La paradoja del estímulo de la Fed

El economista John Taylor asegura que con la medida la gente ahorró en lugar de consumir; el actual asesor de Mitt Romney criticó la flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal.
John Taylor  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Janice Revell
NUEVA YORK -

No tienes que buscar mucho para ver el contraste entre los candidatos presidenciales estadounidenses en lo que respecta al papel que Washington debe desempeñar en la reactivación de la economía.

El economista de la Universidad de Stanford John Taylor ha pasado décadas tratando de responder a esa pregunta, en la teoría y en la práctica. Taylor, de 65 años, ha trabajado para cuatro presidentes - Ford, Carter y los dos Bush- y está asesorando a la campaña de Mitt Romney.

Un alto miembro de la conservadora Hoover Institution, creó la influyente 'regla Taylor', que plantea cómo los bancos centrales deberían abordar las tasas de interés en respuesta a la inflación y a la producción económica.

Actualmente, Taylor es un duro crítico de algunas de las políticas de estímulo aplicadas por la Reserva Federal y por George W. Bush y Barack Obama.

Él sostiene que los intentos de nutrir a la economía a corto plazo aumentarán el desempleo y desacelerarán el crecimiento, un argumento que defiende en su reciente libro First Principles: Five Keys to Restoring America's Prosperity.

Taylor habló con la colaboradora de la revista Money Janice Revell. Su conversación fue editada.

El concepto de previsibilidad es un tema importante en tu libro. ¿Por qué es tan importante?

La política económica impredecible -planes de estímulo a corto plazo, las devoluciones fiscales temporales y la política monetaria intermitente- es la principal causa de nuestra recuperación desastrosa. El crecimiento económico ha promediado un 2.4%, en comparación con el 5.9% después de la más reciente recesión severa, de 1981 a 1982.

Comencemos con la política fiscal. Después de que comenzó la recesión, los presidentes Bush y Obama sintieron la necesidad de "hacer algo". Sus métodos difieren, pero ambos optaron por clásicas políticas de estímulo keynesiano.

No funcionó. Mi propia investigación demostró que la devolución de impuestos temporal de Bush en 2008 no tuvo ningún efecto perceptible sobre la economía. Tampoco el plan de estímulo de 800,000 millones de dólares de Obama en 2009, que incluyó devoluciones de impuestos, aumento del gasto federal, y subvenciones a los estados para proyectos de infraestructura.

El estímulo aumentó la carga de deuda federal y creó incertidumbre acerca de las siguientes medidas que podrían afectar a los contribuyentes.

¿Cuál es la prueba de este fracaso?

En su mayoría, los hogares guardaron el dinero del estímulo en lugar de gastarlo. Aún cuando hubo un impulso temporal al consumo, mi investigación encontró que no ayudó a la recuperación.

Observa el programa Cash for Clunkers, que ofreció a los consumidores un incentivo para comprar un auto nuevo. Las personas que tenían previsto cambiar su viejo coche de todos modos lo cambiaron algunos meses antes. Así que hubo un patrón irregular en las ventas de autos nuevos, seguido de un descenso.

El dinero enviado a los estados, por su parte, en realidad no aumentó el gasto en infraestructura. Si un estado ya tenía un proyecto de tren ligero en marcha, simplemente pedía prestado menos y utilizaba parte del dinero federal en su lugar; no vimos más proyectos de tren ligero.

¿Qué hay con el argumento de que las cosas habrían sido peores si no hubiera habido estímulo?

Los modelos que sugieren esto son los que predijeron que el estímulo iba a funcionar. Una vez más, hay que mirar hacia dónde fue el dinero. Fue hacia los consumidores. Luego observa lo que los hogares hicieron con él. La respuesta es: no mucho.

Cuando se me pregunta esto, a veces cuento una historia personal. Hace varios años, mi esposa me compró nuevos palos de golf por mi cumpleaños. Yo estaba muy emocionado por que eso iba a ser un verdadero estímulo para mi juego. Así que, algunos años han pasado, y mi juego es el mismo de siempre. Yo no quería hacer sentir mal a mi esposa, así que dije: "Mira, si no me hubieras dado esos palos, mi juego se hubiera vuelto mucho peor".

Destacas en tu libro un memorando escrito en 1980 al presidente electo Reagan por economistas que habían trabajado en su campaña. ¿Cuál es su relevancia hoy en día?

Esa nota delineaba reformas a largo plazo para políticas fiscales, monetarias y regulatorias. No había devoluciones temporales de impuestos ni otras propuestas de estímulo a corto plazo. Era estratégica y enfocada en la previsibilidad de las políticas.

Compara esto con una nota escrita al presidente electo Obama en 2008 por su equipo económico. Esa nota estaba enfocada en intervenciones a corto plazo. El contraste es sorprendente.

¿Pero no estaba Reagan enfrentando un ambiente mucho menos caótico?

Es difícil recordar ahora la gravedad de la recesión económica de Estados Unidos cuando Reagan asumió la presidencia. Teníamos inflación de dos dígitos, las tasas de interés estaban cerca de 20%, el desempleo era alto y habían sido impuestos controles de crédito.

¿Cuál es tu evaluación de las acciones recientes de la Reserva Federal para ayudar a estimular la economía?

La Reserva Federal se ha enganchado en una política monetaria extraordinariamente relajada, incluidas dos rondas de la llamada flexibilización cuantitativa.

Estas compras a gran escala de hipotecas y deuda del Tesoro estaban destinadas a elevar dichos valores y así bajar las tasas de interés. Creo que la flexibilización cuantitativa ha sido ineficaz por decir lo menos, y es potencialmente perjudicial.

¿Qué tan perjudicial?

La Reserva Federal ha sustituido grandes segmentos del mercado con sí misma; compró 77% de la nueva deuda federal en 2011. Al hacer esto, la Fed ha creado una gran incertidumbre sobre el impacto de sus acciones sobre la inflación, el dólar y la economía.

La existencia de la flexibilización cuantitativa como instrumento de política crea incertidumbre, ya que los operadores especulan sobre si la Fed va a intervenir y cuándo. Eso es malo para el mercado de valores estadounidense, que debería reflejar las ganancias de las corporaciones.

Tú crees que la misión de la Fed necesita ser cambiada.

La Fed tiene que enfocarse en un único objetivo de la estabilidad de precios a largo plazo. Debemos eliminar el doble mandato de la Fed de maximizar el empleo y estabilizar los precios, que fue puesto en vigor en la década de 1970.

De 2003 a 2005, la Fed mantuvo las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo. Una razón primaria fue su preocupación de que elevar las tasas aumentaría el desempleo.

La consecuencia no deseada fue que las bajas tasas alimentaron la burbuja inmobiliaria, que a su vez condujo a la recesión y a un alto desempleo.

Más recientemente, la Fed ha citado a las preocupaciones sobre el empleo para justificar sus intervenciones, incluyendo la flexibilización cuantitativa. Remover el doble mandato le quitaría esa excusa.

En el ámbito de la regulación, ¿qué haría usted con la Dodd-Frank, la ley de reforma de Wall Street de de 2010?

Yo derogaría la mayor parte de ella. El problema con la Dodd-Frank es que da la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) la autoridad para asumir el control y, posiblemente, acabar con cualquier entidad financiera.

Toma la ley de bancarrota ya establecida y asigna ese poder a funcionarios públicos, que tienen la capacidad de favorecer a ciertas empresas sobre otras. Eso, de hecho, aumenta la probabilidad de un rescate.

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Entonces, ¿deberían ser divididos los grandes bancos? Eso podría eliminar la necesidad de la ley Dodd-Frank.

La mejor solución es exigir un capital adecuado a los bancos y otras entidades financieras, para hacer cumplir las regulaciones de riesgo que están y estuvieron en los libros, y sustituir a la autoridad de liquidación ordenada por la ley Dodd-Frank con un código de bancarrota que sea aplicado a estas grandes empresas para que no sean rescatadas. Es demasiado riesgo para asumir con dinero de los contribuyentes, ése es el problema.

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