¿Servirán las protestas en Wall Street?

Analistas creen que el movimiento de los indignados es subestimado como un generador de cambio; algunas reformas en Estados Unidos han surgido de movimientos similares en el pasado.

A primera vista, los manifestantes que acampan a las puertas de Wall Street podrían no parecer una receta segura para una reforma. Sin embargo, las manifestaciones del Partido del Té inicialmente no parecían ser un elemento de cambio tampoco.

Ambos grupos, preocupados por el futuro aunque de diferentes maneras, han emergido a medida que los líderes políticos y financieros han fallado en hacer frente a la maltrecha situación financiera del país.

El Tea Party hundió la reforma fiscal, pero puede haber terminado por consolidar un estancamiento político. La protesta de 'Occupy Wall Street' en las calles -de tan sólo un mes de edad- está dando voz y visibilidad a las graves desigualdades, pero aún tiene que idear una fórmula para desafiar al sistema cada vez más estratificado del país.

La protesta 'Occupy Wall Street' "representa una deserción explícita y clara de nuestro liderazgo", dice Nelson Lichtenstein, director del Centro para el Estudio del Trabajo, Empleo y Democracia de la Universidad de California en Santa Bárbara.

"Ellos están buscando una manera de entender su futuro", dice. "De alguna manera, este periodo es peor que la década de 1930, cuando el país tenía capacidades de producción y disfrutaba de un productividad masiva. Pero ahora, el sistema no está sobre una base estructural sólida".

Es demasiado pronto para saber lo que se generará a partir de las protestas de Wall Street, pero algunas reformas nacionales anteriores han surgido de estos movimientos sin guión, dice Rosemary Feurer, una profesora de historia de la Universidad Northern Illinois, que estudia los movimientos laborales y sociales.

El populismo que comenzó a finales de 1890, dirigido contra bancos poderosos, fideicomisos ferrocarrileros y otras élites financieras, requirió décadas para hacer una diferencia, dice. "No fue sino hasta mediados de 1930 que se pusieron límites en Wall Street".

"Los movimientos no comienzan con objetivos y demandas", dice Feurer. "Siempre empiezan con quejas. La clave es que la gente se reúna en forma sostenida".

Al igual que el Partido del Té, que fue nutrido -tal vez incluso puesto en marcha- por republicanos con ideas afines, el movimiento de protesta contra Wall Street podría encontrar su equilibrio sin un liderazgo evidente.

Los sindicatos laborales han expresado su solidaridad con los que se hacen llamar 'el 99%' -incluso llevando café y donas a su campamento en Zuccotti Park- pero se resisten a robar los reflectores y así diluir el mensaje de los manifestantes, de acuerdo con Damon Plata, director de AFL-CIO.

Al aprovechar los sentimientos ampliamente compartidos de que el rescate del sector financiero dañó gravemente al resto de la población, la protesta ha puesto en el centro de la atención nacional el sombrío panorama laboral de Estados Unidos. También ha arrojado luz sobre el fracaso -hasta la fecha- de los políticos para tomar cualquier medida para hacer frente a la agitación generalizada acerca del empleo.

"Ha pasado tanto tiempo desde que este país tuvo una conversación seria acerca de los empleos", dice Mike Davis, profesor de la Universidad de California, Riverside, quien estudia historia económica y movimientos sociales. Pero no hay respuestas fáciles, dice, porque "no existe una política que pueda reponer los 5.5 millones de empleos manufactureros que hemos perdido en los últimos años.

"Mucho dependerá de la capacidad de los manifestantes para extender sus ideas en la estructura de la vida nacional para que no sean vistas como confinadas a las universidades y ciudades de élite", dice Davis, quien fue miembro de la Fundación MacArthur en 1998.

Los movimientos de protesta también podrían desaparecer sin haber logrado un cambio significativo, añade, señalando la masiva manifestación en favor de los derechos de inmigración en 2006 en Los Angeles. Ahora, sólo unos pocos años más tarde, dice, "no ha habido progreso y casi no queda ningún derecho".

Historiadores del empleo y otros comparan a 'Occupy Wall Street' con una serie de movimientos pasados: la Marcha de Bonos en 1932 por los beneficios en efectivo para veteranos de guerra, o el Movimiento por los Derechos Civiles; así como con fenómenos actuales como la rebelión de Wisconsin en contra de la eliminación de derechos de negociación colectiva de los trabajadores, y las protestas por la libertad en la Plaza Tahrir en Egipto, que han tenido diversos grados de éxito.

Pero el movimiento 'Occupy Wall Street', que ha ido creciendo en decenas de otros lugares de Estados Unidos, puede ganar tracción con su lema "somos el 99%", dijo Lichtenstein.

"Hace eco al pasado del siglo XVIII", explica, refiriéndose a los derechos de los dueños de propiedades consagrado en la Constitución de Estados Unidos. Los hombres blancos y con tierras podían votar. El otro 85 o 90% no podía.

"No es sólo una cuestión de ingresos", explica Lichtenstein. "Existía una visión de que había un pequeño grupo de productores virtuosos, como Steve Jobs o Warren Buffett, en el mundo actual", dice, "y había una población parásita del 1% , una idea que se remonta a la época de los británicos".

Los ‘99 por cientos' dicen que se oponen a la pequeña porción de gente que controla alrededor de un tercio de la riqueza del país y alrededor del 20% de sus ingresos. Hasta ahora, la ira contra Wall Street y sus presuntas irregularidades ha avanzado poco, pero los manifestantes han conseguido impactar en el discurso político, afirma William P. Jones, un historiador del siglo XX de la Universidad de Wisconsin, Madison.

"Una semana después de que la protesta comenzara, se estaba hablando de un recargo de los impuestos sobre los ricos. Eso ayuda a enfocar la atención en la dramática concentración de la riqueza", dice.

Ningún titán financiero se ha paseado por Zuccotti Park, por lo que la semana pasada los manifestantes de 'Occupy Wall Street' llevaron su mensaje a las casas en Nueva York del presidente ejecutivo de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, y del industrial multimillonario y financiero del movimiento conservador David Koch, imitando un suceso de los momentos posteriores a la crisis financiera en 2008, en el que algunas residencias de banqueros altamente remunerados fueron escenario de protestas.

Vikram Pandit, el presidente ejecutivo de Citigroup, fue tan lejos como para decir que estaría dispuesto a reunirse con los manifestantes, durante una entrevista esta semana con el jefe de redacción de Fortune, Andy Serwer, pero el momento y lugar aún no han sido establecidos.

Hasta ahora todo ha sido muy civilizado, pero uno de los focos de descontento en todo Estados Unidos -especialmente en los últimos dos años- está a punto de repetirse. Son las impactantes cifras de miles de millones de dólares en efectivo y en bonos de acciones otorgadas anualmente en Wall Street.

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El periodo de entrega por lo general llega después de Año Nuevo, no mucho tiempo después de que varias cartas de despido probablemente lleguen a los escritorios de trabajadores financieros de menor rango de Goldman Sachs, Citigroup y otras grandes instituciones financieras cuyos ingresos han bajado.

Pero incluso en los peores días, los pagos de bonos -con un promedio de alrededor de entre 400,000 y 500,000 dólares por trabajador- son fácilmente 99 veces superiores a cualquier cheque de pago de los manifestantes.

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