Berlusconi se va, los problemas siguen

Los problemas de Italia no terminan con la salida del funcionario, pues urge un plan de austeridad; la nación ha podido sobrevivir gracias a su posibilidad de vender altos niveles de deuda.
Berlusconi  (Foto: Cortesía Fortune)
Cyrus Sanati

La potencial renuncia del primer ministro italiano Silvio Berlusconi no es la solución a los profundos problemas económicos que sufre Italia y el resto de Europa. Si bien los mercados han respondido positivamente a los informes de la salida del dirigente que más tiempo ha gobernado Italia después de Mussolini, todavía hay muy pocos inversionistas privados dispuestos a comprar deuda italiana, lo que ha disparado el rendimiento de los bonos italianos a su nivel más alto desde que el euro comenzara a circular.

El caos político que atraviesa Italia, como el que vive Grecia, no sorprende a los operadores de valores o ‘traders' familiarizados con los mercados del sur de Europa. El destino de Italia no sólo se decide en Roma, también en Bruselas, donde los tecnócratas de la eurozona intentan preparar un elixir para la crisis de deuda soberana de la región. Por desgracia, la disfunción política que ha atenazado a Roma también ha paralizado a la Unión Europea. Ambos necesitan atajar con seriedad sus respectivos problemas políticos antes de que el mercado los elimine de sus libros. 

Berlusconi no logró obtener la mayoría absoluta el pasado martes en un voto parlamentario sobre el presupuesto, una negativa que se convirtió de facto en un voto de no confianza en su liderazgo del estado italiano. El partido opositor principal se abstuvo de votar en un intento por dejar de manifiesto las fracturas en la coalición política de Berlusconi. A la votación le faltaron 8 votos para lograr la mayoría parlamentaria, fijada en 316 escaños. Aunque el presupuesto fue aprobado, pues no hubo votos contra la medida, fallar la mayoría absoluta ha puesto en duda el futuro político de Berlusconi.

La votación y sus implicaciones son sólo uno de los espectáculos secundarios en la crisis de deuda soberana europea. Si bien un resultante vacío de poder y un Gobierno interino conformado por tecnócratas no es la mejor opción para Italia en esta coyuntura crítica en la historia económica del país, probablemente tampoco implique un desastre.  

Pero la salida de Berlusconi tampoco es la respuesta a las tribulaciones de Italia. Aunque parezca que el multimillonario a veces está más interesado en promocionar su próximo disco de canciones de amor que en resolver la crisis fiscal de la nación, los problemas de Italia preceden a su administración. Todavía deben aprobarse duras medidas de austeridad si el país quiere recibir más ayuda del fondo de rescate europeo y del Banco Central Europeo. Berlusconi ya ha aprobado algunas medidas restrictivas que han colocado al país en el rumbo correcto, pero el errante navío aún no llega a buen puerto.

El verdadero problema con Italia no es su liderazgo; después de todo, el país ha funcionado pese a haber tenido más de 60 diferentes gobiernos en la era de la posguerra. Los italianos están acostumbrados a los cambios constantes de autoridad y el país, de alguna manera, se ha mantenido como un motor económico de Europa. Su economía de "viejo mundo" ha conseguido elevar a la ciudadanía a un estilo de vida que nadie hubiera imaginado unas generaciones atrás, cuando millones de italianos desesperados emigraban del país en busca de una vida mejor en sitios como Estados Unidos y Argentina.

Una importante razón gracias a la cual Italia ha podido vivir "La Dolce Vita" en todos estos años ha sido su posibilidad de vender deuda, mucha deuda. Italia alberga el cuarto mercado de deuda más grande del mundo, con 1.8 billones de euros. El disminuido poder económico del país ha comportado que tuviera que pedir prestado más y más dinero para mantener su estilo de vida. La deuda pública italiana, en relación a su PIB, se ubica hoy en un alarmante 120%, cifra sólo superada por Grecia, cuya deuda asciende a 140% del PIB. 

Este elevado ratio de deuda pública sobre el PIB nunca supuso realmente un problema hasta fechas recientes. Como un consumista derrochador con varias tarjetas de crédito a interés bajo, Italia solamente seguía pidiendo más y más aumentos a su línea de crédito cuando necesitaba dinero rápido. Pero cuando la era del dinero fácil terminó con la crisis crediticia, las cosas comenzaron a ponerse difíciles. Como su deuda soberana estaba muy bien calificada, pudo atraer capital a sus mercados de deuda; solamente tenía que ofrecer a los inversionistas un rendimiento más alto. 

Esta es la raíz de los problemas actuales de Italia. Desde junio, grandes fondos de pensiones y otros compradores han rehuido a la deuda italiana, obligándola a ofrecer intereses todavía más altos por sus títulos de deuda. Esto planteaba un problema para un modelo económico basado en la convicción de que la nación podía pedir prestado y refinanciar su deuda a bajas tasas de interés ad infinitum. Si tuviera que pagar tasas de interés altas, la nación terminaría quebrando. 

Banqueros centrales al rescate

Por suerte para Italia, el Banco Central Europeo (BCE), respaldado por todos los miembros de la eurozona, vino a su rescate. Cuando los inversionistas dejaron de comprar deuda italiana este verano, el BCE intervino y compró bonos italianos en los mercados secundarios. Esta injerencia sin precedentes y legalmente cuestionable del BCE contribuyó para que el rendimiento de los bonos italianos se ubicara en niveles más razonables. El BCE dijo que la intervención fue una "medida de emergencia" y que la suspendería una vez que se estableciera la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). 

Tras varios meses de negociaciones políticas, el ampliado Fondo de Estabilidad fue aprobado por todos los miembros del bloque el pasado octubre. Poco después, el BCE reiteró que dejaría de respaldar la deuda soberana y transferiría esa labor de compra de bonos al FEEF.  

El mercado no recibió bien la noticia. Los rendimientos de los bonos italianos no han dejado de aumentar desde que el BCE hizo ese anuncio y han continuado su ascenso incluso después de que las naciones de la eurozona acordaran incrementar la capacidad del FEEF.

Entretanto, el BCE ha seguido comprando deuda italiana. La semana pasada, el Banco compró alrededor de 9,500 millones de dólares en títulos de deuda italiana, el doble de lo que compró la semana previa. Sin la continua intervención del BCE, el rendimiento de los bonos italianos se hubiera disparado probablemente hasta los dos dígitos, estiman los operadores de títulos europeos. Dada la incertidumbre en el mercado, todavía hay muy poca demanda privada por los papeles italianos. Al mismo tiempo, los informes sobre un cambio en el Gobierno, sumados a la amenaza de que el BCE suspenda la ayuda, provocaron que el rendimiento de los bonos italianos tocara máximos históricos el martes anterior, ubicándose en 6.74%. 

Este altísimo e insostenible rendimiento de la deuda italiana es el mensaje que el mercado manda a Roma y a Bruselas: todavía no creemos en ustedes. No cree que el Gobierno italiano (encabezado por Berlusconi o por tecnócratas) aplique los cambios necesarios, no sólo para ordenar su situación fiscal, sino para encaminar al país a la prosperidad. No cree que el FEEF pueda impulsar el mercado de deuda de Italia, así como el de Grecia, Portugal, Irlanda y España, todo por sí solo. Y tampoco cree que funcione un nuevo plan para aumentar el FEEF mediante ingeniería financiera. El FEEF no tiene la capacidad para absorber tanta deuda y al mismo tiempo apoyar a los países periféricos de la zona euro.

La Unión Europea e Italia necesitan que el mercado privado confíe en ellos otra vez. Y para que eso suceda, hay que ofrecerles más a los inversionistas que meros malabares financieros y canciones cursis de amor.

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