TARP, cuatro años de rescates sin fin

El programa que nació en el clímax de la crisis se mantiene activo tras el fin de la emergencia; bancos y firmas financieras siguen exigiendo y aprovechando ésta y otras ayudas gubernamentales.
TARP  (Foto: Cortesía Fortune)

Topeka normalmente no es un lugar que asociemos con los rescates de firmas y bancos 'demasiado grandes para quebrar'. Sin embargo, en junio pasado, el inspector general de la Agencia Federal de Financiamiento de la Vivienda (FHFA, por sus siglas en inglés) hizo un descubrimiento extraño. Desde finales de 2010, el Federal Home Loan Bank (FHLB) de Topeka, un prestamista regional respaldado por el Gobierno, había comenzado a canalizar más y más de su dinero hacia bancos en problemas. En total, FHLB Topeka había colocado más de 5,000 millones de dólares en préstamos sin garantía.

Y no estaba solo, en los primeros meses de 2011, mucho después de que la crisis financiera terminara, los bancos federales de préstamos de vivienda en todo Estados Unidos estaban asumiendo más riesgo, entregando una creciente cantidad de ayuda a firmas financieras. Lo más extraño era que gran parte de ese dinero ni siquiera era destinado a préstamos en Estados Unidos. Una buena parte del dinero estaba siendo usado para ayudar a apuntalar bancos extranjeros.

El 3 de octubre es el cumpleaños del TARP. Hace cuatro años, el Congreso estadounidense votó -tras haber derribado el plan tan sólo unos días antes- por usar hasta 700,000 millones de dólares para rescatar a los bancos más grandes de la nación, a Wall Street y presumiblemente a la economía estadounidense en su conjunto.

El plan llegó a ser conocido como el Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), y fue diseñado originalmente para comprar hipotecas morosas y otros llamados activos tóxicos. Al final, el programa enviaría la mayor parte del dinero que sí utilizó -poco menos de 500,000 millones de dólares- directamente a los bancos, automotrices y compañías de seguros, en particular a AIG, con el fin de mantenerlas a flote. Sólo una pequeña parte del dinero fue utilizado para ayudar a los prestatarios a conservar sus casas o a adquirir directamente préstamos en problemas.

Sin embargo, bajo ciertas medidas, funcionó. La economía no se hundió en una depresión. Estados Unidos todavía tiene bancos y los estadounidenses no se ven obligados a ocultar su oro en cajas de cereal vacías, aunque algunos gestores de fondos de cobertura realmente bajistas creen que deberían hacerlo. Pero es una minoría.

Más recientemente, el Departamento del Tesoro y otros defensores del rescate han recurrido a las ganancias para defender su caso. Y recientemente ganaron otro argumento cuando el gobierno logró deshacerse de la mayor parte de su participación restante en AIG con una ganancia. Dicen que los rescates tuvieron sentido, en parte, porque hicieron dinero. La mayor parte del dinero que los contribuyentes otorgaron a los bancos volvió con intereses.

No importa el hecho de que el Departamento del Tesoro recientemente se haya deshecho con pérdidas de participaciones en bancos pequeños, y el hecho de que su inversión en General Motors siga estando profundamente devaluada. ¿Quiere eso decir que el rescate de GM, y las decenas de miles de empleos que probablemente salvó, fueron un fracaso? En realidad no creo que las ganancias de las empresas deban ser nuestra vara de medida. La medida real debería ser si conseguimos un sistema financiero más seguro y más justo. ¿Fue así?

Pero lo que está claro es que cuatro años después de que se creó el TARP, los bancos siguen mayormente en el extremo receptor del efectivo y apoyo del Gobierno. Por supuesto, el Gobierno siempre ha jugado un papel importante en asegurarse de que los bancos y el mercado de vivienda funcionen. Pero desde el TARP, la ayuda financiera que proporciona se ha vuelto más común y directa.

Eso podría tener sentido. Es más fácil seguir la pista a los rescates otorgados por la puerta principal. Y cuando los bancos están recibiendo asistencia regular, es más fácil defender regulaciones más estrictas. Es más, cuando al menos parte del dinero gubernamental está en juego, todos parecen prestar más atención y realizar un mejor manejo de lo que harían los bancos si únicamente estuviera en juego su dinero, al menos según nuestra comprensión del funcionamiento de las finanzas modernas.

Pero en un año en el que los bancos más grandes del país están en vías de obtener 60,000 millones de dólares en ganancias, es necesario preguntarse cuánta de esta ayuda es necesaria.

En primer lugar, está el TARP, que a pesar de haber sido concebido como un programa temporal, todavía permanece bastante activo.

Aunque los mayores bancos estadounidenses han pagado su deuda al Gobierno más intereses, al 30 de junio, cientos de bancos pequeños aún no habían pagado los 14,000 millones de dólares en préstamos baratos que les fueron proporcionados por el Gobierno. Y no es sólo que el TARP no haya sido clausurado, es que todavía está activo.

El programa de ayuda para la vivienda del TARP, un esfuerzo ciertamente respetable, todavía está autorizado a gastar 40,000 millones de dólares, dinero que debería haberse gastado hace mucho tiempo, si es que era necesario.

Pero incluso más allá de TARP, varias agencias gubernamentales se han mostrado renuentes a tirar del enchufe de algunos programas y préstamos que fueron establecidos para ayudar a los bancos en el clímax de la crisis financiera. Una de las mayores ayudas financieras directas proviene de la Reserva Federal (Fed).

Durante la crisis financiera, la Fed, por primera vez en su historia, comenzó a pagar a los bancos un interés del 0.25% sobre el dinero que mantienen en depósito en el banco central estadounidense. Era una manera de reforzar el balance general de la Fed y canalizar algo de dinero extra a los bancos al mismo tiempo. El dinero cayó a raudales hacia las cuentas de la Fed.

Actualmente se ha convertido en una manera en que los bancos ganan dinero por hacer nada. Los bancos ahora tienen más de 1.5 billones de dólares en depósitos en el banco central estadounidense, lo que significa que recaudan alrededor de 4,000 millones de dólares al año por pago de intereses del Gobierno federal.

Se esperaba que, a medida que la economía mejoraba, los bancos redistribuirían ese dinero, y con suerte lo utilizarían para hacer más préstamos. Pero las entidades han sido reacias a abandonar esta fuente de ingresos gubernamental libre de riesgos. Algunas personas piensan que es hora de que Ben Bernanke y la Fed dejen afuera a los bancos. El Banco de Inglaterra recientemente dejó de pagar intereses sobre sus depósitos. Y algunos bancos centrales de todo el mundo ahora incluso cobran a los bancos por guardar su dinero en ellos.

Otra ayuda financiera proviene de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés). Durante la crisis financiera, la FDIC acordó asegurar todas las cuentas operativas que no generaran intereses.

Como resultado, las empresas, en busca de seguridad, han almacenado cada vez más dinero en los bancos. Actualmente, la cifra asciende a alrededor de 16,000 millones de dólares. Al mismo tiempo, eso ha proporcionado a los bancos una acumulación creciente de capital, que es mucho más barata de lo que debería ser.

El seguro ilimitado está programado para expirar a finales de este año. Pero los bancos han argumentado que necesita mantenerse vigente. Parece que hay una buena posibilidad de que se mantenga. Y probablemente no será la única ayuda que permanecerá.

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Así que: Feliz cumpleaños, TARP. De una u otra forma, es probable que cumplas muchos más.

*El autor es columnista de Fortune.

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