EU ¿un país fracasado para Asia?

Varios líderes del continente creen que la mayor economía del mundo está en una etapa de negación; EU debe reestructurar sus finanzas para recobrar su liderazgo, asegura Glenn Hutchins.
Wall Street  (Foto: Archivo AP)
Glenn Hutchins

Varios líderes de las crecientes economías asiáticas creen que Estados Unidos se encuentra en una etapa de negación. Es hora de dejar de discutir y arreglar las cosas.

Apenas después del día de las elecciones en Estados Unidos, di un paseo por las capitales de Asia y me encontré con una perspectiva cruda y escalofriante. Estados Unidos es percibido como una economía fracasada que intenta exportar las consecuencias de décadas de malas administraciones y excesos en todas las esferas de su economía, tanto pública como privada.

Hay una percepción emergente en Asia, que indica que Estados Unidos no está en decadencia sino en una caída en picada acelerada. El país es percibido como carente de voluntad política y fuerza colectiva para confrontar sus males y dar el trago amargo a los remedios que se le prescriben. Las políticas nacionales son vistas como ajenas a todo lo que incluso vagamente podría resolver sus fallas sistemáticas. Varias élites asiáticas creen que deben protegerse del contagio de Estados Unidos.

Este mensaje perduró en mis pensamientos mientras viajaba por las calles de China y observaba una economía dinámica despegando en todas las esferas de la vida. Claro, esto no quiere decir que China no tenga sus problemas, y sin duda atravesará algunos baches en su apresurado camino al futuro. Pero para lograr una prosperidad a largo plazo hay que invertir a gran escala tanto en "software" como en "hardware": infraestructura del siglo XXI, educación matemática y científica, investigación básica, tecnología autóctona, compañías locales, recursos naturales globales, energía renovable, etc.

Es difícil no contrastar los melodiosos sonidos de China, o las crecientes economías y finanzas ricas en excedentes de Corea del Sur, con la cacofonía de las recientes elecciones en Estados Unidos, un ejercicio en disonancia cognitiva colectiva. Los problemas de importancia aparente para nosotros (peleas entre negocios y Gobierno, la agenda social de derecha del Partido del Té, las recriminaciones mutuas en el gasto partidista) lucen tan fuera de rumbo como surrealistas.

La crisis en Estados Unidos

Los chinos llevan 32 años dentro de su plan de 100 años, y a Estados Unidos le falta aplicar las estrategias más básicas para lograr la competitividad nacional. En vez de concentrarse en crear las condiciones para la prosperidad futura, Estados Unidos es adicto al capital extranjero y a la energía importada, y ha demostrado que no tiene intenciones de eliminar ninguno de esos hábitos. Lo peor es que discute sobre irrelevancias sobre la posible revocación de la 17º enmienda.

Algo que me perturbó particularmente en mi viaje fue ver de lejos la reacción de Estados Unidos hacia la primera incursión de la Comisión Bowles-Simpson para la reducción del déficit. Es más que obvio que balancear nuestro presupuesto es de vital importancia para nuestro futuro, y es la única medida que podemos tomar para restaurar la confianza mundial en Estados Unidos.

Escuchar los chillidos de la izquierda sobre los cambios modestos a la Seguridad Social, y los aullidos de la derecha sobre los razonables aumentos a los impuestos, necesarios para pagar las cuentas, es bastante deprimente. Además, es imposible explicarlo a nuestras contrapartes asiáticas, que lo ven llenos de confusión e incredulidad. Desde su perspectiva, estamos actuando como niños rebeldes revolcándonos en nuestras propias necesidades indisciplinadas.

Es hora de dejar de lado esta actitud infantil. Al igual que durante otras épocas de la historia de Estados Unidos, seremos juzgados por haber o no tenido la entereza de hacer los dolorosos sacrificios que son necesarios para que las generaciones futuras prosperen. Debemos comportarnos como adultos y aplazar las gratificaciones de nuestros propios intereses, ideologías y necesidades inmediatas.

Este camino hacia adelante comienza con la adaptación expedita del plan Bowles-Simpson, pero nuestra crisis nacional requiere de algo mucho más profundo. Debemos tomar responsabilidad colectiva de nuestro problema; ya no debemos culpar a los demás. Debemos reconocer que todos tenemos la culpa, tanto los propietarios de hogares como los bancos, tanto los eliminadores de impuestos como los grandes gastadores, sindicatos multinacionales y laborales, progresistas gubernamentales y minimalistas que a todo dicen que no.

Hemos tenido una serie de retos de esta magnitud y urgencia desde que se fundó Estados Unidos. Este podría ser el más difícil porque no hay una amenaza militar inmediata ni un llamado a tomar las armas. Los problemas de Estados Unidos son internos y estructurales. Los líderes de nuestro país, Gobierno y negocios, republicanos y demócratas, deben poner el ejemplo de la previsión, de la cooperación, del compromiso y del sacrificio.

La propuesta Bowles-Simpson será la primera prueba crítica. ¿Nuestros líderes tendrán voluntad, serán heroicos, caprichosos? ¿Los estadounidenses comprobarán que son una nación extraordinaria o simplemente un imperio muy extendido que está en decadencia? El mundo espera para poder dar su respuesta, y muchas personas que prestan atención desde Asia son muy escépticas.

 

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Glenn Hutchins es un inversionista global con base en Nueva York. Es ex asesor económico de la Casa Blanca, durante el gobierno de Clinton, y actualmente trabaja en la Junta del Consejo Administrativo de Brookings Institution, el centro intelectual de políticas públicas de Washington, D.C. 

 

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