de ahorros a nivel mundial. Alega que cuando China y otros países cambiaron a economías más orientadas al mercado a principios de los 90, se volvieron más productivas y desencadenaron un tsunami de capital en los mercados del mundo.

Naturalmente, todo ese nuevo capital hizo bajar las tasas de interés a nivel mundial, así como las tasas hipotecarias se separaron de las tasas de los fondos de la Fed, y ocurrió el boom de las viviendas a nivel mundial.

John Taylor no acepta esa explicación por una sencilla razón: "actualmente no hay evidencia de una superabundancia de ahorros a nivel mundial". El dinero guardado a nivel mundial y la inversión como un porcentaje del PIB del mundo han estado a la baja desde principios de los 70, señala.

¿Qué respondió el ex presidente del banco central? Deben ver los ahorros y las inversiones de capital proyectados, no sólo los datos reales. Después de todo, los ahorros y las inversiones, por definición, siempre estarán a la par. Así que si los negocios del mundo deciden no invertir mucho, tal vez porque están fortaleciendo sus balances pagando la deuda, las inversiones globales serán bajas, por lo cual el dinero guardado también lo será y tendrá que equilibrarse. Pero si los ahorros proyectados fueran altos, si mucho capital sale en busca de un hogar, las tasas de interés caerían.

Eso ocurrió durante el boom de las viviendas, según el FMI. Había un "abastecimiento excesivo de ahorros". Si combinamos las bajas tasas de interés hipotecarias ocasionadas por el flujo de capital junto con otros factores (como la complejidad de la titulización de las hipotecas, que pocos entendieron, las agencias evaluadoras desorientadas y los eufóricos ambientes del momento) se obtiene una burbuja en las viviendas, dice Greenspan. Por tanto el banco central es inocente.

Pero, como dicen los críticos, la burbuja era obvia y él no hizo nada por frenarla. A esto, Greenspan responde que sí. La Fed pudo hacer poco por frenar una burbuja, o al menos de forma responsable. Martin Wolf, del Financial Times, quien lo defiende y trabajaba para el Banco Mundial (MB), escribió que "la Reserva Federal sólo pudo haber detenido la burbuja en Estados Unidos si hubiera estado dispuesta a poner a la economía en una recesión permanente". Esto se debe a que haber detenido el boom habría requerido tasas a corto plazo de hasta 10%, según Wolf.

No se puede dejar de lado la realidad de las burbujas, dice Greenspan. Un elemento central de su visión mundial es que éstas "están en la naturaleza humana". Pero la razón por la que sus efectos fueron más devastadores que los de otras es algo que lo conmueve.

De hecho, si se preguntan cómo le va con todo esto, llegamos a la parte de la respuesta que habla de un hombre cuya vida es en gran parte la intelectual. Esta burbuja fue catastrófica porque los intereses personales fallaron. En Bear Stearns, Lehman Brothers, Citigroup, Merrill Lynch y otros, los intereses de las empresas en sus propias ganancias debieron detener la locura de la burbuja. Así se supone que debe funcionar el sistema y no fue así.

Para el libertario estadounidense más famoso Martin Wolf esto es más que sólo problemas, pues afecta todo desde sus cimientos. Lo puso en una terrible duda, como dijo al comité de la Cámara de Energía y Comercio de Henry Waxman en octubre de 2008. "Encontré un error en el modelo, lo que percibí como crítico para su funcionamiento estructural, el cual define cómo funciona el mundo".

David Henderson, economista (y otro libertario) del Instituto Hoover, dice que "de seguir así, habrá que agregarlo a un libro de frases célebres". Los intereses personales fracasaron, según Greenspan, sobre todo porque nadie -ni él mismo- comprendió los costos de los riesgos tan poco probables que enfrentaban los grandes bancos. "Esto es algo que ocurre una vez en la vida", dijo.

No es ninguna sorpresa que en esas raras circunstancias, las instituciones financieras hayan juzgado equivocadamente a sus contrapartes, sobre todo a las entidades que les debían pagos. Pero un elemento central del sistema de creencias de Greenspan fue que ese tipo de cosas no ocurre. "La vigilancia de las contrapartes no logró proteger al sistema esta vez", dice. "Siempre pensé que lo haría, y lo creí por 60 años".

Aún así, no cree que mayores regulaciones por parte de la Reserva Federal hayan podido salvar a los bancos. El problema es que los reguladores habrían hecho un trabajo peor al juzgar los riesgos de las contrapartes de los bancos. "Estuve en la junta de JP Morgan antes de volverme presidente de la Fed, y sabía lo que esa firma sabía de Citi, de Bank of America, de Wells, y de otros. Cuando llegué al entidad central, aprendí que su conocimiento sobre las otras organizaciones era mayor que el de la misma institución".

Greenspan no se opone a mayores regulaciones y adecuaciones, pero el meollo de los intereses personales no queda de lado. Quiere que los bancos estén más expuestos a la disciplina del mercado asegurando que la doctrina de "los demasiado grandes para caer" desaparezca. "La vigilancia de sus contrapartes seguirá siendo la principal línea de defensa de los reguladores", dice. Los grandes prestamistas la regaron, pero ya aprendieron a hacerlo mejor y así deben continuar.

Por muy infinita que sea la controversia, ésta no lo destruye. Cuenta con clientes para consultorías (Pimco, Deutsche Bank y Paulson & Co, el fondo de cobertura que hizo miles de millones apostándole a la boom de la vivienda). Sigue dando conferencias (de 180,000 dólares) ante quienes lo consideran una ayuda para la crisis financiera. "¿Perdió el brillo? Tal vez", dice un miembro de una empresa de contabilidad. "Pero no importa, la gente sigue queriendo verlo en persona. Quieren regresar a su oficina para decir lo que Alan Greenspan dijo". Y él tiene una vida fuera de su oficina. Junto a su esposa, la corresponsal de asuntos exteriores de NBC News, Andrea Mitchell, pasean por Washington, y él juega tenis.

Detrás de las controversias está el asunto de su legado. Allan Meltzer, de la Universidad Carnagie Mellon responde que Greenspan será recordado por haber mantenido un largo período de baja inflación y crecimiento estable marcado por recesiones breves y seguido por el error de haber creído que la deflación era un problema. Eso ocasionó que él mantuviera sus políticas demasiado simples por mucho tiempo, pero no obligó a los banqueros a comprar subprimes.

Esa fue su decisión, alentada por políticas de vivienda incorrectas por parte del Gobierno estadounidense contra las que él declaró, así como la doctrina de "demasiado grandes para caer" que él no intento detener. Si la verdad prevalece, la profunda crisis será culpa de las políticas de las viviendas, de esa doctrina y del error de [Hank] Paulson, [Tim] Geithner y Bernanke, de haber dejado que Lehman cayera sin muchas advertencias después de haber financiado los rescates enormes por 30 años.

Esta evaluación no fue la gran adulación que Greenspan recibía hace 4 años, pero no está del todo mal. Coincide con su propia visión de cuando era presidente de la Reserva Federal: "me elogiaban por cosas que yo no hacía, y ahora me culpan por cosas que no hice".

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