Obama: viejas políticas, nueva retórica

El presidente de EU hizo referencia a la equidad social en un discurso de campaña, sin propuestas; adoptó la retórica de la desigualdad de ingresos, y trazó un plan para reconstruir a la clase media.
presidente obama elecciones.jpg  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Charles Riley
NUEVA YORK -

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, viajó al corazón republicano de Kansas el martes pasado, donde presentó a los estadounidenses una 'opción': una "oportunidad justa" con él, o regresar a una "economía de cada quien ve por sí mismo".

Obama adoptó firmemente la retórica de la desigualdad de ingresos, y trazó un plan para reconstruir a la clase media.

"Este es un momento determinante para la clase media, y para todos aquéllos que están luchando por entrar en la clase media", dijo Obama. "Está en juego si éste será un país donde los trabajadores puedan ganar lo suficiente para criar una familia, construir un ahorro modesto, ser dueños de una casa y asegurar su jubilación".

El problema es que su plan era bastante escaso de detalles.

El tan 'cacareado' discurso fue realizado en Osawatomie, la misma ciudad donde Teddy Roosevelt defendió su "Nuevo Nacionalismo" -un plan para una amplia reforma social y económica- hace más  de 100 años.

Toda la ‘pompa y circunstancia' invita a las comparaciones entre Roosevelt -el hombre que prometió a los estadounidenses "un trato equitativo"- y Obama.

Eso no es casualidad. El discurso de Roosevelt "realmente marcó el rumbo del siglo XX", dijo el secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, el martes.

No hay presión.

Para la ocasión, el mandatario hizo referencia a los principales temas de campaña y evocó el lenguaje de la desigualdad de ingresos que se ha convertido en el sello distintivo del movimiento Occupy Wall Street.

Una gran idea: equidad.

Obama usó la palabra "justo" o "equidad" un total de 15 veces, al defender un país donde todos tengan las mismas oportunidades.

"Estoy aquí para reafirmar mi profunda convicción de que somos más grandes unidos de lo que somos por nuestra cuenta", dijo Obama. "Creo que este país tiene éxito cuando cada uno tiene una oportunidad justa, cuando todos hacen la parte que les corresponde, y cuando todo el mundo juega bajo las mismas reglas".

¿Cómo sucederá eso? Bueno, de acuerdo con el mandatario, siguiendo sus recomendaciones políticas, y evitando las de la oposición.

Los republicanos se han negado a subir los impuestos a los ricos, dijo. Los republicanos han bloqueado su candidato para jefe de la nueva agencia de defensa del consumidor. Y han abogado por una regulación y supervisión débil.

"Simplemente no podemos volver a esta marca de una economía en la cada quien ve por sí mismo, si nos tomamos en serio el cómo reconstruir la clase media en este país", enfatizó Obama.

El presidente dijo que Estados Unidos tiene que invertir en educación, y desarrollar un compromiso con la ciencia, la investigación y la manufactura de alta tecnología que ayudarán a ganar la "carrera hacia la cima".

Obama habló ampliamente acerca de la necesidad de los bancos de ayudar a los propietarios a refinanciar sus hipotecas, y dar a los desempleados más tiempo para buscar trabajo sin perder sus hogares.

Mencionó que la reforma a largo plazo del código fiscal es necesaria, una convicción compartida por muchos republicanos.

Lo que el presidente no ofreció fue una serie de reformas específicas que harían a Estados Unidos más equitativo.

Eso muestra un agudo contraste con Roosevelt.

"Cuando digo que estoy por el trato justo", dijo Roosevelt en 1910, "quiero decir que no sólo respaldo el juego limpio bajo las actuales reglas del juego, sino que busco cambiar esas reglas con el fin de trabajar por una igualdad más sustancial de oportunidades y de recompensa por un servicio equitativamente bueno".

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Para Roosevelt, las reformas tomaron la forma de una jornada laboral de ocho horas, un salario mínimo para las mujeres, una amplia red de seguridad social y un sistema tributario progresivo.

Mientras tanto, Obama, que se ha visto limitado por un Congreso recalcitrante, se redujo a defender una propuesta política concreta -una extensión de la exención del pago de impuesto sobre la nómina- que meramente extendería una política actual.

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