Cúpula china, escándalo benéfico

La caída de un alto político chino es un signo de esperanza para la clase empresarial del país; la salida de Bo Xilai del Partido Comunista podría propiciar reformas en las políticas económicas.
Bo Xilai
Bill Powell

En una reciente tarde de sábado, mientras aún se desarrollaba la extraordinaria caída del poderoso político chino Bo Xilai, un grupo de amigos se reunieron fuera de Pekín para cenar en una elegante villa propiedad de una rica y bien conectada joven pareja.  Alrededor de la mesa se sentaron algunas de las personas de negocios más prominentes de China: un titán tecnológico y su esposa; un par de empresarios de capital de riesgo con amigos en altos sitios en las autoridades económicas de China, un reconocido abogado. Todos han sido beneficiarios de la asombrosa transformación de China en los últimos 30 años y, más aún, todos ellos se encuentran ahora en posición de ayudar a impulsar un cambio aún mayor en los próximos 20 años.

Durante tres horas, el grupo no habló de otra cosa más que del ascenso y la caída operística de Bo Xilai, el ex secretario de partido de la gran ciudad de Chongqing, y un 'principito', el hijo de un miembro fundador del Partido Comunista de China.

Hubo abundantes rumores acerca de los detalles escabrosos: ¿Cuál era exactamente la naturaleza de la relación de la esposa de Bo con el hombre de negocios británico asesinado que ella pudo haber conspirado para matar? ¿Cuánto dinero había sacado la familia desde China hacia bancos en el extranjero? Sin embargo, el tema principal de la noche fue simplemente una expresión de alivio. China, dijo uno de los invitados, bien pudo haber atravesado apenas su mayor crisis política desde la masacre de Tiananmen en 1989, "aunque ésta", añadió, "fue mucho más sutil".

Tan sutil que una espesa niebla de incomprensión rodea la naturaleza exacta de la 'crisis' y la manera en se relaciona no sólo con el futuro político de China, sino también con su futuro económico.

Ten en cuenta que, en mayo, CLSA Asia Pacific Markets dio a conocer un reporte de investigación asegurando acerca del despido de Bo que era "poco probable que tuviera efectos concretos en las medidas económicas o políticas del país". Sin embargo, de acuerdo con altos empresarios y funcionarios del gobierno en Pekín, el fracaso de Bo para ascender a la todopoderosa comisión permanente del buró político del Partido Comunista -a medida que la única transición de liderazgo realizada cada diez años en China prosigue sin él-, influirá indudablemente en la política económica.

De hecho, su desaparición es una señal esperanzadora de que una de las amplias facciones que actualmente pelean por el poder en Pekín, los reformistas económicos de China, dirigidos por Li Keqiang -quien probablemente será el próximo primer ministro- y Wang Yang -el jefe de partido en la rica provincia de Guangdong- ahora están ganando influencia.

Aún se desconoce la cuestión crítica de si el hombre que probablemente será el próximo presidente de China, Xi Jinping, también se inclina hacia una reforma. Pero por ahora, "los nuevos populistas de izquierda" de Bo, quienes se preocupaban poco por impulsar a China hacia el estado de derecho y mucho más por redistribuir la riqueza (a veces en beneficio propio), están en retirada, para el deleite de la clase empresarial en todo el país.

Cualquiera que haya seguido la carrera de Bo Xilai entenderá que él ejerció el poder, como dicen los abogados, extra-constitucionalmente. El Partido Comunista de China hace eso de manera rutinaria, por supuesto, pero hay grandes diferencias de nivel entre los líderes de los partidos.

Los reformistas, por ejemplo, quieren impulsar a China hacia algo parecido a un estado de derecho. Cualquiera que piense que Bo Xilai estaba de acuerdo con ellos sólo tiene que hablar con un hombre llamado Yang Rong, quien era el principal accionista privado de Brilliance Automotive, que alguna vez fue una de las mayores automotrices de China. En 2002, cuando Bo fue gobernador de Liaoning, el gobierno se apoderó de la participación de Yang en la empresa, que entonces tenía un valor de 700 millones de dólares, diciendo que los activos pertenecían al Estado. Yang intentó demandar al gobierno, pero el caso mágicamente "desapareció", dice un abogado involucrado. No mucho después, Yang Rong huyó a Estados Unidos.

Esa historia puede no sorprender a muchos empresarios privados en Chongqing, la ciudad de 30 millones de habitantes que Bo gobernó. Durante su régimen utilizó a cualquier número de empresas privadas como la alcancía del gobierno.

Bajo el disfraz de una campaña de lucha contra la corrupción - ampliamente popular entre el público- Bo fue en contra de un amplio número de enemigos, empresarios ricos a los que podía difamar diciendo que formaban parte de redes del crimen organizado. "La ley no tenía nada que ver con eso", dice Tong Zhiwei, un profesor de Derecho de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China Oriental en Shanghai, quien hizo un largo estudio del gobierno de Bo en Chongqing. "Él atacó a todos los que quiso".

Antes de la desaparición de Bo, había tres amplias facciones que luchaban por conseguir poder en el próximo gobierno. La facción populista de Bo no estaba interesada en extender el estado de derecho, sino que más bien buscaba lo que el académico del Instituto Brookings Cheng Li llama a una política económica "ultra-igualitaria" encaminada a redistribuir la riqueza y aumentar el papel del Estado en la economía.

Otro campo era el de los 'estatistas', aquellos que creen en el statu quo, con el gobierno controlando estrictamente los círculos dominantes de la economía china. El tercer grupo son los reformadores económicos, quienes sentaron sus bases en febrero con la publicación de un informe del Banco Mundial llamado China 2030, un modelo para el tipo de reformas económicas que el país requiere con urgencia.

A principios de este año, Bo estaba en conversaciones con los 'estatistas' acerca de los lineamientos del próximo gobierno. Los reformadores de la economía "serán los que quedarán fuera", dice una fuente que estaba al tanto de las negociaciones.

Ahora, el ala de la reforma económica está ascendiendo, y se encuentra en una lucha con los estatistas por el control de todos los ministerios clave de la economía, de acuerdo con un presidente ejecutivo extranjero que tuvo reuniones de alto nivel con el gobierno chino a mediados de mayo.

Aún no queda claro en qué acabará esa lucha de poder, pero las implicaciones no podrían ser mayores. Como sugieren los más recientes datos económicos de China, la era del crecimiento desenfrenado podría haber terminado. La producción industrial y las exportaciones han bajado drásticamente.

El desafío de China es dar un nuevo impulso a los sectores de la pequeña y mediana empresa, "para los que los contratos y un régimen jurídico más estable son fundamentales", dice Huang Yasheng, un científico político del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts).

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

Pekín también quiere una economía de alta tecnología, una en la que la protección a la propiedad intelectual sea más importante. Pekín, en otras palabras, tiene que seguir adelante, y cuanto antes mejor. Y con Bo Xilai fuera del camino, hay más razones para pensar que eso podría suceder.

Este artículo es de la edición del 11 de junio de 2012 de Fortune.

Ahora ve
Diego Luna asegura que los políticos no están representando a los mexicanos
No te pierdas
×