¿Es real la burbuja tecnológica?

Los expertos tecnológicos continúan su monólogo de meses para saber si se enfrenta esta situación; lo más importante es por qué estamos tan obsesionados con tomar una postura sobre el tema.
burbuja  (Foto: Cortesía: Fortune)
Chadwick Maltin

Predigo una burbuja a nivel de los expertos. Toda la semana, gracias a las valuaciones 'chillonas' de Color, las opiniones de los especialistas tecnológicos y económicos continuaron su monólogo de meses para saber si estamos o no en una 'burbuja tecnológica'.

Los comentarios iban y veían, inflando nada más que su auto-importancia, a medida que insistían en quién estaba del lado correcto de la historia. Podemos llamar a esto el efecto Roubini.  

La única forma de mantenernos al tanto fue tomando una servilleta para escribir una lista pro/contra la burbuja. No olvides ponerla junto a esa idea de compañía millonaria que se te ocurrió a la hora del almuerzo.

¡Burbuja!

¡Boom!

En 2010 hubo más acuerdos tecnológicos que en cualquier otro año desde 2000. 

 

Los mercados de ofertas públicas iniciales siguen relativamente callados, por lo que las únicas personas que están siendo afectadas son los inversionistas ricos privados que pueden acceder a las compañías a las que no tenemos acceso nosotros. Y una burbuja no es tal a menos que la gente ordinaria tenga la oportunidad de salir afectada.

Están surgiendo las parodias de las compañías iniciales, y la burbuja es el contexto cómico. Mira dos muestras clásicas del género, dedicadas a la ronda de financiamiento de 41 millones de dólares para Color, una aplicación que muy pocas personas han aprendido a usar:

  1. Una muestra de una presentación de por qué Color merecía el dinero.
  2. Una crítica incisiva e intrépida de la tienda de aplicaciones de Apple, la App Store
La gente se ríe de la idea de que una compañía necesite 500,000 dólares para ayudar a vender aire embotellado. Es una risa nerviosa, pero no deja de ser una risa.

 

 

El número de empleos tecnológicos en San Francisco se acerca a su punto alto del año 2000. En una economía menos dicotómica, nos alegraría cualquier noticia de empleo positivo. Pero en una burbuja potencial, el desempleo bajo se vuelve una señal de alerta, una luz verde que tiene tonos de rojo.

 

La proporción de precios/ganancias de las acciones ya existentes están fuera de control. Y quizá lo más importante es que la gente que no suele preocuparse por las acciones aún no se preocupa por saber lo que significa la última frase.

 

Los beneficios a los empleados, y las historias de tendencias que los documentan, ya están de vuelta: ya hay cerveza gratuita en las oficinas de Yelp. Y los desarrolladores en la compañía idearon un programa para la iPad para llevar registro de cuánto bebe cada persona.

 

Los consumidores están pagando por cosas. Facebook, Twitter, Zynga, Groupon y LinkedIn tienen ingresos reales y claros. Aún son pequeños, pero son mucho más de lo que puedes meter a un títere de calcetín.

 

 

Hay una compañía inicial cuyo negocio es hacer páginas de "Próximamente..." para otras compañías iniciales.

 

Dicha compañía inicial no ha recaudado aún un financiamiento de capital de riesgo importante.

 

Zynga contrató personas para que fueran a Wall Street vestidos de plebeyos británicos y se pararan junto a ovejas anunciando su nuevo juego de Facebook.

 

Las cinco compañías de Internet más prominentes de 2010 están valuadas como lo estaban las 24 más grandes en 1999. ¡Pero todas hacen dinero!

 

Eric Schmidt, que es bueno en no equivocarse, dice que sí, estamos en una burbuja.

 

Jason Calacanis, que desde 2005 ha sido bueno en estar equivocado, dice que sí, estamos en una burbuja.

 

Así que es un empate, pues además de preguntarnos si estamos en una burbuja, es muy interesante saber por qué nos consume tanto la pregunta de si estamos en una. Es un impulso, es una creciente necesidad de tomar una postura definitiva sobre lo que es más posible en una situación indefinida. ¿Por qué? 

Porque aún estamos exorcizando a nuestros demonios. Pero no a los demonios de 2000, sino los más frescos, los de 2008.

Cuando la burbuja tecnológica colapsó en 2000, 5 billones de dólares se evaporaron del NASDAQ, desvaneciéndose incluso más rápido de lo que aparentaban. Se publicaron libros que lo contaban todo: Dot.conDot.Bomb, ¿cuál es cuál?

PBS realizó un documental introspectivo profundo llamado, sí, Dot.con., que en parte fue financiado por Earthlink, cuyas acciones iban en camino a caer 75%. Y las violaciones de ética hicieron surgir una nueva cosecha de vengadores políticos que se capitalizaban de nuestra ira. El más importante de ellos, Eliot Spitzer, cayó después mientras veía crecer a su contraparte, Henry Blodget.

Pero como muestra la columna de ¡Boom! en la tabla superior, se trata de una situación distinta a la de 2000. Dado que la mayoría de las compañías siguen siendo privadas, los súper-ricos están en control de la economía para el resto de nosotros. Son ellos quienes tienen acceso a incubadoras tecnológicas, planes de negocios, hojas de cálculo y a los mercados secundarios. El colapso de 2000 también dejó atrás, entre otras cosas, un montón de cables de fibra óptica que aún dependen de la banda ancha de hoy. Pero no queda del todo claro lo que, por ejemplo, Zynga, dejaría atrás si esta burbuja (en caso de que haya una) estalla. No se le puede dar otro uso a todo ese terreno.

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Esta combinación (gente rica, crecimiento vacío y la falta de transparencia) debería sonarnos familiar. Algo similar a la familiar crisis financiera de 2008 (con todas las advertencias obvias de compañías iniciales web como una industria mucho más pequeña que el sector vivienda y las finanzas, etc., etc., etc.).

Y ahora, sólo dos años y medio después, una vez más estamos frente al prospecto de no tener el dinero que creíamos tener. Aún nos estamos recuperando del último golpe, y ¿cómo podemos estar listos para volver a confiar en el capitalismo? El desempleo sigue siendo alto, el sector vivienda sigue estando abajo, y cualquier levantamiento/tsunami/deuda amenaza con deshacer los pequeños pasos que ya dimos hacia la estabilidad. Sería irresponsable creer ciegamente en la supuesta buena noticia de Silicon Valley. Debe ser una trampa... tiene que serlo. Esta gente está diciendo que nos puede facilitar la vida, si les damos un poquito de dinero. No es la primera vez que escuchamos esto. En teoría, Estados Unidos, la romántica impotente, tendrá que quemarse cierto número de veces para tomar la decisión de entrar al convento. Pero en realidad, no parece que vaya a cambiar un hábito por otro.

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