Grecia puede aprender de Argentina

Pese a que el país sudamericano tuvo el mayor ‘default’ en la historia, ha visto gran crecimiento; Grecia podría tomar medidas similares para salir de su actual crisis, mas no está exento de riesgos.
protestas argentina 2001  (Foto: AP)
James O’Toole
NUEVA YORK -

Barack Obama, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel acudieron la semana pasada a la cumbre del G20 para intentar estabilizar a Grecia y resolver la crisis de deuda europea. Pero Atenas tal vez termine pidiendo consejo a una fuente inesperada: Argentina. 

Hace una década, en medio de una creciente deuda, una recesión absoluta y un pánico bancario demoledor, Argentina se declaró en suspensión de pagos por 132,000 millones de dólares (mdd), el mayor default de deuda pública en la historia. El país también abandonó la paridad con el dólar, provocando que el valor del peso argentino se desplomara. 

Pero si avanzamos al año 2011, vemos que el país ha disfrutado años de fuerte crecimiento impulsado por sus exportaciones baratas; su PIB creció 9.2% en 2010. 

¿Es esta una solución para Grecia? ¿Puede abandonar sus deudas y una opresiva paridad monetaria -en este caso, el euro- y usar sus exportaciones baratas para impulsar su economía?

Esta fórmula le funcionó a Argentina, y seguramente le parece más atractiva a muchos griegos que años de medidas austeras constantes. No obstante, los economistas advierten que la opción plantea numerosas dificultades.

El primer ministro griego, George Papandreou, sorprendió a los mercados la semana pasada al anunciar sus planes para someter a referéndum el rescate internacional a Grecia, llamándolo "una pregunta de si queremos o no estar en la zona euro". Más tarde reculó, pero todavía existe el riesgo de que los recortes al gasto y las quitas aplicadas a la deuda helena no sean suficientes para que Grecia continúe en la eurozona y haga frente a su abrumador endeudamiento. 

Entonces, ¿cuál sería el siguiente paso? 

"Algo parecido a lo que hizo Argentina. Tienen que emitir una nueva moneda", opina Paul Blustein, investigador de la Brookings Institution.

Argentina vinculó su divisa al dólar estadounidense en 1991, a un cambio de un peso por un dólar, con el fin de controlar la inflación y estabilizar a sus bancos. Pero hacia finales de 2001, tras años de recesión, los argentinos perdieron la confianza en su sistema financiero y realizaron retiros masivos de sus depósitos bancarios. El Gobierno se vio obligado a restringir severamente el retiro de efectivo y las transferencias de dinero fuera del país, políticas conocidas como "el corralito". 

"Eso tuvo un efecto demoledor en la economía, pues la gente no podía tomar su dinero", comenta Blustein. 

La economía monetaria, que utiliza el dinero como medio de intercambio, aquella en la que dependen los empleados con salarios bajos, se paralizó, al igual que las nuevas inversiones. Las protestas inundaron las calles de Buenos Aires, y hubo 27 muertos. 

Incapaz de proporcionar los dólares necesitados para respaldar los depósitos bancarios, el Gobierno anunció el fin de la paridad con el dólar, causando que muchos argentinos perdieran grandes cantidades de sus ahorros. Dejado para que fluctuara libremente en el mercado, el peso finalmente perdió dos tercios de su valor, mientras que el PIB se desplomó 11% en 2002 y la tasa de desempleo alcanzó el 25%. 

Grecia podría esperar trastornos similares si abandona el euro, opinan analistas, además del caos que una decisión así pudiera provocar en el resto de Europa y en los mercados financieros del mundo. 

Para empeorar las cosas, Argentina al menos tenía pesos en circulación, pero Grecia tendría que acuñar nuevas monedas y esperar a que su valor se estabilice. Cualquier persona con depósitos bancarios buscaría mover su dinero a otros bancos de la eurozona antes de que se aplicara una conversión de divisas.

Camino a la recuperación: Para Argentina, la conversión monetaria fue traumática, pero no tardó mucho tiempo en recuperarse. Para 2003, su PIB había subido a 9%, y se mantuvo así por varios años gracias a las exportaciones estimuladas por un peso débil y a un alza mundial en los precios de los commodities

El país sudamericano escapó a sus masivas deudas simplemente renunciando a ellas, esperando cuatro años antes de negociar el pago parcial con una gran pérdida para los acreedores. Las batallas legales continúan hasta la fecha en tribunales de todo el mundo para recuperar partes de la deuda, lo que ha excluido a Argentina de los mercados de crédito.

Los bancos griegos -los mayores tenedores de obligaciones de deuda pública helena- muy probablemente colapsarían si Atenas incurre en un default desordenado. Con todo, al Gobierno de Grecia podría serle más fácil que a Argentina el renegociar sus deudas y convertirlas en una nueva divisa, opina Hans-Joachim Voth, profesor de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona. "La mayoría de los bonos griegos fueron emitidos bajo la ley griega, así que sólo pueden cambiarla, mientras que Argentina había emitido bonos en Nueva York y Londres", explica. 

Pero la parte crucial de la recuperación argentina -aprovechar sus exportaciones más baratas- no será tan fácil para Grecia. Mientras el país sudamericano cuenta con robustos sectores agrícola y manufacturero, así como abundantes recursos naturales, Grecia ofrece poco al consumo extranjero más allá del transporte marítimo y el turismo.

Sin importar la forma en que Grecia resuelva su crisis de deuda, las autoridades continuarán enfrentando muchos desafíos similares a los que Buenos Aires afrontó hace una década. "Pienso que los paralelismos son bastante impresionantes", señala Blustein. 

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"Un país tiene que decidir, ¿vamos a someternos a años y años de austeridad y tal vez al final ni siquiera seamos capaces de evitar este terrible escenario, o atravesamos en el corto plazo un tremendo sufrimiento y luego intentamos levantarlos y limpiarnos el polvo?".

 

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