Mario Draghi, ¿el salvador del euro?

Con el bloque cerca de una recesión, el jefe del BCE tiene la tarea de evitar un colapso financiero; los préstamos de tres años a la banca son ya una medida de Draghi para salvar al bloque europeo.
mario draghi  (Foto: AP)
John Cassidy

¿Quién será la persona más importante para la economía en 2012? ¿El presidente Barack Obama? ¿Mitt Romney? ¿Ben Bernanke? Yo voto por Mario Draghi, quien asumió la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). Aunque es prácticamente desconocido para los estadounidenses, el tecnócrata italiano podría surgir como el salvador del sistema financiero mundial o como su involuntario asesino. Aunque el desempleo remite y la confianza vuelve, una cosa que podría descarrilar la recuperación de Estados Unidos es un estallido en Europa que atrape a los bancos de Wall Street y cimbre los mercados. Draghi será una pieza clave para impedir esa calamidad. Como Bernanke en la crisis de las hipotecas subprime en 2008-09, su trabajo es apuntalar el sistema, proporcionándole suficiente liquidez para evitar un colapso de las entidades más vulnerables, y darle a Angela Merkel, canciller alemana y líder de facto de Europa, más tiempo para atajar el problema de la deuda. "¿Puede salvarse el euro sin una intervención más activa del Banco Central Europeo? Creemos que no", advirtió la semana pasada David Riley, responsable de las calificaciones soberanas en Fitch.

Al anunciar el mes pasado que el BCE entregaría a los atribulados bancos europeos préstamos ilimitados con vigencia de hasta tres años, Draghi desactivó la crisis de financiamiento que muchas instituciones financieras encaraban. En conjunto, los bancos asumieron más de 500,000 millones de euros en préstamos; y hoy tienen más liquidez de la que imaginaron. El BCE también flexibilizó los términos bajo los cuales acepta activos financieros como garantía o colateral. Eso permite que instituciones con elevada exposición, como Commerzbank y Société Générale, puedan colocar algunos de sus activos más tóxicos, incluidas las deudas soberanas de naciones vulnerables, en la hoja de balance del Banco Central, obteniendo a cambio dinero.

El BCE está cumpliendo su labor como acreedor de último recurso para el sistema financiero europeo. ¿Pero podrá Draghi ofrecer un apoyo similar a los acosados gobiernos europeos, como los de Madrid y Roma? Su postura oficial es que no lo hará, pero mi consejo es el siguiente: observemos lo que Draghi hace, no lo que dice.

En el verano de 2008, un mes antes de la caída de Lehman Brothers, escuché hablar a Draghi, quien entonces presidía el Banco Central de Italia, en una conferencia de la Reserva Federal estadounidense, y quedé impresionado. Demostró un dominio de la economía, los mercados financieros y la importancia de la rápida actuación de los bancos centrales. También es un astuto operador político, pasó seis años en el Banco Mundial y una década en el Tesoro italiano.

A los políticos europeos les gustaría que el BCE asumiera parte de los costos de ulteriores reestructuraciones de deudas soberanas -que parecen inevitables- a fin de que éstas no provoquen la furia de la población, y eso ocurriría si el Banco Central comprara bonos que son posteriormente reestructurados. Draghi y los otros directivos del BCE preferirían, a su vez, que la responsabilidad recayera en el nuevo fondo de rescate, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que será controlado por los políticos. El problema es que ese fondo no es lo suficientemente grande (su capacidad de préstamo tiene un techo de 500,000 millones de euros) y no entrará en operaciones hasta el verano próximo.

¿Podrá encontrarse un acuerdo que tranquilice a los mercados? Al menos una parte ya se pone en práctica. Gracias a las subastas de préstamos a tres años, los bancos pueden pedir prestado al BCE a una tasa muy baja y usar ese dinero para comprar bonos soberanos que pagan cupones más altos. Desde que esos nuevos préstamos fueron anunciados, los rendimientos de los bonos gubernamentales de corto plazo en Italia, España y Bélgica han caído considerablemente. Aparte de financiar indirectamente la compra de bonos soberanos, pienso que el BCE en breve los comprará directamente, si bien en términos oficiales no será descrito como un rescate. Ahora que Europa se aproxima a una dura recesión, la intervención del BCE formará parte de una política de flexibilización cuantitativa en la cual el Banco Central imitará las acciones de sus pares en Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Pero como Draghi cuestionó antes la eficacia de esa política monetaria, habrá de explicar su cambio de postura. Sin embargo, los próximos cambios en la directiva del BCE le darán al italiano cierta libertad de movimiento. Y con la poderosa Alemania también encaminándose a la crisis, tal vez los buenos ciudadanos de Sajonia y Bavaria moderen sus críticas contra Draghi por devaluar la divisa.

Aquí en Estados Unidos somos observadores interesados. Cualquier cosa que Draghi haga para evitar que se repita la crisis de 2008 será bienvenida.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 6 de febrero de 2012.

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