La Unión Europea, ¿todavía es útil?

Esta agrupación ya no merece la devoción idealista que generó en el pasado, opina Samuel Brittan; señala que sus problemas con el euro se suman a un rezago en crecimiento y a un exceso burocrático.
bandera union europea  (Foto: Thinkstock)
Samuel Brittan
Financial Times -

Debido a que cualquier cosa que pueda ser malinterpretada será malinterpretada, debo comenzar con algunas renuncias de responsabilidad.

No estoy instando a que la Unión Europea (UE) deba terminar. Al igual que el Sacro Imperio Romano Germánico, podría pasar muchos años en un suave declive haciendo poco daño y poco beneficio. Tampoco estoy instando a que Reino Unido o cualquier otro Estado miembro deba abandonar la UE.

Lo que estoy diciendo es que la UE ya no merece la devoción de los idealistas prácticos. Cuando las voces en París o Berlín dicen que la respuesta a cualquier problema es "más Europa", con lo cual quieren decir poder más centralizado para las instituciones de la UE, debemos hacer oídos sordos. Y cuando algunos líderes dicen que "sin el euro no hay Europa", debemos encogernos de hombros y mirar un atlas para tranquilizarnos.

Aunque siempre hubo un fuerte elemento federalista en el trasfondo, el movimiento europeo posterior a 1945 inició en serio con el Plan Schuman, diseñado para integrar las industrias de carbón y acero alemanas y francesas con el fin de que la guerra entre los dos países fuera imposible.

Le siguió el mercado común, diseñado para liberar el comercio en Europa Occidental, y puedo recordar como Harold Macmillan, el primer ministro británico, fue instado para avanzar con su solicitud de adhesión. Pero a medida que pasaba el tiempo, la UE -como fue denominada- adquirió más y más ambiciones, y desarrolló un cuadro completo de eurócratas preocupados por el creciente poder y la influencia de la UE por su propio bien. En este punto me perdieron.

En la reciente política económica, la UE ha logrado lo peor de ambos mundos. Ha construido una red de regulación y papeleo burocrático, de la que los negocios justamente se quejan. Sin embargo, ha combinado esto con políticas macroeconómicas muy restrictivas, lo que sugiere que los Borbones a cargo no han aprendido nada y no han olvidado nada de las experiencias catastróficas de la década de 1930.

Mario Monti, el ‘tecnócrata' que ahora lidera Italia, ha dicho que su modelo a seguir es el de Luigi Einaudi, el distinguido economista antifascista que se convirtió en el segundo presidente del país después de la Segunda Guerra Mundial. Pero en tiempos de Einaudi el mundo era un mercado de vendedores; y un Gobierno decidido sólo tenía que restringir la demanda interna para que los compradores vinieran a su puerta. Hoy en día, esas políticas ortodoxas tendrían que ir acompañadas de un tipo de cambio libre, descartado por el euro.

No obstante, continuemos en un tono más bajo. El Instituto Nacional de Investigación Económica y Social del Reino Unido ha publicado recientemente estimaciones de crecimiento para la UE que no muestran aumento este año y muestran un alza de 0.9% para 2013. Para la zona euro mostraron tasas de -0.4% y 0.5%, respectivamente.

En comparación, las estimaciones para la economía mundial están en el rango del 3 a 4%. Estas cifras podrían estar hinchadas por economías emergentes de alto nivel como China. Pero incluso Estados Unidos y Canadá muestran tasas de crecimiento ligeramente superiores al 2%. También muestran que la UE se ha rezagado en años anteriores. Y, por si sirven de algo, las previsiones muestran una brecha cada vez mayor en los años próximos.

Ni por concepto de las compensaciones son las tasas de inflación inferiores al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en todo caso son un poco más altas. Pero para ser justos, son un poco más bajas que las que Reino Unido ha logrado recientemente.

El economista Tim Congdon ha estimado que la adhesión a la UE cuesta el equivalente al 10% del Producto Interno Bruto (PIB) de Reino Unido. Este dato no debe ser desdeñado debido al hecho de que la investigación fue publicada por el Partido de Independencia del Reino Unido, para quien Congdon se postuló en las últimas elecciones generales.

El reporte muestra que las mayores pérdidas provienen de los ‘costos de la regulación'. Pero el siguiente elemento más grande, según sus cálculos, son los costos de la mala asignación de recursos, que ya no son principalmente en la política agrícola común, sino en otra protección clandestina.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con Congdon cuando atribuye un carácter negativo a la libre circulación de trabajadores en la UE. Ésta es una ganancia en términos de derechos humanos, no expresable en términos del PIB. Esta libre circulación no se aplica a través del Atlántico ni en la Commonwealth. Debe ser preservada en el futuro, con un acuerdo menos rígido entre Reino Unido y la UE.

Pero el argumento más devastador contra la dirección hacia la que va la UE es proporcionado inadvertidamente por un diputado federal, Andrew Duff, en un folleto de Redes de Políticas llamado Sobre el Gobierno de Europa.

Su objetivo es tratar de dar sentido a la compleja red de órganos, responsables políticos, fondos de rescate, acuerdos internacionales y muchos otros elementos que han surgido desde la crisis financiera. Él hace un gran intento y recuerda mencionar el estúpido compromiso de presupuestos equilibrados.

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El autor espera que una nueva conferencia de revisión del tratado en 2015 dé sentido a esas disposiciones. Cualquiera que suponga que este embrollo mejorará el bienestar de los ciudadanos europeos es ciertamente optimista, y Duff tiene pocas esperanzas de convencer a sus compañeros británicos, ya que sus últimas páginas explican cómo Reino Unido puede permanecer al margen de manera honorable.

Pero de una cosa estoy seguro. Reconozco el lenguaje de la intolerancia y el autoritarismo cuando lo escucho. Palabras como impensable, inmencionable e indiscutible son lanzadas contra cualquiera que se atreva a cuestionar la ortodoxia de la UE, no sólo sobre el euro. Incluso si todo lo demás en este artículo es incorrecto, la intolerancia a la crítica de la UE es suficiente para desanimarme del proyecto.

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