Los 6 pasos para sanar a Wall Street

La propuesta, cocinada entre periodistas de Fortune, busca un mercado más respaldado y vigilado; las calificadoras deberían recibir su sueldo por parte de los inversionistas y no de los emisores.
wall street reforma financiera  (Foto: Jupiter Images)
Allan Sloan

Lo primero que se aprende cuando se estudia a Wall Street (actividad que llevo realizando desde hace 40 años) es que nunca debes confiar en el vendedor. Lo que te prometen no es necesariamente lo que te dan, y necesitas usar el sentido común, velar por tus intereses, y al menos intentar comprender las letras pequeñas.

El mismo principio aplica cuando estudian los planes para reformar a Wall Street. Claro que suenan muy bien. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, habla de "un enfoque razonable, sin tendencias y con sentido común para atacar la raíz de los problemas que ocasionaron el desastre del sector financiero y, como consecuencia, de nuestra economía en general". Pero lo que vamos a obtener de esta legislación no es necesariamente lo que nos está ofreciendo el vendedor en jefe.

Con ayuda de algunos de mis colegas de Fortune, quiero proponer 6 Pasos Simples para ayudar a componer el sistema financiero cambiando los incentivos de Wall Street, obligando a los jugadores a poner en riesgo cantidades serias de su propio dinero, y dando a los reguladores, acreedores y al público en general, acceso a la información que Wall Street atesora para acrecentar sus márgenes de ganancias.

Si esto aparece en la receta de la presidencia, habrá esperanzas de que la reforma sea un verdadero cambio; de no ser así, prepárense para más rescates en algunos años.

1. Exigir mayor participación en el juego. Cualquier plan de reforma debe aumentar los requisitos de capital a las instituciones financieras, es decir, aumentar la cantidad de dinero que los accionistas ponen en riesgo en relación a los activos de una institución. Esto es a lo que la gente se refiere cuando hablan de una reducción del apalancamiento. Un menor apalancamiento hará que las entidades tuvieran menores posibilidades de fracasar, y cualquier rescate será menos costoso.

2. Aumentar el factor miedo. Si alguna institución financiera fracasa o necesita la ayuda extraordinaria del Gobierno, éste debe ser capaz de recuperar garantías de acciones, ganancias de opciones y salarios y bonos en efectivo con un valor a cinco años que superen un millón de dólares al año. Eso aplicaría a los 10 ejecutivos principales, retirados y actuales, con un periodo de contemplación de cinco años. Y también aplicaría a los miembros de la junta, retirados y actuales.

3. Exponer los derivados a la luz del día. Warren Buffett llamó famosamente a los derivados "armas financieras de destrucción masiva". Mi colega Carol Loomis los llama, de forma menos famosa, "el riesgo que no desaparece". Ambos tienen razón. Los derivados deberían ser sujetos a casas de compensación que garanticen pagos y les exija un aval, y deberían ser comerciados mediante intercambios. De esta forma, los reguladores, acreedores e inversionistas regulares podrán ver el precio al que los valora el mercado.

4. Arreglar las leyes de la bancarrota. En un mundo perfecto, el tercer paso resolvería el problema de los derivados, pero en el mundo real, los cabilderos se están asegurando de que eso no ocurra. Las nuevas reglas inevitablemente dejarán que varios jugadores de derivados obtengan sus contratos "a la medida". Los derivados a la medida no tendrán que comerciarse mediante intercambios y podrían no ser sujetos a cámaras de compensación.

Así que hay que arreglar las leyes de la bancarrota para asegurarnos de que, a diferencia del desastre de Lehman Brothers que estremeció al mundo en 2008, los grandes jugadores de derivados puedan solicitar la bancarrota sin desestabilizar el sistema financiero del mundo. 

5. Crear una base de datos de valores hipotecarios. Uno de los principales problemas que ocasionó la crisis fue que para muchos inversionistas era imposible saber qué aval respaldaba los valores y derivados respaldados por hipotecas que tenían. Podemos resolver ese problema con una base de datos pública para todos los valores respaldados por hipotecas, lo que incluiría el estado de pagos actualizado de cada hipoteca en cada valor, y el valor estimado del mercado de cada casa. Los inversionistas, reguladores y acreedores usarán esta poderosa herramienta para realizar su propio análisis en vez de tener que depender de las agencias calificadoras de crédito.  

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6. Controlar las tasas de crédito. Una razón importante del desastre hipotecario mundial es que Moody's, Standard & Poor's y Fitch, las tres principales agencias calificadoras de crédito, calificaron valores triple A como "valores tóxicos" cuando debían ser calificados como triple Z. Los inversionistas serviles a las calificaciones y atorados con su "basura", resultaron afectados. Podemos eliminar el sitio especial en las políticas gubernamentales del que disfrutan las tres agencias principales, y los dejamos trabajar con calificadores más nuevos cuyo pago proviene de dueños de valores, no de los emisores.

Gran parte de lo que estoy diciendo es poco convencional, tal vez incluso herético, pero las soluciones convencionales no nos han servido de mucho. Podemos hacerle pequeños ajustes a los márgenes y crear una nueva agencia o dos y esperar que Wall Street se deshaga de su ambición. Los vendedores siempre serán vendedores, pero si cambiamos los incentivos y fomentamos la transparencia, nos estarán vendiendo un producto menos tóxico.

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