Wall Street, una prosperidad incierta

La industria financiera es asediada por manifestantes, un crecimiento lento y nuevas regulaciones; para volver a tener éxito, las grandes firmas de EU deben sufrir una dolorosa transformación.
protestas en eu.jpg  (Foto: CNN)
Geoff Colvin

El lado más brillante del cataclismo financiero no fue fácil de ver a finales del 2008 -la crisis estaba en su apogeo, y nadie sabía si el 'Armagedón' estaba por venir- pero Barney Frank se mostraba optimista. Le dijo a un grupo de presión de consumidores: "el próximo año será, creo, el mejor año para la política pública desde el New Deal".

Para cualquiera en Wall Street, ese alegre pronóstico del orgulloso presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes del Gobierno no era una buena noticia.

Frank sólo se había equivocado acerca del tiempo: hubo que esperar hasta el 2010 para promulgar la ley Dodd-Frank, la regulación más radical de Wall Street desde el New Deal (con su mayor logro consumado, Frank recientemente anunció que no buscará la reelección el próximo año). La nueva ley es tan amplia, que casi equivale a toda la regulación federal de los servicios financieros de los últimos 75 años.

Eso por sí solo habría transformado a la industria, pero se podría decir que es parte de un golpe doble. El otro elemento es un terrible ambiente económico: un crecimiento lento en Estados Unidos, una desaceleración del crecimiento en Asia, y una crisis europea tan grave que, por lo que sabemos, el Armagedón podría estar arrastrándose sobre nosotros otra vez.

Combina estas fuerzas, y verás que Wall Street está en un lugar muy distinto del que ocupaba hace tres años. Los cambios provocan reacciones mixtas entre los inversionistas e incluso entre los clientes, quienes se supone deben beneficiarse de la reforma regulatoria masiva. Aunque las nuevas normas están lejos de completarse, Wall Street ya se está volviendo más pequeño y menos aventurero.

También está siendo despreciado. Puede que los 'indignados' hayan comenzado a dispersarse, pero la furia que los impulsó no ha desaparecido. El más reciente Barómetro de Confianza elaborado por Edelman, una empresa de comunicaciones, considera que los tres sectores que reciben menos confianza en el mundo son los seguros, la banca y los servicios financieros: Wall Street.

El problema más inmediato de la industria, incluso peor que su mala reputación, es el terrible clima de negocios. "Las grandes empresas están sobreextendidas, hinchadas en regiones que se están reduciendo", dijo Meredith Whitney, la analista que pronosticó el desastre subprime en 2007. "En años pasados, entre el 70% y el 80% de los ingresos de Wall Street provenía de Estados Unidos y Europa. Ambos continentes están en el proceso de desapalancarse de varios años. Las empresas tienen vientos huracanados en contra de ellas".

Las actuales tasas de interés ultra bajas son otro dolor de cabeza, un hecho que sorprende a muchas personas. Algunos piensan que la Fed está manteniendo las tasas bajas con el fin de rescatar a los bancos, al permitirles obtener fondos a bajo costo. El problema es que las tasas a las cuales los bancos prestan esos fondos también están tocando récords mínimos. El diferencial entre las tasas produce lo que los banqueros llaman margen de intermediación, y "es muy difícil ganar en este entorno", dice un ex ejecutivo de uno de los principales bancos. Eso es especialmente doloroso porque "va directamente al balance". A muchos ejecutivos de Wall Street ciertamente les encantaría ver un alza en las tasas a largo plazo.

La agitación regulatoria, por su parte, es sólo el comienzo. La Ley Dodd-Frank requiere que cientos de nuevas normas sean escritas, y Washington está muy atrasado en su calendario; en parte porque Wall Street está presionando agresivamente para dar forma a esas reglas. Puedes esperar que pasen entre dos y cinco años antes de que terminen. Para ver qué es lo que está tomando tanto tiempo, y por qué Wall Street está nervioso por lo que viene, considera la nueva regulación con el perfil más alto de todos: la trascendental regla Volcker.

El concepto se puede decir en una frase corta: los bancos no pueden negociar por cuenta propia. En la práctica, el actual proyecto tiene 288 páginas e incluye más de 1,000 preguntas que los bancos y cualquier otra persona podrían responder. La Corporación Federal de Seguro de Depósitos estadounidense (FDIC) anunciará una regla final en algún momento del próximo año. Entonces los bancos y la FDIC podrán comenzar a discutir sobre lo que significa.

En su redacción actual, la Regla Volcker es un radical "cambiador de juego", dice Whitney. Más allá de la prohibición de las operaciones por cuenta propia, por ejemplo, los bancos ya no pueden mantener valores en el inventario sobre la posibilidad de que un cliente pueda quererlos; un cliente primero debe indicar la intención de comprarlos. "No puedo tener nada en el caso de los productos lácteos. Cuando tú ordenes, tengo que salir a buscar la vaca", dice Whitney. Y eso "frena el negocio dramáticamente".

Y así lo harán también otras nuevas normativas, especialmente los mayores requerimientos de capital que los reguladores están imponiendo. Los efectos de la totalidad de los nuevos órganos reguladores creados por la ley Dodd-Frank son, en su mayor parte, desconocidos. El Consejo de Supervisión de Estabilidad Financiera apenas se está creando. La Oficina de Protección Financiera del Consumidor no cuenta todavía con un director. Éstas, y los cientos de nuevas reglas aún por escribir, acortarán el alcance de Wall Street y obstaculizarán su velocidad. Eso es lo que están destinadas a hacer.

¿Cuál es el modelo de negocios de Wall Street en un mundo como ése? La frase que sigo oyendo es "volver al futuro" -ganar dinero por tarifas de financiamiento, asesoramiento de fusiones y adquisiciones, y gestión de inversiones en lugar de operaciones por cuenta propia con alto grado de apalancamiento-. Buenas noticias para los individuos con alto valor neto: sentirás mucho más 'amor'.

"Cada una de estas empresas está mirando hacia la gestión de riqueza", dice un ex alto ejecutivo de una de ellas. No es de extrañar: es un negocio de alto rendimiento y baja volatilidad. Pero construirlo es difícil porque los clientes adinerados son mucho más apegados a sus asesores que a las empresas que esos asesores representan. Reclutar y desarrollar un ejército de asesores de alta calidad tomará tiempo.

Un desafío más grande para Wall Street es que su terreno ya no es el centro del universo financiero. En 2005, cinco de los 10 bancos más valiosos del mundo eran estadounidenses, incluyendo a cuatro de los cinco primeros, liderados por el número uno -Citigroup- y el número 2 -Bank of America-; ninguno de los 10 principales eran chinos. Hoy en día, cuatro de los 10 principales bancos son chinos, liderados por el número 1 -Industrial & Commercial Bank of China- y el número 2 -China Construction Bank-. Sólo cuatro son estadounidenses; el más valioso de ellos es Wells Fargo, en el cuarto sitio. David Rubenstein, director gerente de la enorme empresa de capital de riesgo Carlyle Group, plantea algunas preguntas clave: "¿Sigue siendo capaz Estados Unidos de dominar los mercados financieros globales? Éramos 46% del PIB mundial en 1960, ahora estamos un 21%. ¿Podemos tener prácticamente 100% de los bancos de inversión del mundo?"

La respuesta (no) es obvia. En términos más generales, Wall Street tiene que cambiar de manera dolorosa. Las grandes empresas, gloriosamente rentables hace algunos años, no están ganando su costo de capital. Están quebrando, y todo el mundo parece estar de acuerdo en su futuro a corto plazo: rendimientos más bajos y menos ganancias. Las empresas tienen que hacerse más pequeñas, recortar gastos, vivir menos a lo grande, pagar menos a la gente. Los días de gloria han terminado.

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Pero espera un momento. Los días de gloria de Wall Street terminan cada 10 años; tan preciso como un reloj. Se terminaron al final de los años 70, tras una década de estancamiento del mercado; de nuevo a finales de los años 80, cuando las absorciones y compras apalancadas se desvanecieron; al final de los años 90, con el estallido puntocom; y ahora con el desastre subprime. Cada vez, Wall Street vuelve a aparecer en nuevas formas que nadie imaginaba.

Ese patrón es esperanzador para las compañías. Para Barney Frank y las legiones de nuevos reguladores que él ayudó a crear, es preocupante.

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