Más integración, ¿solución para Europa?

Líderes europeos han planteado una verdadera unión fiscal y monetaria en la eurozona; su implementación requiere que la periferia renuncie al control y que Alemania acepte riesgos.
Francois Hollande  (Foto: AP)
Cyrus Sanati

La crisis de la eurozona está a punto de salirse de control. Durante más de dos años, los líderes europeos y el Banco Central Europeo (BCE) han sido reacios e incapaces de abordar los verdaderos problemas estructurales que aquejan a la moneda común. Sin embargo, con la amenaza de una corrida bancaria acechando en la periferia, es hora de que los líderes europeos afronten la realidad y empiecen a avanzar hacia una plena integración económica.

Los líderes europeos se reunieron este miércoles en una sesión informal para tratar de abordar la creciente crisis de confianza en el sector bancario europeo. Algunas de las soluciones que se esperaba que fueran presentadas tienen mérito, pero no pueden ser implementadas de manera realista a menos que exista una verdadera integración fiscal y monetaria. Para que esto suceda, los principales miembros de la eurozona, a saber, Alemania, deben estar dispuestos a asumir las deudas de las naciones de la periferia, sin salvedades. A cambio, la periferia, junto con los miembros principales, deben estar dispuestos a ceder el control de sus presupuestos nacionales a una autoridad monetaria europea central, con Alemania a la cabeza. Este cambio no será fácil, pero servirá para impulsar la inversión en los países en dificultades y generar el crecimiento que Europa tanto necesita.

Los griegos han estado sacando su dinero de los bancos a un ritmo constante desde que comenzó la crisis en 2010. En aquel entonces había 250,000 millones de euros depositados en los bancos griegos, mientras que hoy hay sólo alrededor de 177,000 millones de euros, casi un tercio menos. Pero la incertidumbre que rodea el reciente resultado de las elecciones griegas aceleró los retiros de depósitos, a medida que los políticos griegos discutían sobre abandonar el euro. Este escenario obligaría al BCE a dejar de financiar a los bancos griegos, provocando su colapso. Mientras tanto, en España, la quiebra de un importante banco local, junto con la rebaja de la calificación de la banca española por parte de Moody's provocó que miles de millones de euros salieran de los bancos españoles en busca de refugios más seguros. Si bien no fue una corrida bancaria plena, los depósitos han comenzado a fluir hacia fuera del país a un ritmo constante.

Las corridas bancarias son raras porque la mayoría de los países tienen esquemas de garantía de depósito bajo las cuales el gobierno asegura todas las cuentas bancarias hasta un cierto valor. En Europa, el BCE actúa como la Reserva Federal de Estados Unidos al conceder préstamos baratos a los bancos con problemas de liquidez. Sin embargo, estos préstamos deben estar respaldados por garantía con la mejor calificación, algo que escasea en muchos bancos españoles y griegos.

El primer ministro italiano, Mario Monti, propuso un plan audaz en la cumbre del G8 en Camp David, durante el fin de semana, para afrontar el problema de fuga de capitales internos dentro de la eurozona. Defendió la creación de un esquema de depósito bancario europeo mediante el cual el BCE esencialmente garantizaría los depósitos de todos los bancos de la zona euro. Eso significaría que los bancos griegos y españoles tendrían el mismo nivel de protección que los bancos alemanes y holandeses.

El plan de Monti tiene buenos cimientos, pero no tiene el suficiente alcance como para resolver el problema de una corrida bancaria. Grecia y España ya cuentan con su propio seguro de depósito nacional, que es comparable al de otros países de la eurozona. Los griegos están retirando su dinero de sus bancos a un ritmo acelerado, no sólo porque tienen miedo de que un banco quiebre, sino también por la preocupación de que Grecia pueda salir del euro. Si eso ocurriera, los depósitos remanentes en el sistema bancario griego serían convertidos a una nueva moneda y al instante quedarían devaluados. En pocas palabras, un euro en un banco griego simplemente no valdría tanto como uno en un banco alemán.

No hay una solución fácil a este problema. Simplemente, es demasiado fácil mover un depósito de un banco griego a otro banco en la eurozona. No existe un tipo de cambio o el riesgo de una mayor tasa de interés al mover fondos a otra nación debido a que toda la eurozona comparte la misma política monetaria. Incluso si el gobierno griego instituyera controles que limitaran los depósitos, el dinero podría seguir fluyendo a otros bancos de la eurozona.

Además, incluso si el plan de Monti fuera aprobado de alguna manera y calmara el pánico actual, probablemente no detendría la lenta fuga de los depósitos griegos a los principales miembros de la eurozona. Si continúa la fuga de capitales, los bancos griegos quedarán paralizados. Y puesto que, en su mayoría, sólo los bancos griegos están dispuestos a prestar a los griegos, eso básicamente acabaría con cualquier esperanza de crecimiento económico en el país.

François Hollande, el nuevo presidente de Francia, apoya el plan de Monti, pero estará ocupado impulsando su propia agenda. Además de un sistema de depósito bancario, Hollande quiere crear un instrumento de deuda común, que sería emitido por el BCE y respaldado por los 17 miembros de la eurozona: el eurobono.

Los eurobonos mitigarían efectivamente el riesgo en la periferia al transferirla al núcleo. Esto permitiría a otros países pedir prestado más dinero a tasas mucho más bajas de las que actualmente tienen acceso a través de la emisión de deuda soberana. La deuda de eurobonos sería mantenida en el BCE, por lo que no se sumaría a las deudas y cargas de las naciones periféricas. Los bonos podrían terminar financiando cualquier cosa, desde déficits fiscales en Italia y Grecia hasta grandes proyectos de capital en Francia y España.

Alemania y los otros miembros de la eurozona fiscalmente prudentes se han opuesto vehementemente a la idea de un instrumento de deuda compartida. Después de todo, resultarían ser los perdedores instantáneos en el trato. Si bien los costos de endeudamiento se reducirían en la periferia, subirían en el centro. No se puede esperar que Alemania simplemente deje que la periferia haga uso de su buen crédito y balance general para ejecutar gastos sin tener injerencia acerca de la utilización del dinero.

Ambos planes parecen ser pasos en la dirección correcta, pero tienen pocas posibilidades de ser aplicados con éxito debido el estado actual de la zona euro. La transferencia de riesgo y los adeudos entre los Estados miembros serán una píldora difícil de tragar para muchos integrantes de la eurozona que podrían ver sus economías afectadas negativamente por la unificación. Por lo tanto, hacer que todos los miembros acepten requerirá de una transferencia de poder desde la periferia hasta el núcleo.

Alemania es un buen ejemplo de este tipo de acuerdos. En 1990, cuando Alemania Occidental absorbió a Alemania Oriental, el poder fue transferido hacia la parte occidental y el dinero fue transferido hacia la parte oriental. Como resultado, la parte occidental experimentó una década de lento crecimiento a medida que el dinero en efectivo que habría sido utilizado en el occidente fue utilizado para reconstruir el oriente. Sin embargo, el sacrificio parece haber valido la pena ya que el país se ha vuelto más productivo que nunca. También ofreció muchas oportunidades de negocio interesantes para las empresas de Alemania Occidental.

Pero imagina que Alemania Oriental hubiera querido el dinero y el apoyo, pero también hubiera querido seguir siendo independiente con sus propias políticas fiscales. ¿Acaso Alemania Occidental habría transferido miles de millones para ayudar al Occidente a recuperarse? Por supuesto que no.

Por lo tanto, no debería ser una sorpresa que Alemania no esté demasiado interesada en manchar su récord crediticio y en aceptar afectaciones a su tasa de crecimiento por ayudar a la periferia de la eurozona a recuperarse. Alemania y los otros miembros ricos de la eurozona necesitan algún aliciente para justificar la aceptación de una cantidad tan masiva de deuda y riesgo. Las promesas de mantener la disciplina fiscal, simplemente no van a lograrlo: Ha llegado el momento de que Europa sea realista.

 

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