El desafío final del Congreso de EU

El número de políticas por expirar y de recortes al gasto para entrar en vigor en el 2012 es enorme; si el Congreso no logra un acuerdo, los impuestos de los estadounidenses aumentarían abruptamente.
Congreso EU  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Jeanne Sahadi
NUEVA YORK -

El Congreso de Estados Unidos suele esperar hasta el último minuto para resolver los grandes temas, así que diciembre suele ser un mes bastante activo en el Capitolio. Este año no será la excepción. Tampoco el próximo.

En el transcurso de este diciembre, por ejemplo, los legisladores tendrán que decidir, entre otras cosas, si extender o no la reducción al impuesto sobre la nómina; los beneficios a los desempleados de largo plazo; la provisión que previene el recorte a los salarios de los médicos de Medicare; el incentivo del impuesto mínimo alternativo y una serie de exenciones fiscales a las empresas.

Pero esa lista -que equivale a menos de un billón de dólares- se verá pequeña en comparación con las decisiones fiscales por 5 billones de dólares que quedarán pendientes de que el Congreso resuelva durante las siete semanas comprendidas entre la elección presidencial -el 6 de noviembre- y la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 2012.

¿Los principales temas en esa futura agenda? La expiración de las exenciones fiscales implementadas en la administración Bush y la inminente ejecución de los recortes automáticos al gasto, que muchos quieren modificar. Y para añadirle más color a estas decisiones habrá, desde luego, dos factores impredecibles: el estado que tendrá la economía estadounidense y quién ganará el control de la Cámara de Representantes, del Senado y, claro, de la Casa Blanca. 

Además, las decisiones que tomen los legisladores este año respecto a la extensión de las numerosas provisiones a punto de expirar, tal vez se añadan a la lista de pendientes que afrontarán los congresistas a fines de 2012. 

"La cantidad de políticas por expirar y de recortes al gasto programados para entrar en vigor en los próximos años es enorme, y el riesgo de un impasse político no consiste solamente en que el Congreso no logre aprobar reformas fiscales de largo plazo, sino que también fracase en extender las políticas actuales y, con ello, lastre más el crecimiento", advirtió Goldman Sachs en un informe.

Exenciones impositivas de la era Bush: Si el Congreso no logra un acuerdo, los recortes fiscales de 2001, 2003 y 2006 expirarán al término de diciembre de 2012. Si expiran, los impuestos aumentarán para la mayoría de los estadounidenses y el incremento de la recaudación en las arcas federales mejoraría enormemente el panorama del déficit en la próxima década. 

Sin embargo, muchos temen que una subida abrupta en los impuestos pueda perjudicar a la economía si ésta aún sigue débil. Otros dicen que un alza impositiva generalizada no es la forma más eficiente para reducir el déficit. En cualquier caso, la mayoría de los republicanos quiere que las exenciones fiscales sean permanentes, mientras que muchos demócratas quieren que sean permanentes para todos, salvo para las familias de altos ingresos.

Si se ratificaran o extendieran todas las exenciones, se estima que la recaudación pública se reduciría en 3.7 billones de dólares en el lapso de una década. Si únicamente se extendieran gran parte de las exenciones, los ingresos fiscales se reducirían en tres billones de dólares. 

En teoría, el Congreso podría usar el 2012 para negociar un acuerdo sobre una reforma fiscal que, de hacerse bien, pondría fin a la problemática de los recortes impositivos de la era Bush. Sin embargo, la mayoría de los expertos en política fiscal no esperan que los legisladores unan fuerzas para concretar una reforma del código fiscal antes del 2013, por muy pronto.

Y en efecto, viendo cómo las divisiones partidistas en torno a los recortes fiscales de Bush contribuyeron a descarrilar la misión del Súper Comité de deuda, el camino hacia una reforma fiscal real tal vez sea largo. 

Recortes automáticos al gasto: Dado que el Súper Comité fracasó en lograr un acuerdo, la Ley de Control del Presupuesto (Budget Control Act), aprobada el pasado agosto, demanda que se activen recortes automáticos al gasto público a partir del 2 de enero de 2013, a fin de reducir el déficit en 1.2 billones de dólares en nueve años.

El Súper Comité anunció oficialmente su fracaso la semana pasada. Eso da a los legisladores estadounidenses 13 meses para detener los recortes automáticos, de quererlo. Y muchos así lo quieren, en especial los republicanos y algunos demócratas que temen el impacto que esos recortes presupuestales puedan tener en el Departamento de Defensa. 

Sin embargo, las agencias de calificación crediticia han dejado claro que habría consecuencias negativas para la calificación de Estados Unidos si los legisladores simplemente cancelan algunos de los recortes y no los compensan con otras reducciones presupuestales. 

Desde luego, el Congreso podría optar por usar los próximos 13 meses para elaborar un plan bipartidista de reducción del déficit que ascendiera a 1.2 billones de dólares o más. 

Es muy probable, de cualquier forma, que el presidente Barack Obama presione para un 'gran pacto' en febrero, cuando presente ante los legisladores su propuesta presupuestaria para 2013. 

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"Espero que sea ambicioso, un plan que reduzca el déficit en 3 o 4 billones de dólares", señala Stan Collender, experto en presupuesto.

Pero como sucede con casi todos los planes presupuestarios presidenciales, el Congreso no adoptará el paquete íntegro, ni siquiera necesariamente una parte.

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