Plan de Obama subirá déficit a 6.4 bdd

La Oficina de Presupuesto aseguró que la iniciativa elevaría en ocho puntos la deuda pública; el Congreso podría acordar ampliar los recortes de la era Bush o reducir el gasto público.
obama señalando  (Foto: AP)
Jeanne Sahadi
NUEVA YORK -

Los legisladores estadounidenses recibieron el viernes pasado la evaluación oficial que la Oficina de Presupuesto del Congreso hizo sobre el plan presupuestario del presidente Barack Obama para el año 2013.

La Oficina de Presupuesto (CBO, por sus siglas en inglés) concluyó que la propuesta del presidente aumentaría menos la deuda del país si los congresistas ratifican una serie de políticas tributarias ventajosas, como los recortes impositivos aprobados en la administración Bush. El plan de Obama también reduciría el déficit anual hasta el punto en que ya no crezca más rápido que la economía.

Y, pese a todo, los niveles de deuda al término de la década bajo el plan de Obama seguirían estando muy por encima de la zona de confort. Pues el presupuesto del presidente sumaría 6.4 billones de dólares al déficit entre 2013 y 2022, dijo la CBO.

Bajo el llamado escenario fiscal alternativo, donde el Congreso simplemente prorroga o extiende una serie de políticas fiscalmente favorecedoras, el déficit acumulado ascendería a casi 11 billones de dólares.

Las propuestas del presidente elevarían la deuda pública hasta representar el 76% del  Producto Interno Bruto (PIB) al final del periodo medido, por encima del 68% del año pasado. La deuda pública incluye los bonos estadounidenses adquiridos por inversionistas, pero no incluye el dinero adeudado a los fondos fiduciarios del gobierno, como el seguro social y Medicare.

Organismos independientes dedicados al control del déficit han exhortado a los legisladores para que ideen un plan de reducción de la deuda que la disminuya a por lo menos el 60% del PIB para finales de la década.

El presupuesto presentado por Obama no consigue esa reducción porque no aborda adecuadamente los costos de los programas sociales, como Medicare. En esa línea, el mandatario ha abogado públicamente por la realización de un "gran pacto", que  involucraría recortes a los programas sociales y a otros gastos, así como aumentos en los impuestos, para reducir el endeudamiento del país. Sin embargo, las tensas negociaciones con los republicanos de la Cámara se derrumbaron durante el verano.

El análisis de la CBO demuestra que el presupuesto del presidente terminaría estabilizando la deuda - es decir, el déficit del país dejaría de crecer más rápido que la economía.

En su propuesta, el déficit anual se reduciría a 2.5% del PIB en 2017 - muy por debajo del 8.1% proyectado para este año. Pero subiría a 3% en 2022. Y salvo que haya más planes significativos de reducción de la deuda, el déficit a partir de entonces seguiría acrecentándose.

En el plan fiscal de Obama, el gasto anual promedia 22.5% del PIB, por encima del promedio histórico de 20.7%. Sin embargo, su presupuesto impulsaría el gasto discrecional a la baja, desde el 8.4% del PIB este año al 5.2% a fines de la década.

En el presupuesto planteado por el presidente, los ingresos captados por el gobierno aumentarían a una media de 19.4%, por encima de la norma histórica del 18.1% y muy por encima de los mínimos de 60 años alcanzados durante la recesión.

La razón de ese aumento obedece, en parte, a un fortalecimiento de la economía. Pero también se debe a la cifra estimada de 950,000 millones de dólares en nuevos ingresos que Obama recaudaría gracias una serie de propuestas, la más importante de ellas consistente en limitar el valor de las deducciones detalladas para los hogares de ingresos altos, una restricción que, por sí sola, podría recaudar un estimado de 520,000 millones de dólares en el transcurso de una década.

Al mismo tiempo, Obama plantea una serie de medidas que reducirían significativamente los ingresos fiscales respecto al nivel que de otra forma tendrían.

La más costosa es su repetida propuesta de hacer permanentes los recortes fiscales de la era Bush para la mayoría de los estadounidenses, seguida de una propuesta para indexar el impuesto mínimo alternativo a la inflación, y la ampliación de las medidas de estímulo y la creación de nuevas exenciones tributarias para las familias.

Aunque el Congreso nunca aprueba el paquete presupuestario completo de ningún presidente, o siquiera en su mayor parte, este año no es probable que no se discuta en serio la propuesta presupuestaria de nadie, ni siquiera la que formulará la próxima semana Paul Ryan, presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara, hasta que hayan pasado las elecciones presidenciales de noviembre.

Es a partir de esa fecha cuando el Congreso se enfrentará a una serie de decisivas disposiciones fiscales, como la posibilidad de ampliar los recortes impositivos de la era Bush o la posibilidad de activar recortes automáticos al gasto por casi un billón de dólares, un tijeretazo que nadie quiere pero que se prevé entrará en vigor en enero de 2013.

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