Protesta en Wall Street, espejo mundial

Tras el levantamiento en Oriente Medio, el movimiento en NY refleja el descontento ante las elites; la sensación es que los jóvenes y la clase media están pagando muy alto malos manejos económicos.
estados unidos nueva york  (Foto: CNN)

Después de la "primavera árabe" y los disturbios en Europa, el movimiento "Ocupen Wall Street" de Nueva York podría ser la última señal de una reacción global y popular contra las elites, con una retórica y tácticas cada vez más compartidas. En casi cada continente, el 2011 ha visto un alza sin precedentes de protestas tanto pacíficas como violentas.

Manifestantes en una larga lista de países, desde Israel, India, Chile hasta China, Gran Bretaña, España y ahora Estados Unidos, relacionan sus acciones explícitamente con las revoluciones populares que sacudieron a Oriente Medio.

Las demandas en las calles de Manhattan y otras ciudades estadounidenses también muestran influencias de otros movimientos, como las protestas estudiantiles en Gran Bretaña o las manifestaciones contra las medidas de austeridad en Grecia y los indignados en España.

Lo que todos tienen en común es la sensación de que los jóvenes y la clase media están pagando un precio demasiado alto por el mal manejo y la negligencia de una elite corporativa, financiera y política desconectada con la realidad.

Cuando cientos de manifestantes bloquearon el puente de Westminster en Londres el domingo en respuesta a los cambios en el Servicio Nacional de Salud británico, invocaron los eslóganes de los estadounidenses que se describen como el "99%" que paga los errores de una pequeña minoría.

Con la perspectiva económica empeorando justo cuando el avance de las redes sociales ayuda a grupos dispares de todo el mundo a tejer una narrativa local de enojo, aún podrían producirse nuevas revueltas.

"Ésta definitivamente va a ser una tendencia de varios años, quizás de una década", dice Tina Fordham, jefa de análisis político del banco estadounidense Citi.

"Lo interesante es el modo en que se ve esto (...) Los hilos se conectan. Hasta ahora, el impacto en las políticas ha sido mínimo, pero eso puede cambiar. Un periodo extendido de bajo o nulo crecimiento (económico) podría convertir estos movimientos emergentes en fuerzas políticas", aseguró.

Si bien estos grupos sin líderes pueden estar articulando bien su descontento, seguramente tendrán problemas para definir qué es lo que quieren. Pero mientras tanto siguen ganando fuerza.

Hasta el momento, la táctica de ocupar un espacio -ya sea un parque, una plaza en una ciudad árabe o un salón en la universidad- parece ser común a todos los movimientos, permitiendo el debate y ofreciendo un lugar para convocar a los medios y las autoridades.

Lo mismo ocurre con los "días de furia", un término mencionado por primera vez en los levantamientos de Oriente Medio, y con el uso de las redes sociales y los sistemas de mensajería, que sirven para estar siempre un paso más adelante que las autoridades.

"¿Algo en el aire?"

Cuando la estudiante y blogger inglesa Jessica Riches, entonces de 21 años, comenzó a publicar actualizaciones de Twitter sobre una sentada en la University College London el año pasado, inspiró a otros pares con ideas similares en otras partes del país.

Su acción desató una serie de "ocupaciones" en toda Gran Bretaña y protestas contra el plan de aumentar los aranceles de las matrículas. Esto no detuvo al Gobierno de coalición, pero ahora Riches siente que está viendo el comienzo de algo más.

"Definitivamente hay algo en el aire", dice, mientras sigue ávidamente online los eventos en Nueva York y alienta a los activistas en Estados Unidos a que "ocupen todo".

Lo que está haciendo la revolución de Internet, según algunos expertos, es inaugurar una nueva internacionalización del discurso político.

Como mínimo, las diferentes tendencias de protestas en todo el mundo -muchas motivadas al menos en parte por los problemas económicos- pueden estar produciendo un relato común.

Clay Shirky, profesor de la Universidad de Nueva York y autor del libro "Here Comes Everybody" sobre los cambios sociales provocados por Internet, cree que puede estar pasando algo profundo en la psicología social de una generación.

"Si analizas lo que ha ocurrido en todos lados, hay algún tipo de sincronización psicológica", dijo en una reunión en Washington el mes pasado en el United States Institute for Peace.

"Hay un sentimiento entre los jóvenes de que su generación es diferente. Si una buena cantidad de ellos se comporta así (...) podría haber una especie de cambio generacional como ocurrió en 1967", agregó.

Con retrospectiva, muchos de los jóvenes que protestaron en Occidente y los bloques comunistas en 1967 y 1968 no optaron por una vida muy radical. La mayoría se empleó en trabajos convencionales, formó una familia y se conformó con una vida tradicional.

Pero muchos se preguntan qué pasaría si la actual desaceleración económica resultara más profunda y duradera.

Los primeros indicios sugieren que los manifestantes de Wall Street podrían unirse en el reclamo de una regulación financiera y reformas impositivas para achicar la brecha entre ricos y pobres. Al hacerlo, podrían terminar acelerando tendencias ya visibles.

El mes pasado, el presidente estadounidense Barack Obama repitió la idea del multimillonario Warren Buffett de que los más ricos paguen más impuestos. Incluso antes de las protestas, Goldman Sachs había perdido cerca de un cuarto de su valor en el mercado de acciones por temor a un ajuste regulatorio.

Pero, al mismo tiempo, la crisis financiera también fue un campo fértil para el ascenso del movimiento de derecha Tea Party, que promueve ideas exactamente opuestas: reducir la intervención del Estado en la economía y la sociedad.

En la zona euro, la respuesta de la izquierda contra la austeridad en los países deudores del sur del continente -como Grecia- es compensada por el avance de partidos de derecha y un escepticismo en torno al euro en el norte, donde Alemania, Finlandia y otros estados centrales del bloque se oponen a los rescates.

"Lo que estamos viendo es una pérdida de confianza en las instituciones y su legitimidad porque se considera que no están cumpliendo", dijo Jonathan Wood, analista de asuntos globales de Control Risks.

"Es difícilmente una sorpresa que esté produciendo un grado de parálisis. La política se vuelve muy reactiva y es complejo lidiar con los temas más importantes", agregó.

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