Grecia, cada vez más cerca del dracma

El país heleno saldrá pronto de la eurozona, dicen expertos, pero no tiene por qué ser desastroso; abandonar una moneda sobrevaluada y regresar a su antigua divisa alentaría el consumo interno.
grecia euros  (Foto: Especial)
Shawn Tully

Todos, desde los rijosos partidos políticos de Grecia hasta los banqueros centrales de Europa, han expresado su fe en que Grecia permanecerá en el euro. Eso no es sorprendente ya que simplemente hablar acerca de cómo manejar una salida sembraría el pánico, haciendo inevitable la salida. Pero el pánico ya está aquí. La salida de Grecia del euro podría ocurrir dentro de un par de semanas, si no es que en unos cuantos días.

El apremiante problema no es un poder legislativo fragmentado que pueda obstaculizar la aprobación de las reformas que el FMI y la Comunidad Europea están exigiendo a cambio del siguiente tramo de dinero del rescate. Sino una desastrosa corrida bancaria a la antigua. "Desde hace un año, los griegos han estado transfiriendo sus ahorros desde bancos griegos a bancos en el extranjero", dice Robert Aliber, profesor emérito de Economía Internacional de la Universidad de Chicago. "Ahora, el flujo ha llegado a un punto culminante". De hecho, solamente el lunes, los retiros de efectivo de los bancos griegos llegaron a casi 900 millones de dólares.

La fuga de capitales está minando los depósitos necesarios para refinanciar hipotecas y préstamos para pequeñas empresas, provocando una crisis de crédito en toda regla. Los griegos están siendo también extremadamente reacios a gastar sus euros en autos, en comidas en restaurantes o en cualquier otra cosa, ya que calculan que esos euros alcanzarán para más en supermercados y en las distribuidoras automotrices en las semanas o meses venideros. La desaparición del consumidor está agobiando aún más la economía.

La salida de Grecia es absolutamente necesaria. "Sus precios y costos son demasiado altos bajo el euro, por lo cual simplemente no puede competir en los mercados internacionales", dice Aliber. "Los griegos han sufrido mucho más a través de todos estos rescates errados que lo que han ganado al reducir precios o costos". El estancamiento político, argumenta Aliber, es realmente algo bueno porque va a acelerar el abandono de una moneda desastrosamente sobrevaluada, justo lo que se necesita para conseguir que Grecia vuelva a crecer.

La mecánica de abandonar el euro e implementar una moneda propia es bastante predecible. Un día cercano, imagino que será a última hora de un viernes por la tarde, el gobierno griego declarará todos los bancos cerrados durante la semana siguiente. El lunes, la legislatura votará una ley de emergencia que designe un tipo de cambio fijo de, digamos, 1 dracma -la moneda griega anterior al euro- por cada euro. Para el lunes, todos los ahorros corporativos y personales en los bancos griegos estarán denominados en dracmas.

El dracma caerá en valor, así que casi inmediatamente, los consumidores griegos necesitarán por lo menos 1.5 dracmas para comprar un euro. Una cuenta de ahorros que contenía 15,000 euros ahora contendrá 15,000 dracmas. Sin embargo, los dracmas pronto valdrán sólo 10,000 euros. Ésa es una 'devaluación' del 33%. "Ese número es el extremo más bajo del rango para países que salen de una moneda común", dijo Uri Dadush, economista de la Carnegie Endowment.

Lo que sucede después es el tema central, y los principales economistas discrepan fuertemente acerca del futuro post-euro de Grecia. Sin duda, esto no es una obra de Esquilo o Aristófanes, donde el público sabe el final. Yanis Varoufakis de la Universidad de Atenas prevé una tragedia griega en la que una estampida de los bancos será seguida de una estampida de los dracmas. "Los griegos que reciban su pago en dracmas irán al cajero automático e inmediatamente después a cambiar sus dracmas por euros que la gente tenía guardados bajo sus colchones", dice Varoufakis. Él piensa que la dracma se seguirá hundiendo frente a las monedas extranjeras, y los griegos seguirán pidiendo rescates, lo cual causará una nueva crisis de hiperinflación.

Pero este escenario desastroso no es inevitable. "Otros países han abandonado lo que era efectivamente una zona de moneda común sin sufrir hiperinflación", dice Hans Humes, presidente de la firma de inversión Greylock Capital, que posee bonos del gobierno griego. Aliber cree que la salida de Grecia creará la misma dinámica de crecimiento que ha recargado a Islandia y a Argentina, dos países que efectivamente abandonaron monedas sobrevaluadas.

Mi opinión es que el pronóstico relativamente optimista de Aliber es el resultado más probable. Así es como funciona: En los primeros días después del retorno al dracma, gran parte de los ahorros que abandonaron el país en forma de euros van a volver. Los productos griegos van a estar gritando por ser comprados al venderse por al menos un tercio menos que una semana antes para las personas que cambien sus euros por dracmas. Ese flujo repentino de ingresos apoyará al dracma.

De la noche a la mañana, Grecia volverá a ser lo que era en la época pre-euro: un país barato. Los turistas cancelarán sus vacaciones en Turquía -que hace unas semanas eran la ganga del Mediterráneo- y recorrerán las islas griegas en su lugar. Las exportaciones de tomates, aceite de oliva y pescados de criaderos griegos se expandirá, y las importaciones de productos manufacturados caerán a medida que estos suban de precio frente a os productos fabricados en el país.

Grecia también caerá en impago de su deuda soberana, un paso necesario hacia la recuperación. El Banco Central Europeo sufrirá grandes pérdidas, pero los tenedores de bonos privados ya han tomado la mayor parte del dolor. "Hemos asumido un descuento efectivo del 80% sobre el valor en bonos gubernamentales griegos con veinte diferentes fechas de vencimiento", dijo Humes. "No veo una razón para un descuento adicional del valor".

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La decisión que tanto los líderes griegos como europeos temen restaurará un crecimiento modesto. Pero también restaurará los mismos factores negativos que afectaban a Grecia antes de entrar en la zona euro el 1 de enero de 2001. "La cuestión para el futuro es si veremos una nueva o una antigua Grecia", dijo Aliber. La primera requeriría que el gobierno griego se deshiciera de los monopolios, recortara la gigantesca fuerza laboral pública, y anulara las anticompetitivas normas que impiden que las líneas de cruceros inicien y finalicen viajes en Grecia. Si la productividad griega se rezaga frente a la de sus vecinos, van a importar más y exportar menos, afectando los salarios y los niveles de vida de sus trabajadores. Y para recuperar su competitividad en los mercados mundiales, tendrá que seguir devaluando el dracma a intervalos regulares.

Esa fue la antigua Grecia, y por desgracia, es la antigua Grecia la que tiene más probabilidades de resurgir. Pero por lo menos escapará de las garras de una moneda que está al menos 50% sobrevaluada. Europa está a punto de dejar que el mercado, no la política, decida cuál precio hará que sus paquetes de vacaciones y su abundancia agrícola sean de nuevo un negocio productivo. Y eso sucederá pronto.

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