Europa: ‘la hamaca’ inestable

El euro nació con un diseño incompleto que no puede corregirse sobre la marcha, asegura El-Erian; el economista dice que Europa necesita una reforma institucional, aunque la crisis puede empeorar.
Hamaca europa  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Mohamed El-Erian*
NUEVA YORK -

Este verano me han preguntado mucho sobre Europa, no tanto los economistas, sino otras personas preocupadas por que la persistente crisis en ese continente pueda dificultar aún más su vida económica diaria.

Al responder a esas preguntas, a menudo he luchado para resumir en pocas frases las causas de la crisis existencial de Europa, por no hablar de lo que posiblemente ocurra después (incluidos los elementos de una solución), hasta que encontré una metáfora útil al intentar usar una hamaca.

Yo no sé ustedes, pero las pocas veces que lo he intentado, encuentro que es muy difícil tenderse correctamente en una hamaca. Mis últimos intentos en este verano para acomodarme bien en ella fueron fuente de risas. Esto es lo que aprendí... con cierto dolor.

1. Si fallas en el posicionamiento inicial -lo que hice, en repetidas ocasiones- la estructura de la hamaca limita las posibilidades de ajustes sobre la marcha.

2. Los ajustes marginales -como recolocar el cuerpo a lo largo de la hamaca- pueden traer resultados desafortunados: o bien una caída o posturas tan peculiares que son difíciles de mantener por mucho tiempo.

3. Como resultado, los demás se alejarán de la hamaca, temiendo que tus malabares terminen por hacerles daño de alguna manera.

4. La respuesta correcta es ponerse de pie y volver a intentarlo. Pero es difícil levantarse con elegancia de una hamaca si tu posicionamiento inicial es erróneo. No es sólo una cuestión de orgullo. A menudo se puede acabar cayendo al suelo.

Todo lo cual nos lleva a Europa, cuya unión monetaria -y con ella, la histórica y trascendente iniciativa de integración regional- se ve amenazada de una manera peligrosa.

Europa comenzó con un diseño incompleto. La unión monetaria, que introdujo una divisa común altamente valorada (el euro) y una potente institución monetaria regional (el Banco Central Europeo o BCE), estuvo acompañada de forma insuficiente por otros pasos que son fundamentales para la estabilidad a largo plazo. Y estos iniciales defectos de diseño se ampliaron, contundente y visiblemente, por el impacto de la crisis financiera mundial de 2008.

Al tomar conciencia de sus problemas de diseño, los funcionarios europeos han tratado de ajustar su posición sobre la marcha en lugar de intentar una reforma fundamental. Y como alguien que se coloca torpemente en una hamaca, tales ajustes marginales han demostrado una eficacia limitada dada la extensión de los defectos de diseño iniciales.

Sí, firmaron un compromiso con el proyecto europeo regional, pero hicieron muy poco para mejorar su sostenibilidad amenazada. Cuanto mayor sea la inestabilidad, mayores serán los incentivos para que otros se alejen de la unión monetaria europea.

Día tras día, el capital privado ha abandonado a los miembros más débiles de la zona euro y, en algunos casos, a Europa entera. Esto se ve en el flujo masivo de inversiones y depósitos bancarios que salen de las economías periféricas, como Grecia, y se dirigen a la nación medular de Alemania. También lo vemos en la salida de dinero de Europa en su totalidad hacia jurisdicciones consideradas menos problemáticas, en especial Suiza y Estados Unidos.

La salida de capitales amplifica la inestabilidad de la eurozona -no sólo porque enormes responsabilidades se transfieren del sector privado a los contribuyentes, sino también porque se retira el oxígeno que sustenta la contratación y la inversión en instalaciones y equipos.

Conforme las economías más débiles implosionan lentamente y las economías más fuertes resisten la asunción de más responsabilidades, crece más la convicción de que la eurozona necesita una importante reforma institucional. Sin embargo, al igual que una persona que duda en bajar de una hamaca inestable, no hay prisa para emprenderla.

Ante el riesgo de una ruptura inmediata y las consecuencias inevitablemente inciertas, ningún líder europeo está dispuesto a pasar a la historia como el responsable de radicales cambios institucionales en la zona euro. Prefieren que alguien más sea el responsable.

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Mientras tanto, los problemas financieros de la región continúan creciendo, el sufrimiento humano aumenta; incluyendo una tasa de desempleo juvenil superior al 50% en dos de los diecisiete países miembros, y las soluciones con las grandes negociaciones políticas que conllevan, se vuelven todavía más complejas.

Por tanto, respondemos que sí: a pesar de la aparición de cierto activismo político (sobre todo por el BCE), es probable que la crisis de Europa persista por un tiempo. Existe un riesgo significativo de que la situación pueda empeorar antes de mejorar. De este lado del mundo, con el Congreso paralizado por la polarización política extrema, Estados Unidos tampoco está haciendo lo suficiente para aislarse y protegerse frente al dilema de la hamaca europea.

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