Las lecciones del 11 de septiembre

El ataque a las Torres Gemelas enseñó a la sociedad a fomentar el diálogo, dice Miguel Ángel Lugo; el profesor afirma que la tragedia recordó a las personas la importancia de comprender a los otros.
ataque world trade center  (Foto: AP)
Miguel Ángel Lugo Galicia*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Como profesor de la materia de Derechos Humanos veo el décimo aniversario del 11 de septiembre en tres perspectivas:

1) Su enseñanza en el salón de clase.

2) La remembranza de los héroes caídos y de los desconocidos.

3) La intervención de los familiares y afectados de esa fecha.

No ignoro otros temas y aprendizajes que se traen a discusión por este aniversario, pero me concentro en estos aspectos.

En el salón de clases y en la familia empezamos a sembrar los sentimientos de solidaridad y tolerancia, que tienen su basamento en la dignidad de la persona humana.

Desde ese basamento también podemos enseñar que la solución violenta de conflictos no debe ser el pivote que cancele el diálogo de civilizaciones.  Ese diálogo es posible en la medida que los estereotipos y visiones culturales cerradas sean sustituidos por una cosmovisión de alteridad, es decir, de entender al otro, para comprender una situación que nos puede ser enteramente desconocida.

El diálogo en el seno familiar y la escuela tienen que ser respaldados por ejemplos de maestros, de padres y madres, también de personas que entendieron bien el sabio mensaje: no hay mayor muestra de amor de quien da la vida por otros, sobre todo si le son desconocidos.

Esos ejemplos parten del concepto de solidaridad social, que transmite toda su intensidad cuando hablamos de empatía y de la coordinación para atender desastres aún en situaciones de miedo e incertidumbre.

Las enseñanzas benefactoras inducen a las nuevas generaciones a no glorificar falsos ídolos o tentaciones de autoritarismo que lleguen al extremo de atentar contra la vida e integridad de las personas.

Para lo cual son necesarias visitas guiadas desde las escuelas o a las escuelas, reuniones en la colonia o manzana para conocer a personas que se alejen del egoísmo, un patrón de conducta lamentablemente extendido en la sociedad.

Y desde luego, también ameritan programas de televisión o reportajes que saquen de su anonimato a los héroes para demostrar que no necesariamente visten de capa o son poderosos.

Estas acciones son vistas por las familias, las cuales son inducidas para que no se queden en su papel de simples espectadoras, para que sus miembros sean activos en la sociedad y traten de impedir que se repitan actos abominables de terrorismo o de cualquier otra barbarie.

Los grupos familiares con esta conciencia salen de la postración de la tragedia y luchan para sobrevivir, para reclamar sus derechos en caso de que las autoridades no investiguen los hechos criminales y para decir enfáticamente "no en nuestro nombre", cuando los agentes encargados de hacer cumplir la ley distorsionan el sentido de la ley y cometen tropelías denigrantes para la dignidad humana.

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Estos son los tres puntos que creo que vale la pena recordar en este décimo aniversario del 11 de septiembre.

*Miguel Ángel Lugo Galicia es profesor investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana.

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