China avanza su conquista a occidente

La compra de Volvo por parte de la automotriz Geely muestra el poder las empresas chinas; el país asiático parece cada vez más preparado para competir en los mercados más desarrollados.
volvo-geely-china-ford-eu-sueca-suecia  (Foto: CNN)
Bill Powell

Es la segunda vez en la historia reciente que una empresa china de capital privado (Geely) adquiere una marca reconocida en todo el mundo (Volvo).

Hace seis años, el fabricante de ordenadores Lenovo compró la división de computadoras personales de IBM. Hoy, Zhejiang Geely Holding, automotriz china con base en Hangzhou, compró Volvo a Ford Motor por 1,800 millones de dólares (mdd).

La prensa occidental está llena de historias sobre cómo, repitiendo lo dicho en Wall Street Journal, "la adquisición por parte de Geely de la marca sueca, es el último ejemplo de la forma en que el florecimiento de la economía china está reorganizando grandes franjas de negocios globales. Su enorme mercado y el creciente poderío de sus empresas juegan un papel cada vez más importante en industrias que van de los autos a los recursos naturales."

Y hasta cierto punto esto es verdad, pero sólo hasta cierto punto. A la fecha, el apetito de China por los activos extranjeros se ha centrado especialmente en los recursos naturales (petróleo de África, cobre de Perú, etc.) que, en su mayoría, suponen negociaciones con el mundo en vías de desarrollo, pues es allí donde se encuentran estos recursos.

Dichos acuerdos los realiza a través de sus empresas estatales. Son compañías enormes y están respaldadas por bancos propiedad del Gobierno, y quizá por esa razón algunos analistas sostienen que el país asiático ha pagado demasiado por lo que quiere. (El año pasado, cuando la compañía paraestatal petrolera china CNOOC compraba reservas de crudo en Nigeria, ofreció cantidades muy superiores a las que Exxon Mobile y Royal Dutch Shell estaban dispuestas a pagar, tanto que un funcionario nigeriano dijo "amamos este tipo de rivalidad").

Sólo en países en vías de desarrollo

Independientemente de la voracidad de las empresas chinas, estos acuerdos seguirán siendo los que alienten la inversión directa del país en territorio extranjero. Buena parte de ello se debe a que China está apenas en el proceso de desarrollar el tipo de compañías que pueden manejar cómodamente activos en mercados competitivos del mundo desarrollado.

El crecimiento de China ha sido tan consistente en las últimas dos décadas que fácilmente se olvida. Pero el bombo que se le ha dado a la influencia del país sobre el resto del mundo puede ser exagerado.

Como lo dijo Edward Tse, jefe de operaciones en China de la firma consultora Booz & Co, hay sólo un puñado de firmas que se sienten cómodas efectuando acuerdos como el de Volvo. Hay ejemplos como el fabricante de electrodomésticos Haier, Lenovo, quizá el gigante de las telecomunicaciones Huwawei (desairado por el Gobierno estadounidense cuando intentó comprar 3COM en 2008) y ahora la automotriz Geely, pero poco más.

Hay que tener en cuenta que China no es el Japón de los 90, cuando un yen fuerte generó un incremento de la inversión extranjera directa. En ese entonces, Japón tenía empresas ya bien establecidas a nivel global, marcas que asociábamos con la calidad. Incluso si el yuan comienza a fortalecerse frente al dólar (algo que probablemente sucederá más tarde este año), la nación asiática aún no alcanza el nivel de su vecino del pacífico. Después de todo, solamente han pasado 30 años desde que Pekín se abrió económicamente al mundo. "Tomará tiempo, quizá 10 años más. Esperamos demasiado si creemos que pasará antes" indica Tse.

Más allá de su inmadurez comercial, hay otra razón por la cual (al menos por ahora) el mundo en vías de desarrollo sigue siendo el principal socio de China cuando se trata de invertir en el extranjero: los acuerdos suelen someterse a más escrutinio en Occidente por las dos partes involucradas, por políticos y por la prensa. Cuando CNOOC intentó adquirir Unocal (petrolera estadounidense) hace varios años, uno de los problemas que surgió fue el financiamiento subsidiado que la empresa china iba a recibir de manos de su Gobierno para realizar el pago. ¿No significaba ello una desventaja para los potenciales postores occidentales?

Dudas similares pueden presentarse en el acuerdo Geely-Volvo. Los detalles de la financiación de la compra aún son oscuros, pero de acuerdo a la prensa china, una parte de los 1,800 mdd (puede ser que hasta 500 mdd) procederá de préstamos respaldados por los gobiernos municipales chinos que acogerán las instalaciones de producción del recién adquirido Volvo. El Banco de China, propiedad del Gobierno, facilitará otros 1,000 mdd. Se desconoce cuál es la tasa de interés de este préstamo.

Hay que recordar que Geely no es una empresa paraestatal, pero en China esas distinciones son poco claras. Sin embargo, a pocos parece interesarles esas minucias políticas, excluidas de un acuerdo que Ford ansiaba. (¿Con cuánta ansia? Pensemos que en 1999 pagó 6,450 mdd por Volvo).

La localidad sueca de Gothenborg, domicilio del Volvo, y una de las joyas industriales del país, también deseaba quedarse con la producción... pero Geely, una automotriz que fabrica autos pequeños y de bajo costo, ganó el premio, y podrá ascender de categoría con una marca de más clase.

Sin embargo, los líderes de China (tanto en el Gobierno como en el sector privado) entienden que esta compra se llevó a cabo en una situación muy peculiar. Vendrá el día en que acuerdos transfronterizos como éste (que involucren a compradores chinos y vendedores occidentales icónicos) sean comunes. Pero no todavía.

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