Autoridad vive ‘bullying’ bancario en EU

Las financieras, que para nadie merecen el indulto, lucharán para evitar una mayor regulación; deberían contraer ciertos recargos económicos, para evitar desastres como los ya padecidos.
james dimon  (Foto: AP)

No nos engañemos: los grandes bancos estadounidenses no se someterán a las nuevas regulaciones sin antes luchar. 

Hace unas semanas se supo que el CEO de JPMorgan, Jamie Dimon, se alteró tanto durante una reunión con un gobernador del Banco de Canadá que después Lloyd Blankfein, CEO de Goldman Sachs, sintió la necesidad de disculparse vía e-mail con el funcionario regulador. 

Los banqueros tal vez piensen que intimidar a los reguladores detendrá las nuevas normas de capital a las que deberán sujetarse las grandes instituciones, pero es posible que la táctica del bullying no les funcione esta vez.

Y eso es porque las autoridades reguladoras no están solas. La opinión pública tampoco está a favor de indultar a los grandes bancos.

Muchas personas en la comunidad empresarial (incluidos ejecutivos de otras industrias) dudan que, de dejarlo a su criterio, los grandes bancos que dependen de los rescates de la Reserva Federal sean capaces de evitar una repetición de la crisis financiera. Tan es así, que el pasado sábado los ministros de finanzas del G20 ofrecieron su respaldo a un requerimiento para exigir a los grandes bancos más capital, aparte del colchón de capital mínimo que se aplicará en todos los bancos internacionales.  

Aunque algunos de los argumentos que citan los directivos bancarios son razonables -por ejemplo, Vikram Pandit de Citigroup dijo que las nuevas propuestas de capital son un instrumento demasiado burdo, otros sencillamente refuerzan la necesidad de una mayor supervisión a la banca. Por ejemplo, Pandit dice que las nuevas exigencias de capital simplemente alentarían el florecimiento de partes no reguladas del sistema. Pero si los banqueros se conducen con responsabilidad, ellos denunciarían la aparición de esas situaciones y ayudarían a los reguladores a cerrar esas brechas no reguladas, como bien apunta Daniel Indiviglio de la revista The Atlantic

Al rebatir las nuevas reglas, Dimon de JPMorgan dice que los grandes bancos son necesarios para responder a las necesidades de las corporaciones más grandes: la escala es esencial. Si esto es cierto, los banqueros deberían cobrar a esos enormes corporativos por el lujo que supone jugar a esa escala y por el creciente riesgo que supone para otros clientes y para los accionistas. 

Y si bien es posible calificar de burdo al requisito de capital sobre la base de que hay clases particulares de activos, a los banqueros no les importa la inexactitud cuando juega a su favor. En lugar de reforzar su propia gestión de riesgo en las dos últimas décadas, muchos banqueros prefirieron usar los laxos lineamientos regulatorios sobre el capital como una forma para medir el riesgo. Los regímenes regulatorios implican compromiso, y los banqueros lo saben. 

Sin embargo, la propuesta de un recargo de capital para las grandes instituciones con altas concentraciones de riesgo, así como las nuevas directrices de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos de EU, que estudia cobrar por adelantado comisiones a los bancos para su fondo de emergencia, son un asunto aparte. Son el simple reconocimiento de las economías de mercado que existen para los reguladores y los contribuyentes. 

Por su propia escala, los grandes bancos que tienen acceso a los clientes más grandes (a los que no pueden llegar los bancos pequeños) son también los bancos que suponen el mayor riesgo para el sistema financiero si llegan a colapsar. Dado su alcance y sofisticación, estas instituciones demandan una atención extraordinaria de los reguladores. Y al exigir tanta atención de los órganos reguladores, otras debilidades en el sistema financiero quedan desatendidas, un costo que todos pagamos con el tiempo. Por estas razones, los grandes bancos deberían contraer ciertos recargos económicos que desalienten esas escalas desorbitadas por su propio bien, así como las actividades que exigen tanta supervisión de los reguladores

Las exigencias de capital son el reconocimiento económico del costo que estas entidades les suponen a los contribuyentes, quiebren o no.

Los clientes de estos grandes bancos, que son quienes justifican la necesidad de esa escala, deberían pagar por el privilegio. Es economía simple. Sí, los banqueros tal vez necesiten replantear sus modelos de negocio, pero eso es positivo.

Tras la crisis, las grandes instituciones bancarias han hecho menos de que lo esperábamos para demostrar que han cambiado. Los escándalos en torno a los embargos hipotecarios son un ejemplo del fracaso de estos bancos para atajar problemas, a menos que se vean obligados a hacerlo. El hecho de que estos bancos estén cruzados de brazos hasta que se les exija redactar el llamado ‘testamento vital' es otro ejemplo de su indolencia.

En lugar de esperar mandatos y plazos, los bancos podrían contribuir para calmar los mercados e incrementar la confianza si redactaran por su cuenta sólidos testamentos vitales y los transparentaran en la medida de lo posible. 

Un tercer ejemplo de su fracaso es que no tomaron con seriedad las cuestiones sobre compensaciones y riesgos que afloraron tras la crisis.

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En lugar de quejarse por las nuevas regulaciones, los grandes bancos deberían convertirse en ciudadanos ejemplares y abandonar la especulación tipo casino. Entonces, tal vez, será posible que tengan una conversación racional con los reguladores. Si los grandes bancos no quieren que los reguladores intervengan más en sus operaciones, el mejor lugar para empezar es demostrándoles que no necesitan su atención y vigilancia.

* Eleanor Bloxham es CEO de la firma consultora The Value Alliance and Corporate Governance Alliance (http://thevaluealliance.com).

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