En Grecia no más ‘fiesta en toga’

Parte de la población entiende que deben ayudar para que el Gobierno los saque de esta crisis; pero grupos sindicales, incluso su propia cultura, harán que la recuperación sea complicada.
grecia-desempleo  (Foto: AP)
Dody Tsiantar
NUEVA YORK -

La mala fortuna griega que ha sacudido a los mercados de todo el mundo desde hace dos meses es un asunto que va más allá de la pena que acongoja a su Gobierno, pues se ha vuelto un asunto de supervivencia para sus ciudadanos.

Ha sido inevitable que los individuos se tengan que apretar el cinturón, y con la cuaresma iniciando, los griegos lo entienden mejor que nadie. Ellos saben que para que el aparato gubernamental los saque de esta crisis, su única alternativa es tomar las riendas de su propio estilo de vida. De hecho, sondeos recientes muestran que tres cuartas partes de la población está dispuesta  hacer los sacrificios que sean necesarios.

"Es una llamada de alerta", dice Marios Evriviades, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Panteio de Ciencias Políticas y Sociales en Atenas. "Es la primera vez que todos se dan cuenta de que después de años de vivir más allá de sus medios, ocurrió un cambio que afectó a todos. De hecho, es la única señal de esperanza; Grecia no tiene más alternativa que reinventarse".

Reinventarse y recuperarse de años de tolerancia excesiva será una tarea digna de Hércules. "Llegó el momento de pagar la cuenta", dijo Alexi Papachelas, editor de Kathimerini, el periódico más influyente de Grecia.

Y pagar eso, con la economía en medio de una recesión, será algo doloroso. Los precios y el desempleo ya están a la alza: la tasa de desempleo llegó a 10.6% en noviembre, su nivel más alto desde marzo de 2005.

Varios trabajadores, como Kiriakos Topalides, empleado en una compañía médica, busca un segundo empleo para lograr cubrir sus gastos. "Me es imposible pagar los costos con un solo empleo, ya ni siquiera hablemos de ahorrar para el futuro".

Los préstamos tampoco son fáciles de conseguir, incluso para aquellos con buenos antecedentes. "Todo está congelado; los prestamistas no están dispuestos a correr ningún riesgo", dijo la abogada Roxani Avgerinou.

Como resultado, las inversiones y los planes futuros están en pausa. Un desarrollador pospuso el mes pasado la adquisición de tres edificios, pues anticipó que los precios están por caer. Un reconocido ginecólogo de Atenas informó que tres de sus pacientes incluso decidieron interrumpir su embarazo porque las mujeres sienten que es un momento inoportuno para tener un hijo.

"Los griegos llegaron a la conclusión de que la fiesta terminó", dijo Nikolaos Karamouzis, ayudante del presidente ejecutivo del Eurobank. "El miedo está por doquier".

Incluso los 840,000 empleados estatales, con sus cómodos horarios de trabajo, vacaciones largas y sueldos extra para Navidad y Pascua, comienzan a darse cuenta de que no tienen todo tan seguro como alguna vez lo creyeron. El Estado ha dicho que congelará las contrataciones y los sueldos, aplicará impuestos sobre los beneficios en algunos casos y retrasará los requisitos para las jubilaciones.

Algunos empleados estatales, como el oficial de la marina Takis Demerakis, de 52 años, se están retirando antes de tiempo, incluso si eso implica una pensión más baja, para así evitar "el próximo aumento fiscal en mi salario y los recortes drásticos en mis prestaciones".

Los sindicatos activos de Grecia no aceptarán dichos recortes sin antes luchar. Los granjeros protagonizaron una protesta de tres semanas para conservar los subsidios agrícolas, y el 10 de febrero, miles de trabajadores de hospitales, controladores de tráfico aéreo y maestros se manifestaron paralizando al país durante 24 horas. Las autoridades aduanales se declararon en huelga esta semana. Incluso los cobradores fiscales han mostrado su insatisfacción.

"Las cosas se están poniendo tan mal que hemos tenido que reducir drásticamente nuestros gastos diarios, lo que implica menos comida, menos ropa, menos todo", dijo Stavroula Diamadara, empleada de un cementerio municipal de Kifissia, un poblado suburbio de Atenas.

Una reducción en el gasto por vivienda ya está ejerciendo presión en los negocios locales. La familia de Margarita Tampakidis es dueña de almacenes y de una mueblería en Chalandri, un suburbio al norte de Atenas. Ella dice que las ventas fueron planas en enero, pero este mes ya van 10% abajo y teme que empeoren. El tráfico en la tienda ya va 40% abajo.

Demetra Kakopierou, dueña de dos tiendas de muebles para niños en Atenas dejó que su renta en una de sus tiendas en un suburbio costero de Faliro se venciera porque era muy alta, y el dueño no accedió a renegociar sus términos.

"Ni siquiera lo consideró", y agregó que guardó toda su mercancía en bodegas hasta que logre encontrar un local con una renta más razonable. "Es una pena. Todos necesitan poner de su parte, pero muchos griegos no lo entienden".

Tiene parte de razón, pues los griegos tienen una extraña forma de vivir a lo grande, y muchos de ellos aún creen que sus carteras no tiene fondo. "A los griegos les gusta gastar, pero tienen que cambiar sus hábitos", dice Timos Melissaris, inversionista privado.

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Pero es difícil deshacerse de los malos hábitos. La semana pasada, los griegos gozaron de una festividad de tres días para marcar el primer día de la cuaresma, y las filas en las casetas de cobro de las autopistas fuera de Atenas eran de algunos kilómetros, pues la gente se preparó para disfrutar de unas cortas vacaciones en provincia.

"¿Crísis? ¿qué crísis?" pregunta Kakopierou. "Los griegos no van a dejar de pasarla bien", pero tal vez, al igual que el carnaval previo a la cuaresma, este fue el último grito de emoción antes de que la austeridad espartana tome el control.

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