Los 5 desafíos de la crisis europea

El problema de deuda se ha vuelto el mayor reto de la UE desde que adoptó el euro 12 años atrás; en el último trimestre, el PIB general de las 17 naciones que usan la divisa común sólo creció 0.2%.
angela merkel exhausta  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Ben Rooney
NUEVA YORK -

Han pasado cerca de 18 meses desde que la crisis de deuda soberana en Europa comenzó a hacer ruido en los círculos financieros del mundo. En ese lapso, la crisis se ha convertido en el mayor desafío que la Unión Europea (UE) ha enfrentado desde la adopción del euro como moneda común 12 años atrás. 

Grecia, Portugal e Irlanda están en terapia intensiva. Italia y España ya muestran preocupantes síntomas de enfermedad. Alemania y Francia, los más saludables, sufren debido al malestar económico global.

A medida que la situación parece aproximarse a un punto crítico, conviene estar atentos a cinco factores clave.

1. La inestabilidad del Fondo de Estabilización Financiera

En julio pasado, los líderes políticos europeos anunciaron una serie de iniciativas para atajar la crisis, entre ellas un segundo rescate a Grecia, que está al borde del default. La propuesta central del acuerdo alcanzado el 12 de julio fue ampliar el Fondo Europeo de Estabilización Financiera. Este fondo fue creado el año pasado para facilitar préstamos de bajo costo a los miembros de la eurozona que arrastraban un enorme endeudamiento, incluidos Portugal e Irlanda.

Bajo los cambios propuestos, se le permitiría al fondo comprar bonos gubernamentales directamente de bancos e inversionistas. Y lo más importante, se le permitiría comprarlos para países que aún no han recibido préstamos de rescate, como España e Italia.

El objetivo es contener la crisis al limitar la volatilidad de los mercados de deuda soberana, donde el nerviosismo de los inversionistas ha provocado una subida histórica de los costos de endeudamiento de varias naciones europeas atribuladas. Ello aliviaría en cierta medida la presión que recae sobre el Banco Central Europeo (BCE), que ha estado comprando bonos gubernamentales como parte de un programa de emergencia. 

Sin embargo, numerosos analistas señalan que los 440,000 millones de euros del Fondo de Estabilización no alcanzarán en el caso de que Italia y España necesiten ser rescatados. 

En las próximas semanas, las propuestas acordadas en julio serán sometidas ante los parlamentos de varios países de la Unión Europea, incluidos algunos donde los votantes se oponen a los rescates. El segundo paquete de ayuda a Grecia y la ampliación del Fondo de Estabilización también requieren ser aprobados por las 17 naciones que usan el euro como divisa. 

2. De Grecia a Italia

Aparte de ampliar el Fondo, los gobiernos de la eurozona deben aprobar de forma unánime el paquete de 109,000 millones de euros para Grecia. Dicho acuerdo ya ha registrado señales de fisura. 

En agosto, Finlandia y Grecia llegaron a un polémico convenio donde Atenas proporcionaría garantías en efectivo para cubrir los préstamos que reciba de Helsinki. La medida resonó en otros países europeos que cuentan con economías relativamente saludables. Austria y Bélgica también exigieron colaterales para sus créditos. 

Las autoridades de la eurozona han criticado dichos acuerdos bilaterales, pues significan que Grecia debe aportar dinero para recibir dinero. Jean Claude Junker, presidente del Eurogrupo, ha dicho que los ministros de finanzas trabajan en un plan alterno, pero la situación es incierta.

Al mismo tiempo, Grecia ha tenido problemas para implementar las duras medidas de austeridad que buscan reducir su déficit presupuestario, impuestas como requisito para recibir los préstamos de rescate.

Los inversionistas, a su vez, también están preocupados por Italia. Siendo la tercera mayor economía en Europa, Italia es considerada como demasiado grande para quebrar. Aunque su déficit presupuestario es relativamente pequeño, las deudas que arrastra equivalen al 120% de su PIB. 

El Gobierno italiano además ha tenido dificultades para imponer las medidas de austeridad diseñadas para reducir su carga de deuda. El proceso se ha visto entorpecido por enfrentamientos políticos y la oposición de la población. Con todo, el Senado italiano aprobó este jueves una serie de reformas, incluido un polémico aumento al IVA.

Las medidas de austeridad serán votadas más adelante en la semana por la Cámara de Diputados. 

3. Los bancos bajos presión 

Los inversionistas temen que los grandes bancos europeos, que acumulan en sus libros miles de millones de euros en deuda soberana, puedan sufrir pérdidas si los gobiernos son incapaces de pagar sus deudas. 

Société Générale, uno de los bancos más antiguos en Francia, es el que más preocupación suscita. El precio de sus acciones se ha desplomado a su nivel más bajo desde 2009, cuando la crisis financiera aún estaba en apogeo. 

Algunos analistas creen que incluso los bancos alemanes, como el Deutsche Bank, no serán inmunes si la crisis de deuda se sale de control. 

Los problemas en el sector bancario han despertado temores de que Europa pueda sufrir una restricción crediticia parecida a la que afectó a los mercados de crédito en 2008. Y si bien hay algunas señales indirectas de que los bancos europeos están teniendo problemas para obtener préstamos a corto plazo, los indicadores tradicionales de estrés en el sistema bancario aún no hacen sonar la alarma. 

Los test de estrés aplicados del pasado julio prueban que la banca europea cuenta con suficiente capital, sostienen las autoridades de la eurozona. Además, siempre se puede contar con el Banco Central Europeo, que ya ha otorgado algunos préstamos a los bancos de la región. No obstante, dada la situación actual del mercado accionario y los temores sobre una contracción del préstamo interbancario, los bancos en Europa parecen tener pocas opciones para reunir capital. 

Esta dinámica ha alimentado la inquietud de que pueda presentarse un retiro masivo de depósitos bancarios en alguna institución importante si los inversionistas y los depositantes, dominados por el pánico, comienzan a sacar su dinero. En ese escenario, los gobiernos podrían verse obligados a intervenir. Sin embargo, no está claro si las autoridades tendrán la voluntad política, y el dinero, para rescatar a un gran banco. 

4. Las tribulaciones económicas

En el segundo trimestre del año, la actividad económica en las 17 naciones que usan el euro creció únicamente 0.2% comparada con el primer trimestre, según datos de Eurostat. 

El PIB de Alemania, el motor económico de la región, registró en el segundo trimestre un incremento de apenas 0.1%, frente al más robusto 1.3% del primer trimestre. La economía teutona depende grandemente de las exportaciones y se ha beneficiado del rápido crecimiento de los países emergentes, como China. Pero a medida que la actividad se ralentiza en esos mercados, el panorama para Alemania se oscurece. El lento crecimiento plantea serios interrogantes respecto a la perspectiva de la zona euro en el largo plazo. 

Los economistas sostienen que los países más débiles de la Unión Europea no serán capaces de pagar sus deudas y sobrevivir sin rescates hasta que la actividad económica repunte significativamente.  

5. La posibilidad de una fractura 

La crisis ha sacado a la luz algunos problemas que, según los analistas, requerirán un cambio fundamental en la forma en que opera la Unión Europea. Las naciones de la eurozona han disfrutado los beneficios de una moneda común y una política monetaria compartida desde 1999. Con todo, el grupo nunca ha tenido un enfoque común en cuanto a política fiscal se refiere.

Esta falta de coordinación ha desembocado en una situación donde los miembros más fuertes del grupo se ven ahora obligados a ayudar a los menos competitivos que han gastado más allá de sus medios. Si no los auxiliaran, muchos analistas creen que la Unión podría fracturarse, con una o más naciones abandonando el euro. 

Los líderes europeos han dicho repetidamente que harán todo lo que sea necesario para preservar la divisa, argumentando que la clave para lograrlo es una mayor integración económica.

Para ello, en la reunión que sostuvieron el mes pasado en París los mandatarios de Francia y Alemania, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, se propuso una "regla dorada" que exigirá a los miembros de la eurozona equilibrar su presupuesto.

La meta es promover una mayor "convergencia" entre las políticas de los miembros más medulares de la Unión, como Francia y Alemania, con aquellas políticas de los miembros más atribulados ubicados en la periferia. La iniciativa franco-alemana también apoya una mayor coordinación en los impuestos sobre sociedades y la introducción del llamado impuesto sobre transacciones financieras. 

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Pero los inversionistas no están satisfechos, piden la creación de los eurobonos, que estarían respaldados por los 17 países de la eurozona. Emitir títulos de deuda común aliviaría los costos de endeudamiento para los miembros más débiles. En contraparte, incrementaría las tasas para las naciones más solventes, que se oponen a la idea.

 

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