Reforma laboral, con alcances limitados

Un estudio encargado por el Banco Mundial anticipa que no acotará al sector informal en México; Héctor Villarreal, investigador a cargo del caso, advierte un deterioro del empleo tras la crisis.
reforma laboral  (Foto: Archivo)
Isabel Mayoral Jiménez
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La iniciativa preferente de reforma a la Ley Federal del Trabajo que se discute en la Cámara de Senadores no significa un cambio radical ni combatirá en su totalidad la informalidad en México, dice el director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), Héctor Juan Villarreal.

"No es una reforma radical. Mucho de lo que se discute operara desde los primeros meses, pero después se va a parecer mucho a la ley vieja que ya tenemos", asegura en entrevista.

El académico encabezó uno de los cuatro grupos de trabajo para analizar el mercado laboral mexicano durante y después de la crisis de 2009, el cual se integró al Informe sobre el Desarrollo Mundial 2013 (que realiza el Banco Mundial) y que será presentado este martes 23 de octubre.

El profesor de la EGAP del Tecnológico de Monterrey estima que aunque la reforma laboral que se discute en el Senado aliviaría la informalidad, no la corregirá en su totalidad, ya que por su tamaño no hay manera de desaparecerla de la noche a la mañana.

"El proceso es largo y tendría que combatirse con mayor crecimiento y mejor educación; hay que desarrollar capital e infraestructura en áreas donde hace falta".

Precisa que sin infraestructura, es poco probable que aparezcan trabajos de calidad. "Se tienen que tomar muchas medidas, hacer un replanteamiento de algunos sectores económicos, finanzas públicas con una visión de más largo plazo, mejorar la competencia en algunos sectores, todas esas medidas deben ir en la dirección correcta".

Aunque México registró un menor desempleo durante septiembre, la cifra de personas que encuentran sustento en la economía informal mantuvo su tendencia al alza, con poco más de 14 millones según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El investigador también considera que la reforma no precariza el empleo en su totalidad; sin embargo, "hay que entender que en una reforma de este tipo habría ganadores y perdedores, de eso no nos vamos a librar" y es una reforma que tiene efectos en el mediano y largo plazos que a corto plazo, pero "habrá que ver cómo termina la reforma realmente".

La gente que en este momento está trabajando prácticamente no la va a afectar, "con excepciones claro, porque si pensaban demandar a su patrón y la apuesta era sacarle tres o cuatro años de salarios caídos por ejemplo, a lo mejor sí les afecta", asegura.  

Sin embargo, reconoce que en donde sí va a tener efectos es los nuevos empleados. "Si los contratan ahora a lo mejor consideran que les convenía más la ley vieja, porque desde el inicio aseguraban prestaciones que no se contemplan en esta reforma".

En su opinión el planteamiento no le parece justo, ya que la probabilidad de ser contratado con la ley que se apruebe es más alta que con la ley actual. El académico estima que un joven de 18 o 20 años puede preferir que lo contraten con el nuevo esquema como una oportunidad de formalizarse.

Recuperación, insuficiente

Héctor Juan Villarreal refiere que en el informe sobre el mercado laboral mexicano que integra el estudio del Banco Mundial se desarrolló una metodología que toma en cuenta la encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) y la Encuesta de Ocupación y Empleo (ENOE), que permitió un análisis más completo sobre los efectos antes y después de la crisis de 2008.

El estudio compara 2006 contra 2010, lo cual no es arbitrario, ya que la última ENIGH disponible es la de 2010 y en el informe se ha constatado que México es un país con gran desigualdad en torno a las condiciones de empleo, con grandes brechas entre formalidad e informalidad.

Entre 1990 y 2010 creció el número de personas en edad de trabajar; el empleo total aumentó de 23 a 43 millones de personas. No obstante, la fracción de trabajadores con contrato de trabajo permanente ha estado entre 40% para los hombres y 50% para las mujeres, y los salarios tuvieron un incremento modesto.

Como consecuencia de la crisis de 2008 y 2009, el desempleo en México aumentó porque las empresas se deshacían de trabajadores más rápido, aunque siguieron contratando al mismo ritmo que antes de esa recesión.

"Nuestra economía logró sortear la crisis y en 2010 tuvo una recuperación importante; sin embargo, la recuperación del mercado laboral es sustancialmente más lenta y aumentó el mercado informal".

Por ejemplo, el ingreso promedio de jefes de familia en el quintil 1 (el 20% de la población más pobre) cae 15% con la crisis, empieza una recuperación, "pero a lo mejor después de  la crisis estamos como 10% debajo de lo que se observó en 2007".

En el quintil 5 (el 20% más rico de la población), el nivel de empleo en 2006 es prácticamente idéntico al de 2010, baja 6 décimas de punto por la crisis, al pasar de 80.8% a 80.2%, pero "si contrastamos con el quintil 1 que en 2006 rondaba 76.7% -muy parecido al quintil cinco-, para 2010 cae a 69%.

"Es decir, solo el 69% del quintil 1 estaba empleado, y ahí ya podemos encontrar una precarización muy clara".

La participación del quintil 1 en el sector formal, cae 5% al pasar de 51.4% a 46%; en el salario por hora de gente empleada en el quintil 1 se va de 27 a 21 pesos de 2010 y en horas trabajadas por mes, en 2006 para el quintil 1 se cae de 188 a 180. "Ese tipo de cosas son drásticas".

No obstante, el investigador destaca que si está cayendo tanto el empleo en el sector formal podría esperarse que la participación en los sistemas de salud también bajara, pero no es así.

"Encontramos que en los hogares, esta caída de participación en jefes del hogar se compensó mandando más personas de la familia al mercado laboral, eso de alguna manera da cobertura en prestaciones, pero no impide que los sueldos y participaciones estén cayendo".

La recuperación de la economía no fue suficiente para darle empleo a los que lo perdieron, sobre todo entre los más pobres, afirma, aunque puntualiza que el estrato de mayores ingresos ya está muy cerca del nivel que registraba antes de la crisis, mientras que para los de menor ingreso la recuperación ha sido más lenta.

El estudio destaca que la política fiscal ha sido en general consistente en disminuir la brecha de impuestos entre el costo de un empleo para el empleador y el beneficio líquido recibido por el trabajador. En paralelo a la evolución fiscal, los programas no contributivos han estado en expansión, en ocasiones en competencia explícita con la seguridad social.

Un aspecto crítico es que las empresas micro están casi totalmente marginadas del sistema fiscal y de protección social. Hay una gran brecha en protección social y productividad entre trabajadores de empresas pequeñas y grandes.

Grandes grupos en el país pueden estar marginados por razones distintas a las fiscales y regulatorias, por lo cual puede ser necesaria una acción para incorporarlos al sistema general de protección social.

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Aun con un crecimiento económico sostenido y un movimiento hacia la formalización laboral, el estudio estima que aún a largo plazo no se logrará superar una cobertura de la protección social de 60%.

"Nosotros creemos que si se quiere ser mucho más efectivo en el combate a la pobreza, y en particular con la pobreza de capacidades y patrimonial, el gobierno tiene que hacer más política pública referente a la creación y mejoramiento de los empleos", concluye el investigador.

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