Muere Osama, pero Al Qaeda permanece

La victoria de los estadounidenses sobre el terrorismo ha sido notable, pero falta ver a qué plazo; la muerte del ‘líder operativo’ no significa que sea el fin de los ataques del grupo terrorista.
osama bin laden  (Foto: CNN)
Daryl Jones

Sin duda Estados Unidos ha logrado una victoria moral al encontrar y matar a Osama bin Laden, líder de Al Qaeda. Pero desde un punto de vista práctico, las implicaciones asociadas al riesgo geopolítico son menos claras. Mientras para algunos la muerte de Osama es un avance positivo, también puede argumentarse que esta acción podría, potencialmente, acelerar la actividad terrorista si bin Laden es percibido como un mártir por sus semejantes.

Al evaluar el impacto de la muerte de bin Laden, es importante destacar que, durante casi una década, huyó de las fuerzas especiales estadounidenses. Si bien simbólicamente bin Laden seguía siendo el líder de Al Qaeda, su condición de fugitivo redujo con toda seguridad su eficiencia en términos de liderazgo operativo: poca capacidad tenía para controlar las operaciones del grupo con toda la CIA buscándolo. Por ende, es poco probable que la muerte de bin Laden reduzca dramáticamente la amenaza de Al Qaeda en el corto plazo.

Incluso la misma naturaleza y organización de Al Qaeda es un interrogante abierto. Como escribió Marc Sagemen, ex agente de la CIA en Islamabad y autor de 'Leaderless Jihad: Terror Networks in the Twenty-First Century': "No existe una organización coordinadora. En nuestras mentes nos gusta crear una entidad mítica denominada Al Qaeda, pero esa no es la realidad que enfrentamos".

Esta postura es ampliamente discutida, pero la realidad es que Al Qaeda no está organizada como lo están los grupos de crimen organizado occidentales. Si se tratara de una típica familia criminal, sería más seguro asumir que a partir de ahora la familia quedara inoperante. Pero no es el caso de Al Qaeda; de hecho, los ataques terroristas contra Londres en julio de 2005 se llevaron a cabo sin un liderazgo específico del extranjero. Eso demuestra que Al Qaeda pudo haber proporcionando financiamiento o entrenamiento a algunos miembros de estos grupos que, como patentizan los ataques de Londres, trabajan de forma independiente.

Esa autonomía se refleja incluso en los fondos que manejan. La capacidad de bin Laden para financiarlos se ha visto limitada en la última década, no sólo porque fue excluido de su fortuna familiar, sino porque cualquier riqueza propia que tuviera, no podría moverse sin que el aparto de inteligencia estadounidense lo supiera.

El papel fundamental de bin Laden en la última década ha sido el de avivar las llamas de la discordia contra EU y el mundo occidental en general. En este esfuerzo ha sido bastante exitoso, y la red de Al Qaeda deberá llenar el vacío que deja su muerte.

En última instancia, el verdadero legado de bin Laden son los cientos de miles de operadores que han sido entrenados en los campamentos de Al Qaeda. Gary Bernsten, alto funcionario de la CIA y autor del libro Jawbreaker, ha estimado que el número de dichos operadores asciende hasta 800,000. Pese a la muerte de bin Laden, este enorme grupo de terroristas islámicos continúa existiendo.

También es importante subrayar que, según la evidencia, las actividades de Al Qaeda son planeadas con años de antelación. Por lo que, incluso si bin Laden estaba más involucrado de lo que creemos en orquestar las actividades terroristas de la red de Al Qaeda, no es probable que ningún ataque potencial actualmente en proceso sea descartado a raíz de su muerte. Recordemos que la idea de los ataques del 11 de septiembre germinó en 1996 y comenzó a planearse en 1998, tres años antes de que ocurriera.

Por lo anterior, no sorprende que los mercados de valores se hayan sacudido cualquier impacto positivo asociado a la muerte de bin Laden. Esto se debe, en parte, a lo mencionado antes, matar a bin Laden no detendrá la actividad terrorista a mediano plazo, pero también se debe a que hay una posibilidad real de que la muerte de bin Laden acelere la actividad terrorista que busque vengarlo. De hecho, Hamas ha comenzado a remover esas emociones al declarar lo siguiente en un comunicado de prensa: "Condenamos el asesinato y la muerte de un guerrero santo árabe. Pedimos a Dios que le ofrezca la misericordia con los verdaderos creyentes y los mártires".

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No estamos sugiriendo que el mundo no es mejor con la caída de bin Laden, pero no está claro que sea un lugar más seguro, o que los riesgos geopolíticos deban minimizarse en consecuencia. Si bien se ha decapitado la cabeza de la serpiente, el reptil aún sigue muy vivo. 

 

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