El discurso del libre mercado ciega a EU

Los prestamistas convencen al público y al Gobierno de que sólo hay una vía: el libre mercado; dos autores desmenuzan el círculo de poder creado alrededor de un discurso que llevó a la crisis.
goldman-sachs-banco-RT.jpg  (Foto: CNN)
Katie Benner

De todos los libros sobre la crisis financiera, 13 Bankers: The Wall Street Takeover and the Next Financial Meltdown (13 banqueros: la toma de Wall Street y la siguiente crisis financiera) es el menos atractivo: ningún personaje se tira a un bote de basura, no hay un lenguaje violento e inapropiado, y nadie tiene un ojo de vidrio. Pero este sobrio texto presenta una idea explosiva: Wall Street controla al Gobierno, y sin una revisión exhaustiva, los contribuyentes seguirán pagando por sus pecados por siempre.

Esto no es fácil de aceptar, dice su coautor Simon Johnson, profesor en la Facultad de Negocios Sloan de MIT. ¿Quién va a admitir que hicieron pensar al Gobierno y al público que dando poder y dinero a un grupo de banqueros le estaban haciendo un bien a la sociedad? Johnson y el coautor James Kwak afirman que el sector financiero engañó a los reguladores para que pensaran que, si permitían a los bancos tomar riesgos enormes con poca supervisión, estaban poniendo en práctica el capitalismo del mercado libre.

"Pero todas las desregulaciones y consolidación de poder no crearon un mercado libre. Se creó el peor tipo de socialismo, en el que todo va bien, los bancos se benefician desproporcionadamente, y si algo sale mal, entonces los contribuyentes pueden limpiar el desorden, y los bancos pueden regresar a su negocio de la forma más normal", dijo Johnson.

Los "13 Banqueros" se reunieron el 27 de marzo de 2009 con el presidente Barack Obama. Los autores argumentan que representan una oligarquía, y que lograron hacer que sus necesidades fueran una preocupación real para el público. Mientras los legisladores intentan reformar al sector de servicios financieros desde la presidencia y en la Congreso, puede parecer que siguen los designios de este grupo. Los cabilderos bancarios atraparon a Washington DC, argumentando que las mejores regulaciones de riesgo y de prácticas serían dañinas para el capitalismo. Dijeron que ya estaban bien regulados, ejemplificando varias leyes con las que cumplían, mientras se negaban a atender su calidad. Varios locutores de radio y presentadores expertos de televisión llevaron ese mensaje a la gente, diciendo que las reglas que limitan las ganancias destruyen a los mercados libres.

Mientras que los políticos debatían minucias, Johnson y Kwak alegan que no están atendiendo el problema real. Hasta que el sector bancario sea un segmento mucho más reducido de la economía de Estados Unidos, los bancos siempre tendrán mucho poder. Mientras las funciones económicas básicas (como las hipotecas y los préstamos para autos) dependan del subsidio de sus actividades riesgosas, seguiremos rescatándolos.

"Éste es un asunto de políticas, no de economía ni de tecnicismos regulatorios. El reto que podemos enfrentar hoy es similar al que enfrentó el presidente Roosevelt hace 100 años: el movimiento de ‘no confianza' fue en sus inicios un movimiento político", dijeron los autores.

No es ninguna sorpresa que su solución sea acrecentar la confianza. Dicen que el Gobierno debería hacer que los bancos sean los suficientemente pequeños para que los riesgos de fracasos no tengan la capacidad de derrotar nuestro sistema financiero entero. Para mostrar que esto es posible, los escritores repasaron la historia, desde las luchas entre Thomas Jefferson y Alexander Hamilton por el establecimiento de un banco federal, hasta las crisis monetarias de la década de los 90. Muestran repetidamente que los líderes de Estados Unidos siempre han temido que el poder se concentre en una actividad, pues saben que los magnates pueden enfocar ese poder en una influencia política que envuelva los dos pilares de los mercados libres: la democracia y la competencia.

Para Kwak, ex consultor de McKinsey, y para Johnson, quien fue economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la alternativa es dual: hacer que los bancos sean "lo suficientemente pequeños para fracasar", o enfrentar rescates eternos. Afirman que los recientes rescates no hicieron nada por frenar el poder real del sector bancario. Las empresas están regresando a ser saludables y rentables gracias a la garantía implícita del financiamiento del Gobierno y de los contribuyentes. Se resisten mucho más a las regulaciones o al control. El sistema funciona bastante bien, al menos para ellos.  

Si los políticos entran a esta lucha, no será para hacer amigos. La creencia de que algunas entidades financieras grandes son centrales para la prosperidad económica, y saben lo que más nos conviene, está muy arraigada. Se formó por tres décadas de desregulaciones y toma de riesgos, con la muerte de enormes industrias estadounidenses como telón de fondo. Mientras Wall Street producía más políticos y reguladores, el Gobierno alegó que todos nuestros intereses eran los mismos que los de los bancos. "La ambición es buena" no fue sólo una cita de una película, sino que se volvió el pensar del comercio estadounidense, y de toda la nación.

Preguntas para James Kwak

Kwak, con Simon Johnson, es coautor de 13 Bankers y co-editor del blog financiero The Baseline Scenario. El sitio se hizo de seguidores gracias a sus comentarios bien pensados y provocativos; la revista Time la llamó "el blog que deben leer los seguidores de la crisis".

¿Te has topado con resistencia ante la idea de que la crisis financiera fue el resultado de una mala colocación sistemática de poder?

La gente parece estar incómoda con la idea de que el problema fue de poder. Los banqueros y los políticos prefieren la idea de que la crisis fue una especie de "tormenta perfecta impredecible". Los economistas suelen enfocarse en el mecanismo financiero específico que causó la crisis: la titulización, las agencias calificadoras, los problemas de las empresas más importantes, asimetrías de información y otros factores.

Muchas personas creen que la crisis llegó por la ambición de los banqueros de Wall Street que estaban defraudando al público. [Simon y yo] pensamos que culpar a los "banqueros ambiciosos" no es suficiente, porque ellos siempre van a ser ambiciosos, y la sociedad y el Gobierno tienen que adaptarse a eso.

Lo que salió mal en particular durante las últimas tres décadas es que nuestro Gobierno adoptó fuertemente la visión general de esos banqueros y, como resultado, implementó políticas que fueron favorecidas por su grupo. Esto creó un ambiente en el que podía ocurrir un crecimiento y una caída.

¿Has recibido retroalimentación de gente que trabaja en alguno de los 13 bancos que representan el título de tu libro?

Hemos tenido retroalimentación positiva de gente de los bancos más grandes. Desafortunadamente, la mayoría de ellos no puede hablar en público [por órdenes o restricciones de comentarios de sus empleadores], porque la gente que maneja esos bancos están completamente en contra nuestra, y por una buena razón. No quieren que sus imperios se desbaraten.

Los conservadores han guardado silencio en la necesidad de reducir la cantidad de poder que los bancos tienen en Washington, incluso han criticado a Fannie Mae y a Freddie Mac por ser muy grandes y poderosos. ¿Has recibido retroalimentación de su parte?

Para empezar, nuestras ideas son bien recibidas [por la izquierda y por la derecha].

La idea de que los bancos más grandes son capaces de manipular el proceso político, ganar acceso al dinero de los contribuyentes mediante rescates, y alterar el campo económico a su favor es algo muy ofensivo para varios conservadores, para los que defienden el mercado libre. Arnold Kling acaba de escribir un artículo en el National Review diciendo esencialmente lo mismo que nosotros: los bancos grandes son malos para los mercados libres, por razones tanto políticas como económicas.  

La lucha se está dando realmente entre un grupo de tecnócratas centristas que creen que los peligros de los grandes bancos puede limitarse por medio de regulaciones más inteligentes y un grupo de gente en todo el espectro político que piensa que esos bancos no pueden ser limitados, al menos no sin tomar medidas más drásticas.

Uno de nuestros promotores es Jim Bunning, uno de los miembros más conservadores del Senado. El miembro del sistema de la Reserva Federal (Fed) que ha hablado con más fuerza de los peligros de los bancos grandes es Thomas Hoenig, presidente de la Fed en Kansas, quien actualmente es el miembro más conservador del Comité de Mercados Abiertos de la Reserva Federal.

¿Te impresiona que el público haya aceptado de corazón la versión del sistema de mercados libres de los banqueros?

No nos asombra que los banqueros fueran capaces de seducir al público desde hace 30 años. Éste fue un periodo en el que la sociedad y la cultura estadounidense celebraban al sector privado y despreciaban al Gobierno.

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También fue una época en la que el sector financiero estadounidense creció y se enriqueció mucho. Siempre hemos admirado a la gente rica, y de pronto, la mayoría de ellos se convirtió en banqueros de inversión y gestores de fondos de cobertura. Mucha gente pensó que si este grupo de gente estaba haciendo mucho dinero de esto, era porque valía la pena.

De cualquier forma, nos preocupa la fuerza que conservan los banqueros incluso después de la crisis financiera, y la velocidad a la que regresaron a la normalidad de sus negocios. Pero no creemos que el público siga creyendo la ideología de las finanzas; el problema es que mucha gente en Washington sigue creyendo en esa ideología, ya sea porque la han mantenido por décadas, o porque dependen del sector financiero para vivir. Ese cambio tomará muchos años.

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