El reto de regular a Wall Street

El senador Chris Dodd presenta al Congreso de EU su nueva reforma regulatoria financiera; el demócrata busca una mejor vigilancia en Wall Street, pero los bancos se muestran poco receptivos.
dodd-consumidor-agencia-eu-senado-proteccion-1  (Foto: Jupiter Images)
Colin Barr

La última propuesta de reforma regulatoria fiscal dejará a muchos chefs en la cocina, pero ¿alguien se preocupará verdaderamente por cuidar la estufa?

Las reglas propuestas el lunes pasado por el presidente del Comité Bancario del Senado, Chris Dodd, por el estado de Connecticut, mejorarán los sistemas de evaluación de los reguladores bancarios federales y aclararán los deberes de las agencias restantes.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) quedará a cargo de la supervisión de las empresas financieras más grandes, y un nuevo consejo de reguladores monitoreará los riesgos del sistema financiero.

Ciertamente estos cambios mejorarán los acuerdos actuales, descritos por Dodd este mes como "un desorden estructural mal equipado para resguardar nuestra economía".

Pero los reguladores bancarios realmente necesitan algo más que la ley de Dodd: la voluntad para lograrlo; decisiones poco populares que revisen los riesgos de la red de seguridad nacional y de los contribuyentes

"Las silenciosas regulaciones bancarias no tienen circunscripción política hasta que es demasiado tarde", dijo Richard Carnell, profesor de Derecho en la Universidad Fordham en Nueva York, Estados Unidos, y ex autoridad del Departamento del Tesoro. "La presión por apresurarla es fuerte, así que no es ninguna sorpresa que los reguladores no apliquen estándares más altos o tomen acciones preventivas".

Incluso con el colapso de 2008 (aún fresco en la memoria) seguir controlando fuertemente a los bancos causa abucheos en Washington.

Se espera que los legisladores recauden la cantidad suficiente de capital de las entidades financieras para protegerse contra posibles pérdidas. Con cientos de pequeñas de instituciones en riesgo de fracasar al final del año, el crédito será mucho más difícil de conseguir en algunas áreas.

Los legisladores se concentran en el alto desempleo, y en los préstamos débiles a los pequeños negocios, y ya se habla de que los reguladores bancarios están siendo bastante estrictos.

El secretario del Departamento del Tesoro, Timothy Geithner, dijo al Congreso esta semana que los supervisores bancarios están siendo forzados a "exagerar su reacción" ante la pérdida del valor de los préstamos.

Mientras, los observadores tienen muchos asuntos que tratar. Carnell dijo que los requisitos de capital bancario se han aflojado desde las últimas dos décadas, un periodo en el que las instituciones de préstamo más grandes crecieron sustancialmente.

El Congreso estaba tan dispuesto a ayudar a sus amigos banqueros que en 1996 aprobó una medida que obligaba a la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC por sus siglas en inglés) a privarse del valor de las primas de seguro de una década de los bancos bien capitalizados.

Esta soltura dejó al sector obtener ganancias récord, pero el fondo de seguros de depósitos de la FDIC (que no creció tanto gracias al tapón del Congreso sobre las recolecciones de sus cuotas), registró recientemente el mayor déficit de su historia.

Las autoridades han cuestionado a los observadores bancarios federales desde hace décadas, aunque los esfuerzos por cambiar al sistema han fracasado por la oposición de los banqueros y de la Fed misma.

Uno de esos esfuerzos ocurrió al principio de la presidencia de Bill Clinton, cuando el secretario del Departamento del Tesoro, Lloyd Bentsen propuso la consolidación de cuatro reguladores bancarios federales en una sola agencia, alegando que al hacerlo, los reguladores serían más confiables y se reducirían los costos para los contribuyentes.

La propuesta no recibió gran apoyo por parte del Congreso, pues el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, se opuso. Greenspan advirtió en 1994 que la unificación de la supervisión bancaria federal, y la eliminación de la competencia entre los reguladores, "cerraría una válvula de seguridad, que inevitablemente ocasionaría una mayor micro-administración de los bancos". 

Claro que la micro-administración no fue el mayor defecto de las regulaciones bancarias en la reciente crisis.

La Oficina de Supervisión del Ahorro (OTS por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, por ejemplo, hizo muy poco por prevenir el colapso del gigante IndyMac y de los ahorros de Washington Mutual, y fue el principal regulador de AIG en los años previos a su rescate.

La mayor parte del presupuesto de esas agencias proviene de las cuotas que cobra a las instituciones que regula, lo que les ofrece un fuerte incentivo para expandirse y permitir a algunas empresas importantes elegir a sus reguladores.

La propuesta de Dodd cerrará la OTS y limitará las compras de los reguladores, y de los bancos, señalando cuáles agencias serán las que supervisen cierto tipo de instituciones.

Pero este tipo de compras no es el único síntoma de la decaída salud actual del sistema, dijo Carnell. Aunque la ley de Dodd intentará eliminar los rescates obligando a las grandes compañías financieras a solicitar la bancarrota, los reguladores que enfrenten la siguiente crisis podrán seguir sintiéndose atraídos por fuerzas familiares para dar las respuestas más apropiadas. 

"Los gestores de crisis se vuelven héroes, y los que luchan por prevenir las crisis quedan en el olvido. Cualquier movimiento que limite el papel de alguna agencia en la gestión de crisis también tendrá que ceder el prestigio", dijo Carnell.

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La última propuesta de Dodd, ajustar sólo uno de los cuatro supervisores bancarios federales, está un paso atrás de la presentada en noviembre. Esas reglas habrían consolidado la regulación bancaria federal en una sola agencia llamada la Administración Reguladora de Instituciones Financieras

Si la última propuesta de Dodd es menos ambiciosa que la anterior, significa que está mostrando mayor urgencia que en el pasado. La respuesta de Dodd al plan de Bentsen de 1994, que advertía sobre una posible crisis en algunos años, fue decirle a la Casa Blanca que no sacrificara la estabilidad de la industria bancaria "por el bien de la eficiencia".

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