China: La ascensión de los burócratas

La transición de liderazgo en ese país premia a los que se saben lidiar con el sistema político; la carrera de Li Keqiang, quien será primer ministro, destaca por los desastres que ha acallado.
Li Keqiang  (Foto: AP)
Kathrin Hille
Financial Times -

Ayudó a encubrir un escándalo de Sida que arrasó aldeas enteras. Mientras era gobernador de una provincia, cientos de personas murieron en una serie de grandes incendios. Pero él no renunció en medio del deshonor ni fue a prisión. En cambio, está a punto de convertirse en el próximo primer ministro de China.

Li Keqiang es uno de los hombres que el Partido Comunista de China presentará en un par de semanas como uno de los líderes del país para la próxima década.

Y, aunque hay una multitud de complejos desafíos por delante en la dirección de la nación más poblada del mundo, parece que el partido va a elegir una alineación, no de los más destacados, sino de aquellos que, como Li, son más hábiles para navegar su política interna.

Más de 20 años atrás, cuando la Unión Soviética se derrumbó, muchos en occidente celebraron la victoria de la democracia sobre el comunismo como el "fin de la historia". Pero el Partido Comunista de China sigue resistiendo. De hecho, después de la sangrienta represión de la revuelta pro-democracia en 1989 que amenazó con derrocarlo, el partido generó un auge económico que sacó a decenas de millones de la pobreza y transformó al país en la segunda mayor economía del mundo.

Sin embargo, su propia capacidad de cambiar no ha mantenido el ritmo. Ahora en su séptima década, aún no ha logrado crear un sistema de gobernanza transparente para sí mismo, un fallo destacado por la especulación febril acerca de la desaparición de Xi Jinping, el vicepresidente que se esperaba que fuera promovido a jefe del partido y presidente de Estado.

El partido se aferra a rígidas estructuras leninistas en una contradicción creciente con la economía de mercado y la sociedad pluralista que ayudó a crear. Aunque la competencia feroz se ha convertido en la norma en el sector privado, el partido es tan cauto y conservador como siempre en lo que se refiere a la preparación de equipos.

"En teoría, los funcionarios son elegidos a través de un proceso ascendente, pero en la práctica las decisiones se toman de manera jerárquica", dice Cheng Li, de la Institución Brookings, un centro de estudios con sede en Washington.

Este sistema era bastante eficiente en la era de Deng Xiaoping, el arquitecto de las reformas económicas de China y líder supremo hasta su muerte en 1997. Al igual que Mao Zedong, el fundador de la República Popular de China, Deng impuso su autoridad por el hecho de que había luchado en la revolución. Pero después de que abandonó las frecuentes campañas políticas de Mao, como la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante, en favor de las reformas de mercado y los retos de 1989, permanecer en el poder se convirtió en el principio organizativo. La ideología comunista ya no era la fuerza que mantenía todo unido.

"En la era de Deng Xiaoping, podían hacer muchas cosas porque eran revolucionarios y tenían capital político. Pero ahora, nuestros políticos son todos burócratas que han subido en el escalafón", dice Ren Yi, un ‘principito' liberal, como son conocidos los hijos de los altos funcionarios del partido. El ejecutivo del sector financiero, educado en Harvard, es el nieto de Ren Zhongyi, ex secretario del partido en la provincia de Guangdong y uno de los defensores más acérrimos de la reforma política.

"Para decirlo sencillamente, son más mediocres; no son líderes, sino que sólo siguen las políticas", dice. "Aquellos que son sensatos y de mente independiente serán eliminados por el sistema, los más obedientes, los que no tienen límites, serán ascendidos".

Esa regla fue un factor, aunque no el único, detrás de la purga de este año de Bo Xilai, el ex secretario del partido populista de Chongqing que estaba en camino a ascender a una posición de liderazgo. Después del retiro de Bo, su esposa fue acusada del asesinato de un hombre de negocios británico.

El principio de favorecer a los que entran dentro de la línea está presente en la selección de la próxima dirección. Li Keqiang es visto como un buen ejemplo. Su biografía imita fielmente la de Hu Jintao, el actual presidente del partido y presidente del Estado, y mentor de Li. Sus familias provienen de la misma provincia, y al igual que Hu, Li ascendió a través de la liga de la juventud comunista y fungió como gobernador de provincia y secretario del partido.

La gente que conocía a Li a principios de su carrera lo describe como alguien que se relacionaba fácilmente con quienes evitaban la controversia. Fue identificado como un candidato a un cargo más alto desde el principio. "Cuando se convirtió en jefe de la liga de la juventud del partido comunista en la Universidad de Pekín en 1982, todo el mundo sabía que sería un importante líder algún día", dice Peng Dingding, un escritor independiente que conoció a Li en su época de estudiante.

Sin embargo, la carrera administrativa de Li es corta en logros y larga en eventos desastrosos. Un viejo refrán pide a los funcionarios que inicien su servicio con "tres fuegos", una metáfora en referencia a las políticas pendientes. Pero después de que Li asumió el cargo de gobernador de Henan en 1998, tres incendios en la provincia central cobraron cientos de vidas y le valieron el apodo de 'Li tres fuegos'.

Li fue promovido más tarde a secretario del partido de la provincia, cargo que ocupó hasta 2004. Bajo su supervisión, una epidemia de Sida hizo estragos en la provincia interna. El problema había sido creado antes de su llegada por una estratagema comercial de venta de sangre propagada por el anterior gobierno para impulsar la economía local. Los habitantes de muchas de las zonas rurales más pobres de la provincia eran alentados a vender sangre a comerciantes que extraían el plasma y luego inyectaban a los donantes con la sangre restante.

A medida que las infecciones se contagiaban a finales de 1990, aldeas enteras fueron dejadas a su suerte. De acuerdo con los funcionarios de salud de Henan y activistas de campañas contra el Sida, el gobierno de Li se enfocó en encubrir la epidemia y en intentar suprimir los intentos de las víctimas por buscar ayuda y de los médicos y organizaciones no gubernamentales por informar y ayudar a la gente.

En un ejemplo ampliamente difundido, Gao Yaojie, un médico, identificó el problema a tiempo, pero fue puesto bajo arresto domiciliario por las autoridades provinciales y se le impidió educar a los pobladores y buscar elevar el debate político. Las autoridades provinciales continuaron su persecución de médicos, campesinos y activistas contra el Sida hasta que Pekín intervino en 2003.

"Según la ley china, Li Keqiang como el funcionario de más alto rango del gobierno de la provincia en aquel momento debería haber cargado con la responsabilidad política por esto", dice Wan Yanhai, un prominente activista contra el Sida que abandonó el país en 2010 debido a la persecución política.

"La dirección del partido estaba protegiendo a Li Keqiang, porque ya había sido elegido como un líder", dice Hu Jia, otro disidente, quien trabajó con Wan para combatir la propagación del sida en Henan durante el mandato de Li allí.

Para aquellos en el sistema, todo esto tiene sentido. "Hoy en día, China no hace hincapié en la ideología; las relaciones son lo más importante", dice Ren. "Te conozco mejor, te promuevo, por lo que hay un acuerdo mutuo y el reconocimiento entre nosotros".

Aunque el cambio ha hecho más pragmático al partido, también ha dado lugar a la corrupción. Los observadores tanto dentro como fuera del partido ven estos lazos entre facciones y patrones y clientes, que se han convertido en la piedra angular del gobierno del partido comunista, como la principal razón de la creciente inercia acerca de la reforma.

No obstante, Pekín muestra flexibilidad en lo que respecta a adaptarse a los cambios externos. A pesar de las numerosas pruebas en todo el mundo, en particular con los levantamientos árabes, de que Internet puede ayudar a derrocar a las dictaduras, el partido ha adoptado las redes sociales. Censura los populares microblogs similares a Twitter; pero también los alienta, y trata de usarlos para entender mejor la opinión pública y transmitir sus propios mensajes. La policía y los departamentos de propaganda del partido, por ejemplo, tienen sus propias cuentas.

El partido también altera continuamente sus propias instituciones. Cuando eligió nuevos equipos de dirección provinciales este año, antes de la transición nacional, que probablemente será en octubre, redujo el número de jefes de policía en control de las políticas y la cartera de ley; un cargo que supervisa los servicios de seguridad, fiscalías y tribunales.

También se espera que el liderazgo del partido degrade la política y la cartera de ley desde el nivel central al abolir el asiento de su líder en el comité permanente del buró político o politburó, compuesto por nueve miembros, el órgano de decisión más poderoso. Estos cambios fueron provocados por el reconocimiento de que los servicios de seguridad habían estado ayudando a Bo a construir una base de poder propia.

El partido también ha experimentado con las elecciones intrapartidarias. Sin embargo, estos intentos de reforma se han paralizado casi por completo.

Pero hay una creciente sensación tanto fuera como dentro del partido de que la cambiada sociedad china y su economía han rebasado a  su sistema político. "Todos esperamos que los nuevos líderes aprendan de (el ex presidente ruso Boris) Yeltsin y adopten audaces reformas políticas", dice un veterano miembro del partido en Henan, una de las provincias más políticamente conservadoras.

Lin Zhe, profesora de la Escuela Central del Partido en Pekín, dice: "Sin duda volveremos a tener elecciones plenamente competitivas incluso para nuestros líderes, incluyendo las de secretario general del partido, eventualmente". Aunque advierte que las reformas han entrado en un período en que el progreso es mucho más difícil y peligroso, afirma: "La democracia es una tendencia mundial que nadie puede detener. Los funcionarios trabajarán más duro y serán más serios si tienen que postularse para un cargo".

Algunos dicen que este día llegará mucho antes de lo que piensa el partido. "Me considero afortunado de vivir en estos emocionantes tiempos. China está a punto de ver grandes cambios", dice Hu Jia. "Creo que vamos a tener elecciones generales en 2020".

Los críticos del partido argumentan que la eliminación de Bo de sus cargos políticos fue la purga de un político que se movió en esa dirección: Que se atrevió a hacer una campaña abierta por el apoyo popular y por lo tanto desafió las reglas del juego.

"Su ejemplo demuestra que ya estamos al borde de un sistema pluripartidista", dice un disidente que participó una vez en la organización de un partido democrático. "Él tiene un programa y una base de apoyo. En el otro extremo del espectro, tienes al (primer ministro) Wen Jiabao con un programa contrastante y una base de apoyo opuesta. Lleva esto un poco más lejos, y el Partido Comunista se dividirá en dos".

Los desafíos externos al partido también se han incrementado. Los activistas dicen que la afirmación de que no hay nada que reemplace al partido comunista ya no se sostiene. "El legado de Hu Jintao y de Wen Jiabao es el surgimiento de una sociedad pluralista", dice el jefe de una 'iglesia en casa' cristiana no oficial de Pekín. "La sociedad civil está floreciendo, y veremos a las organizaciones no gubernamentales ganando influencia en la política".

Esto no es para lo que Li y Xi han sido preparados. Sin embargo, algunos observadores creen que tienen la oportunidad de sobrevivir a los cambios políticos que se avecinan si siguen la trayectoria de Chiang Ching-kuo, el hijo del líder nacionalista chino Chiang Kai-shek. Como presidente taiwanés, el joven Chiang allanó el camino para la democratización de Taiwán en la década de 1980 con medidas como el levantamiento de la prohibición de los medios de comunicación y partidos políticos independientes.

"La gente no quiere una revolución", dice el disidente. "Depende del propio Partido Comunista si China va por el camino de Taiwán o el de Rumania".

Elecciones de partido: La función lentamente creciente de las urnas

Hace cinco años, cuando el Partido Comunista se preparaba para su congreso numero 17, el personal de la Escuela Central del Partido fue invitado a participar en la elección de delegados para confirmar las decisiones tomadas por la alta dirección. Pero este año, en el período previo al congreso número 18, no recibieron ninguna invitación. "No sé por qué; tal vez celebraron las elecciones en alguna otra institución", dice Lin Zhe, profesor de la más alta institución del partido para la educación y formación de los funcionarios del partido.

El episodio antes del congreso para confirmar la transición de liderazgo que ocurre una vez cada década, en octubre, es un claro ejemplo del papel de la votación en China. Plenamente consciente de la necesidad de reforzar la legitimidad y encontrar mejores formas de seleccionar funcionarios y dirigentes políticos, el partido ha estado experimentando con la votación durante más de 30 años.

En principio, el partido trata de elegir funcionarios de todos los niveles que tengan al menos algún apoyo amplio. Como parte de los preparativos para la transición de este año, en mayo se realizó un sondeo de opinión de los miembros del comité central, el cuerpo de 350 personas que designa la dirección del partido, como referencia para la selección de candidatos para el nuevo politburó, el grupo de 25 miembros que a su vez elige al comité permanente, la máxima dirección del partido.

Sin embargo, los críticos dicen que los intentos de reforma a través de las elecciones han avanzado poco y que cuando la votación se produce, a menudo es manipulada. En 1990, el partido aprobó un reglamento provisional que pedía elecciones internas a nivel de base, pero no ha expandido las elecciones más allá del nivel de las ciudades pequeñas. Las reglas también incluyen la idea de que no debe haber más candidatos que escaños, pero el progreso ha sido lento: Hace una década, se decidió que en las elecciones para delegados del congreso del partido, el margen debía ser de 10%, y fue elevado en 2007 al 15%. Para el congreso 18 del partido, el margen no ha sido incrementado.

Algunos miembros del partido dicen que el uso de la votación interna es selectivo, incoherente y manipulador. "Cada vez, se anuncia que los delegados de las instituciones judiciales en nuestra provincia fueron 'elegidos' pero en realidad nunca podemos a votar", dijo un fiscal jubilado.

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El personal de la Escuela Central del Partido sospecha que han sido excluidos de la votación congresista debido al riesgo de que no apoyaran a un candidato preferido por los líderes.

Funcionarios de alto rango del partido también han emitido en varias ocasiones reglas no escritas sobre quién puede postularse. "Una de las condiciones es que el candidato debe tener 'un sentido de un panorama amplio', dice la profesora Lin. "Eso fue algo que no entendía cuando todavía tenía ilusiones sobre las elecciones", dice.

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