Los últimos días de MF Global (parte II)

La firma lidió con acuerdos fallidos de compra y dinero faltante en el caos anterior a su quiebra; el CEO, Jon Corzine, defendió con firmeza las arriesgadas apuestas en Europa que marcaron su final.
jon corzine  (Foto: AP)
Peter Elkind con Doris Burke

Durante más de seis meses, la arriesgada apuesta en bonos soberanos europeos realizada por el presidente ejecutivo de la firma de corretaje MF Global, Joe Corzine, había sido analizada de manera interna, pero fue mantenida en secreto ante los reguladores e inversionistas de la empresa. 

La supervisión de la industria de derivados por un valor de 648 billones de dólares es ineficaz, dividida y bizantina. Eso era especialmente cierto respecto a MF Global, donde al menos seis diferentes entidades compartían la responsabilidad. Debido a que la empresa prestaba servicios tanto a 36,000 clientes de futuros como a 318 cuentas de valores, tenía dos reguladores gubernamentales: la Comisión de Comercialización de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés) y la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, ambas agencias delegaban la supervisión del día a día a 'auto-reguladores' financiados por la industria: por el lado de los futuros, el Chicago Mercantile Exchange (CME) y la Asociación Nacional de Futuros, y por el lado de la casa de Bolsa, la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera (FINRA por sus siglas en inglés) y el Chicago Board Options Exchange (CBOE).

A principios de 2011, ninguno de estos supervisores sabía acerca de las operaciones de RTM (acuerdo de recompra hasta el vencimiento) de Corzine, aunque -por lo menos en un caso- no era porque no le hubieran preguntado. Preocupado por el riesgo cada vez mayor de la crisis de deuda europea, la FINRA había llamado a los corredores de valores individuales en septiembre de 2010 para preguntar cuánta deuda soberana poseían. Los funcionarios de MF Global respondieron: "Ninguna", dicen los funcionarios de la FINRA, a pesar de que Corzine ya había adquirido sus primeras posiciones.

Más tarde, en un testimonio ante el Congreso, el presidente de la FINRA calificó esto como "una falta absoluta de responsabilidad".

Hasta la primavera de 2011, MF Global tampoco reveló prácticamente nada acerca de su apuesta en sus declaraciones públicas. La primera mención explícita se dio en la presentación anual ante la SEC, en mayo de 2011, la cual describía la participación.

Después de notar la referencia, la FINRA concluyó que MF Global, bajo las reglas de la SEC, debía reservar más capital para protegerse. No había reservado ni un solo centavo, tratando a los RTM como si no plantearan más riesgo que los bonos del Tesoro estadounidense.

MF Global protestó con fuerza, insistiendo en que las posiciones no requerían de capital adicional, ya que planteaban un riesgo cero.

Los reguladores preguntaron: ¿Cuánto margen solicitó la Cámara de Compensación de Londres (entidad ante la cual se realizaban estas operaciones) por estos RTM "carentes de riesgo"?

500 millones de dólares, respondieron los funcionarios de MF Global. La FINRA concluyó que la participación estaba garantizada.

A pesar de la protesta personal de Corzine contra el fallo de los reguladores de la SEC en Washington, MF Global recibió en agosto la orden de apartar 255 millones de dólares más. Peor aún, tendría que presentar un 'aviso a posteriori' público de una deficiencia de capital regulatoria en julio. Y así lo hizo, el 25 de agosto.

Para entonces, la apuesta europea de MF Global no era ningún secreto. La empresa había revelado la apuesta soberana en varias presentaciones públicas, incluso enumerándola como un 'factor de riesgo'. Corzine y su recientemente nombrado director financiero, Henri Steenkamp, de 35 años de edad, habían discutido la RTMs durante las llamadas con inversionistas. Los reportes de los analistas también habían mencionado las participaciones, como evidencia de la iniciativa de MF Global para aumentar los ingresos a través de las operaciones principales.

Y, por extraño que parezca, a nadie parecía importarle.

A principios de octubre de 2011, un puñado de subalternos principales de Jon Corzine comenzaron a discutir su temor de que un desastre fuera a desarrollarse: la empresa estaba cerca de la fecha límite en que debía reportar su peor trimestre en la historia.

Las tasas de interés no se habían movido; las costosas nuevas contrataciones de Corzine aún no estaban produciendo dinero y el consejo había impedido más RTM, que habían generado 124 millones de dólares en ganancias por adelantado.

Para empeorar las cosas, MF Global también tendría que anotar un cargo contable por 119 millones de dólares, una amortización de créditos fiscales acumulados en años de pérdidas operativas. La razón de ello era preocupante: los contadores externos de MF Global concluyeron que había pocas probabilidades de que la empresa hiciera dinero real en el corto plazo.

El cargo aumentaría la pérdida trimestral a un récord de 191.6 millones de dólares. Y eso no era todo. La crisis de la zona euro podría dar a los inversores nuevas razones para caer en pánico a causa de la apuesta soberana por 6,000 millones de dólares de Corzine.

¿Acaso esto provocaría que las agencias calificadoras rebajaran la calificación crediticia de la firma a nivel chatarra? ¿Se desataría una corrida bancaria? ¿Podría un inversor activista ir en contra de la administración y el consejo de las empresas? Las cosas podrían salirse de control. Uno de los miembros del grupo advirtió: "Podríamos perder el control de nuestro destino".

El preocupado grupo de ejecutivos, que incluía al director financiero Steenkamp y al tesorero global  Vinay Mahajan, acordó lo siguiente: MF Global tenía que hacer algo drástico. Deshacerse de los RTM. Vender una de sus mayores divisiones. Crear empresa conjunta. Tal vez incluso encontrar un comprador para toda la empresa.

Habían estado discutiendo algunas de estas ideas con Corzine durante meses, pero no había sucedido nada. Ahora, la falta de acción simplemente no era una opción.

En las reuniones con Corzine, el grupo expuso claramente sus temores. Pero Corzine no creía que la empresa necesitara hacer un movimiento dramático. "No queremos hacer ese tipo de cosas", dijo el CEO a sus subalternos.

Traería a JP Morgan para recibir asesoría en el trato con las agencias de calificación. Entonces él, personalmente, le explicaría a las calificadoras y a los inversores porque todo iba a estar bien. Sólo necesitaban un poco más de tiempo.

La espiral de la muerte comenzó lentamente.

El lunes 17 de octubre, siete semanas después de que MF Global reveló por primera vez sus apuestas en un documento público, el Wall Street Journal dio la noticia de que los reguladores habían obligado a la empresa a reservar capital extra a causa de su arriesgada inversión en deuda europea. Las acciones de MF Global, que ya estaban por debajo de los 4 dólares, cayeron 6%.

Tres días más tarde, Corzine y sus altos ejecutivos comenzaron una serie de reuniones privadas con las tres grandes agencias de calificación crediticia acerca de los próximos resultados trimestrales.

El lunes 24 de octubre, Moody's anunció una rebaja de la calificación crediticia a un punto por encima de chatarra tres días antes de la fecha prevista del reporte trimestral de MF Global. Los ejecutivos de Moody argumentaron que habían concluido que era "poco probable" que la empresa pudiera cumplir con sus expectativas de ganancias y balance general "en el corto plazo".

La nota también citó su "creciente exposición a la deuda soberana europea en los países periféricos", y su déficit de capital regulatorio, y advirtió sobre la posibilidad de futuras rebajas.

Esa tarde, Corzine envió un correo electrónico a todos los empleados de la empresa, tratando de reducir al mínimo la mala noticia. "Aunque estoy decepcionado por esta acción, no implica consecuencias para nuestros clientes o para la dirección estratégica de MF Global", escribió Corzine. "Creo que en nuestra estrategia, en nuestros empleados, y en nuestro camino por delante".

Pero todo el mundo estaba preocupado, a pesar de que las acciones habían caído sólo 3.5% durante el día. Corzine decidió hacer frente a todos los temores de una vez, adelantando el reporte trimestral del jueves al día siguiente, martes.

La presentación de MF Global, realizada a la mañana siguiente, incluía diez páginas de diapositivas que detallaban, país por país, su exposición europea por 6,300 millones de dólares. Corzine habló largamente sobre la inversión, respondió preguntas con calma, y se refirió a las participaciones como "pasos de mediación de riesgo" y como "mi responsabilidad personal y un foco de atención primario para mí".

Pero ante la falta de una respuesta preventiva, las noticias preocupantes se habían vuelto masivas. Al cierre de las operaciones, las acciones de MF Global habían caído 48%, a 1.86. Los clientes estaban exigiendo su dinero y cerrando sus cuentas; sus contrapartes y prestamistas estaban cortando el crédito.

El escenario de emergencia había llegado.

Corzine acudió ese mismo martes a las oficinas de JC Flowers & Co para discutir la estrategia de gestión de crisis con el miembro del consejo David Schamis y con el inversor de la empresa, J. Christopher Flowers. Resolvieron seguir dos vías. La empresa comenzaría a vender activos para liberar efectivo. Y colocarían a un banquero de inversión para explorar la venta de parte o la totalidad de la empresa.

Hubo otra  medida que los veteranos de Wall Street discutieron la noche del martes: llamar a Jacob Goldfield.

Goldfield había trabajado brevemente en JC Flowers en los años posteriores a su salida de Goldman. Por invitación del Schamis, Goldfield acudió a dar su consejo.

El principio operativo de Goldfield-Schamis para MF Global era que tenían que vender todo y hacerlo lo más rápido posible. En ese momento, la empresa contaba con decenas de miles de millones en activos negociables: letras del Tesoro, valores de agencias y bonos corporativos, y por supuesto, los RTM. Si realmente podían deshacerse de todo, todo ese margen que MF Global estaba entregando a las contrapartes y cámaras de compensación sería devuelto. La esperanza era que esto generaría tanta liquidez que el negocio sería inmune a una corrida bancaria.

Pero en realidad no podían hacer nada por sí mismos. Schamis era un director, no un operador. Goldfield era sólo un voluntario no remunerado. Así que procedieron a transmitir su sentido de urgencia a Corzine. Goldfield expuso su teoría de que la crisis financiera era una "depredadora". La velocidad era esencial para salir bien librados de ella. El presidente ejecutivo parecía entender y estar de acuerdo.

Goldfield y Schamis se instalaron en una sala de conferencias fuera de la oficina de Corzine. Su labor era impulsarlo a suprimir el instinto natural del operador de sacar el máximo rendimiento de una operación.

Pero Corzine empezó poco a poco, haciendo gran parte del trading personalmente. Comenzó a vender los bonos corporativos, luego se detuvo, resistiéndose a aceptar incluso una pequeña pérdida.

Un equipo de ejecutivos de MF Global dijo a Corzine que las cosas no se estaban moviendo lo suficientemente rápido. Corzine argumentó que no era tan simple: "Tenemos que mantener algo con un poco de rendimiento por aquí", pero pronto procedió a acelerar el ritmo de ventas.

Las RTM europeas de Corzine resultaron ser el mayor obstáculo. Debido a que la cartera era enorme y complicada -contenía 22 bonos emitidos por seis países, adquiridos en 87 diferentes transacciones- sería difícil venderlas con rapidez.

Mientras tanto, las nuevas demandas de mayores márgenes llegaban desde las cámaras de compensación, transmitidas por un ejecutivo de MF Global en Londres. Al cabo de una semana, MF Global tenía 663 millones 925,523 dólares atados a los bonos; había absorbido un extra de 206 millones de dólares en tan sólo cinco días. De acuerdo con una investigación posterior, más de 105,000 millones de dólares en efectivo entraron y salieron de la empresa sólo en esa semana final.

¿De dónde había conseguido MF Global todo el dinero extra que necesitaba en esta crisis? Para el miércoles, había agotado prácticamente sus líneas de crédito de emergencia, que incluían dos préstamos bancarios por un total de 1,500 millones de dólares. Fue también el miércoles, creen los investigadores, cuando la empresa comenzó a recurrir a los fondos de los clientes.

Salvaguardar el dinero de los clientes es lo más sagrado en el negocio de los futuros. Bajo las regulaciones de la CFTC, el dinero en efectivo de los clientes individuales se agrupa y se mantiene en cuentas especiales "segregadas" de banco, donde se supone que permanecerá intacto, aun cuando una empresa quiebre.

Para evitar cualquier déficit en los recursos de clientes, el cual puede resultar del ajuste de márgenes no cumplidos o transacciones que no fueran completadas, a las empresas se les permite mantener un poco de su propio dinero en estas cuentas segregadas a manera de 'colchón', esta cantidad podría ascender a 100 millones de dólares o más. Cualquier incumplimiento de estos cálculos, incluso accidental o momentáneo, en teoría debería ser reportado inmediatamente.

En octubre de 2011, la Zona Cero de la crisis de MF Global era la oficina de Edith O'Brien, la tesorera asistente de la empresa. Debido a que la empresa carecía de sofisticados sistemas de contabilidad para rastrear los saldos de las cuentas de clientes en tiempo real, confiaba en gran medida en O'Brien.

Durante meses, O'Brien había estado luchando con el creciente desafío de encontrar dinero en efectivo para satisfacer todas las necesidades de MF Global.

Además de todas las solicitudes de márgenes complementarios y operaciones de trading, la empresa también estaba lidiando con un conjunto de clientes preocupados corriendo a cerrar sus cuentas. Más de 1,500 millones de dólares serían retirados para el final de la semana.

Cuando las operaciones abrieron la mañana del miércoles 26 de octubre, MF Global tenía poco menos de 7,000 millones de dólares en sus cuentas segregadas de Estados Unidos, incluidos alrededor de 300 millones de dólares de su propio dinero. Algunas empresas nunca tocaban su 'colchón'. Sin embargo, cuando necesitaba efectivo para las operaciones diarias, MF Global rutinariamente "tomaba prestado" ese dinero doméstico durante el día, y lo repagaba a las cuentas segregadas antes del cierre del negocio. Esta práctica era perfectamente legal, siempre y cuando la empresa no utilizara los recursos de los clientes.

Pero en medio de la creciente desesperación y el caos, de acuerdo con el fideicomisario de la quiebra James Giddens, MF Global cruzó esta línea el miércoles, utilizando impropiamente los recursos de sus clientes durante el día y no devolviendo el dinero. Según Giddens, esto se tradujo en un déficit de 299 millones de dólares, y fue el comienzo de la indebida 'baja segregada' en los recursos de los clientes que se elevaría desastrosamente durante la semana.

El jueves, Moody y Fitch rebajaron la deuda de MF Global a chatarra. Los reguladores llegaron a las oficinas de la firma en Chicago y Nueva York, donde acamparon con sus computadoras portátiles, pidiendo registros y actualizaciones periódicas.

JP Morgan le hizo la vida aún más difícil a MF Global. En la batalla de la firma por sobrevivir, ninguna institución externa jugó un papel más importante. El gigante bancario llevaba al menos cinco diferentes sombreros: Era un contraparte en las operaciones, un banco de compensación para las transacciones, tenía cuentas de MF Global (incluyendo al menos cuatro con recursos de clientes), se desempeñaba como agente administrativo y era uno de los prestamistas de las líneas de crédito de la empresa, e incluso proporcionaba servicios de consultoría acerca del trato con las agencias calificadoras.

Pocas horas después de las últimas rebajas, JP Morgan colocó todas las cuentas de MF Global en 'alerta de débito', desacelerando dramáticamente las transferencias de dinero; canceló sus líneas de crédito intradía; exigió el pago por adelantado de sus operaciones, e incluso limitó a la firma la visibilidad en línea de su propias cuentas, dificultándole la gestión de la crisis.

El viernes, las operaciones de MF Global con JP Morgan provocaron otro gran retiro que Giddens dice que también provino de recursos de clientes. En medio de la confusión, una docena de cuentas de MF Global en JP Morgan se habían sobregirado por un total de 175 millones de dólares. Joe Corzine habló por teléfono con Edith O'Brien y le dijo que necesitaban resolver ese problema. Ante la presión de distintos ejecutivos, O'Brien realizó la transferencia de los 175 millones de dólares.

Después de que el dinero llegó a Londres, JP Morgan se dio cuenta que había sido originado con una transferencia de 200 millones de dólares desde la cuenta de un cliente. O'Brien había trasladado ese dinero a una cuenta de la empresa, e inmediatamente después depositó los 175 millones de dólares desde allí a Londres. (Se suponía que dinero sería devuelto con el dinero de una operación de recompra pendiente, al ser completada).

JP Morgan pidió una constancia escrita de que los 175 millones de dólares provenían del efectivo de la empresa en la cuenta y no de los fondos de los clientes. El banco envío una carta para que O'Brien la firmara.

En su testimonio ante el Congreso, Corzine dijo que O'Brien le aseguró en una llamada telefónica que ella no había sacado el dinero de los fondos de los clientes. Rápidamente, envió un correo electrónico al presidente ejecutivo que mostraba un registro de la segunda transferencia a Londres, y señalaba que los 175 millones de dólares provenían de una cuenta 'doméstica'. (No hizo ninguna mención del retiro original de 200 millones de dólares de la cuenta del cliente).

Sin embargo, O'Brien se negó a firmar la carta de JP Morgan.

Los fondos de la cuenta segregada nunca fueron repuestos tampoco. Giddens concluiría posteriormente que los 175 millones de dólares enviados a Londres ese viernes en realidad provinieron de los fondos de los clientes, pero nadie ha sido acusado de alguna falta por ello.

En tres audiencias en el Congreso, Corzine negó en repetidas ocasiones ordenar o siquiera saber acerca de las transferencias indebidas. O'Brien se negó a declarar en virtud de la Quinta enmienda constitucional estadounidense cuando fue llamada ante un subcomité de la Cámara de Representantes y, a través de su abogado, se negó a hablar con Fortune.

Para el viernes, Corzine se había deshecho de miles de millones de activos de MF Global (incluyendo algunos de los RTMs), mientras presidía la difícil situación con su habitual aire de ecuanimidad. Pero era demasiado poco y demasiado tarde. A pesar de que la empresa aligeró su balance general -un paso que debería haber liberado efectivo- la liquidez siguió desapareciendo. Un memorando interno del sábado mostró que la liquidez neta se había reducido en 451 millones de dólares, a sólo 233 millones de dólares. La Cámara de Compensación de Londres, por su parte, exigiría otros 310 millones de dólares en márgenes para las RTM para el lunes. Un esfuerzo por vender la cartera completa de Carl Icahn (con una pérdida estimada en 187 millones de dólares) no iba hacia ninguna parte.

El final estaba cerca. La empresa fue informada por sus principales reguladores de que, en ausencia de una solución aceptable para ellos, ejercerían sus poderes el lunes para apoderarse de los activos de negocios regulados de la empresa.

La venta era la única manera de salvar algo. El fin de semana, la lista de posibles compradores, que inicialmente incluía a JP Morgan y Jefferies Group se redujo a una sola: Interactive Brokers. Después de años de cortejo rechazado, Thomas Peterffy por fin podría tener MF Global. Pero todo lo que tendría que ocurrir rápidamente, antes de que las operaciones abrieran el lunes temprano en Europa.

Mientras todos trabajaban para finiquitar detalles en Nueva York, había sólo un pequeño problema molesto allá en Chicago: las cifras de los fondos de los clientes no cuadraban. Y el agujero era de casi 1,000 millones de dólares faltantes en las cuentas segregadas.

La CFTC estaba examinando las cuentas segregadas. El presidente de la entidad, Gary Gensler, habló con uno de los abogados que representaba a MF Global, indicándole los registros específicos que la CFTC necesitaba ver antes de firmar cualquier acuerdo para vender MF Global.

Insatisfecho con la respuesta de la compañía durante una conferencia telefónica con los reguladores, Gensler amplió sus demandas: "¡Habla el presidente de la CFTC!" tronó. "Necesito dos cifras: Cuánto se supone que debe haber allí. Y cuánto hay allí".

Finalmente, el personal de Chicago compartió la información con los reguladores: existía un déficit de 952 millones de dólares en las cuentas segregadas.

Sin embargo, Chicago insistió en que ese 'déficit' no era motivo de alarma, sin duda era sólo un error de cálculo. Esta explicación fue ofrecida a reguladores, directores de empresas y ejecutivos.

Mientras tanto, todo el mundo se apresuraba a cerrar el trato con Interactive, incluso se redactó un comunicado de prensa que declaraba planes detallados del acuerdo: La declaración de quiebra voluntaria de MF Global Holdings, el financiamiento de Peterffy una "inyección de capital" por 800 millones de dólares; el acuerdo de Interactive de comprar eventualmente los activos de MF Global por 1,000 millones de dólares (exceptuando una oferta más alta), y la inmediata transferencia de todas las cuentas de clientes a Interactive. Las filiales de MF Global, señalaba el proyecto, "seguirían reduciendo sus posiciones propietarias de una manera ordenada".

Durante las siguientes seis horas, casi todo el mundo esperaba que el acuerdo fuera aprobado. Los ejecutivos batallaban con las cifras. El faltante debía ser un error, algún tipo de equivocación en la conciliación de las cuentas.

Alrededor de la medianoche, el director financiero Steenkamp avisó que el equipo de Interactive estaba tratando de ayudar a detectar la discrepancia. Los genios contables de MF Global no tenían una mejor idea que aceptar la ayuda de personas que acababan de entrar por la puerta. "En ese momento", dice un director "supe que estábamos muertos".

Cerca de la una de la mañana, el equipo de O'Brien lo hizo oficial: Habían concluido que el déficit era real. O'Brien incluso había preparado un documento que enumeraba las causas de los fondos perdidos de los clientes, incluyendo la transferencia de 175 millones de dólares para cubrir los sobregiros en Londres.

El acuerdo con Interactive, por supuesto, era historia. Thomas Peterffy, después de haber descubierto que sus libros estaban "hechos un desastre", ya no estaba interesado en MF Global, incluso después de que el banquero de inversión de la firma le ofreció reducir el precio de la compra de 1,000 millones de dólares a un dólar.

MF Global pidió una última oportunidad para cubrir la diferencia con dinero en efectivo que sin duda llegaría a primera hora del lunes, proveniente de algunas de esas operaciones que habían demorado en completarse. "¡Hay mucho dinero por ahí que se nos debe!", dijo Steenkamp. El consejo detuvo la declaración de bancarrota durante unas horas.

Pero cuando Wall Street abrió sus operaciones, ningún dinero llegó.

Epílogo

La tarde del lunes 31 de octubre, el agotado personal de finanzas de Chicago emitió su último informe diario de cuentas segregadas de la ahora quebrada MF Global: Al viernes, señaló, las cuentas de los clientes de la empresa tenían un déficit de 891 millones 456,650 dólares.

Para entonces, los reguladores habían puesto la firma de corretaje (y la búsqueda del dinero faltante) en las manos de James Giddens, un fideicomisario especial de liquidación, quien también presidió los restos de Lehman Brothers. Giddens y su equipo pusieron rápidamente a MF Global en un bloqueo, y despidieron a la mayor parte de los empleados de la empresa. (O'Brien estaba entre los que permanecieron durante unos meses para examinar los restos de la empresa).

Corzine salió el 4 de noviembre, sin indemnización por despido, después de que el consejo exigió su renuncia. Después de que un segundo fideicomisario fue nombrado por la compañía propietaria, los directores fueron relevados de sus funciones.

Las cuentas de materias primas de MF Global fueron transferidas a empresas de futuros rivales. Pero el verdadero desafío fue la lucha por hacer que todo cuadrara. Cuando Giddens envió a un grupo masivo de personal forense y legal para examinar el lío, sus estimaciones del déficit -la diferencia entre lo que los clientes reclamaban y los activos que ya estaban bajo su control- aumentó a 1,600 millones de dólares.

Bajo la ley federal que cubre las liquidaciones, los 318 poseedores de cuentas de la empresa posiblemente recibirán pronto todo los que se les debe. Las perspectivas para aquellos que operan materias primas de MF Global son menos seguras. En junio, Giddens tenía suficiente dinero a la mano para pagar unos 80 centavos por cada dólar a la mayoría de los clientes, y ha anunciado que ha rastreado casi todo el dinero faltante. La dificultad es recuperarlo.

De los 1,600 millones de dólares adeudados a clientes estadounidenses, más de la mitad se ubica en Londres. Esto incluye 742 millones de dólares operados en mercados extranjeros que estaban en cuentas de los clientes en el momento en que la firma quebró. Bajo las reglas británicas, que son menos protectoras, este dinero de los clientes está sujeto a reclamaciones de los acreedores generales de la filial de la empresa en Reino Unido, una postura que Giddens ha pedido a los tribunales británicos rechazar. (Estos clientes en mercados extranjeros han recibido sólo una pequeña fracción de su dinero hasta la fecha).

El administrador también ha interpuesto un reclamo por los 175 millones de dólares que O'Brien retiró de una cuenta de un cliente y solicitó a Reino Unido que cubra los sobregiros de MF Global.

Eso deja como restante unos 700 millones de dólares. El mayor bloque de ello está en JP Morgan, a través del cual miles de millones de dólares fluyeron en los días finales de MF Global. Pero el banco también es el mayor acreedor de MF Global, con una base legal para retener dinero, incluso si proviniera de las cuentas segregadas, a menos que tuviera razones para saber que pertenecía a los clientes de la empresa.

Las negociaciones de Giddens acerca de este delicado tema ya han logrado extraer 168 millones de dólares. Él continúa las conversaciones con JP Morgan en relación con "otros reclamos", pero no espera grandes sumas de dinero. Recuperar el dinero de las docenas de otros bancos, contrapartes, mercados y acreedores que recibieron dinero de los clientes de MF Global será aún más difícil.

Sin embargo, algo de dinero podría proceder de ex ejecutivos de MF Global. En su informe, Giddens dice que está considerando la posibilidad de una colaboración con abogados de los demandantes privados para presentar demandas civiles en contra de Corzine, Steenkamp, y O'Brien (entre otros) por incumplimiento del deber fiduciario y negligencia.

Cualquiera que sea el dinero que busque recobrar, Giddens también deberá luchar por parte de él contra Louis Freeh, el fideicomisario de la empresa propietaria de MF Global, cuya función es recuperar el dinero de todos los acreedores de la empresa.

Una serie de investigaciones penales y civiles continúan, sobre todo la realizada por el Departamento de Justicia estadounidense, bajo la guía de fiscales federales en Chicago y Nueva York. Descontentos por la incapacidad de levantar cargos hasta ahora -y citando los vínculos de Corzine con el gobierno de Obama- algunos ex clientes enojados han respaldado las peticiones republicanas de un fiscal especial.

Muchas de las figuras centrales en el drama de MF Global han testificado durante seis audiencias distintas en el Congreso. En cada una de sus tres apariciones, Corzine mordazmente señaló que ninguno de los bonos soberanos en los que se basaban sus inversiones de RTM ha caído en impago.

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Eso es poco consuelo para los accionistas de MF Global, que terminaron sin nada. Chris Flowers, quien alguna vez esperó duplicar su dinero, calcula la pérdida de su fondo en esa inversión en 48 millones de dólares.

Ahora de 65 años, Corzine permanece en su limbo acostumbrado. "Se trata de alguien que tenía un gran legado", dice su viejo amigo de Goldman Dan Neidich. "Ahora tiene que pasar por esto, y no hay legado. Él tiene que decidir qué hacer con el resto de su vida".

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