¿Qué pasa si Grecia no paga sus deudas?

Esta medida podría llevar al país a severos cambios estructurales, incluido el abandono del euro; tampoco sería el primero en hacerlo: Argentina, Uruguay y Rusia dejaron de pagar, y sobrevivieron.
La UE continúa buscando la mejor manera para ayudar a la end  (Foto: CNN)
Dody Tsiantar

Grecia debe sentirse como el rey Sísifo de la mitología helena: cargando una gigantesca deuda y un déficit presupuestario del 14%, su ascenso hacia la recuperación es duro, escurridizo e inalcanzable. Y tampoco saldrá definitivamente de problemas si consigue avanzar gracias al paquete de rescate de 145,000 millones de dólares.

Pese al entusiasmo inicial del mercado al conocerse el rescate y las muestras de confianza del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Gobierno griego en que el país podrá retomar, aunque dolorosamente, el camino hacia la salud económica, los temores sobre su capacidad para empujar la enorme carga han regresado.

Los ajustes que Grecia se ha visto obligada a imponer son tan severos e impopulares que a los observadores les preocupa que el Gobierno no tenga la voluntad política para ejecutarlos. Los economistas también temen que el remedio prescrito por el FMI y otros miembros de la eurozona (importantes recortes presupuestales, reducciones salariales y alza en los impuestos) empujen a la economía hacia una espiral de recesión.

No pagar

Si las condiciones del préstamo conllevan tanta agonía como se ha predicho, ¿por qué Grecia no incumple sus obligaciones financieras (de la misma forma en que lo han hecho miles de estadounidenses insolventes) en lugar de endeudarse más para pagar?

No es sencillo, claro está. Los estadounidenses que no pagan, terminan con un historial crediticio negativo. Y las empresas que se declaran en bancarrota se arriesgan a cerrar para siempre. ¿Pero qué sucede cuando un país cae en impago? Grecia, desde luego, no desaparecerá en el mar Egeo ni el Partenón no se evaporará. 

"Las empresas pueden ir a la bancarrota, los individuos también. Pero los estados soberanos no. Dejan de pagar y no cumplen sus obligaciones crediticias según lo acordado. Pero la gente sigue cosechando, yendo a la escuela, los semáforos siguen funcionando" explica Jan Randolph, jefe de riesgo país en la firma IHS Global Insight.

No suena catastrófico. Pero el informe de 2008 del FMI titulado The Costs of Sovereign Default (Los costos del impago soberano) muestra que, tras el impago, la mayoría de las economías tienden a contraerse por 1.2 puntos porcentuales cada año durante su reestructuración. Y con frecuencia hay consecuencias políticas, sociales y financieras más severas.

Tomemos el ejemplo de Argentina, que dejó de pagar en diciembre de 2001 luego de lidiar varios años con las medidas de austeridad impuestas por el FMI. Su tasa de desempleo alcanzó el 20%, el PIB disminuyó en 15% y casi la mitad de su población terminó viviendo por debajo de la línea de pobreza.

Por si fuera poco, los argentinos han sido excluidos de los mercados financieros y el Gobierno se ha visto envuelto en cientos de denuncias de inversionistas. Durante 9 años, Argentina se ha visto desprovista del "oxígeno que proporcionan los mercados crediticios", según palabras de Randolph.

¿Pero recurrir al impago, incluso a uno parcial, es siempre una sentencia de muerte? No precisamente.

De acuerdo a Carmen Reinhart, profesora y autora del libro ‘This Time is Different' donde analiza ocho siglos de crisis financieras, los impagos son más frecuentes de lo que pensamos. Pero algunos son desagradables y desordenados como el de Argentina, mientras que otros son más amables y manejables, como el de Uruguay, que en 2003 alcanzó un acuerdo cordial con sus acreedores para reestructurar su deuda y se recuperó rápidamente, creciendo un 4% al año siguiente.

Sin embargo, los impagos no siempre significan desastre. Después de la debacle crediticia de Argentina y la devaluación de su peso, sus exportaciones agrícolas se abarataron y el país se recuperó, creciendo 9% en 2004. Pese a los años de publicidad negativa, se convirtió en un importante destino turístico (el bajo costo de la vida y un favorable tipo de cambio hizo que sus visitantes aumentaran considerablemente). Después de que Rusia dejara de pagar su deuda soberana en 1998 y devaluara el rublo, al año siguiente el país creció 6.4%.

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Para que Grecia reviva gracias al impago tendrá que estar dispuesta a enojar a muchos, especialmente a los tenedores de bonos. El país también podría verse obligado a abandonar el euro y volver al dracma, o a una versión parecida. Si Grecia opta por ese camino, será interesante ver la reacción de Europa.

Pero quizá valga la pena. Para Theodore Kariotis, profesor de economía en la Universidad de Maryland, abandonar el euro devolvería la política monetaria a manos del Gobierno griego. Y con control y flexibilidad, esa política podría evitar que Grecia repita el cansino ejercicio de Sísifo.

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