Fed ‘olvida’ evaluar derivados de bancos

La prueba de resistencia de la entidad al sistema bancario de EU carece de rigor, según expertos; los derivados pueden generar grandes pérdidas y poner en riesgo la solvencia de los bancos.
El débil entorno económico dificulta la tarea de Hacienda.  Los riesgos para la economía están cargados a la baja.  (Foto: Getty)
Stephen Gandel
NUEVA YORK (CNN) -

En el último año, los ejecutivos de la banca estadounidense se han referido a sus balances bancarios como fortalezas, verdaderos recintos amurallados.

El término, se supone, alude al hecho de que los bancos están mejor protegidos contra pérdidas por préstamos y trading desde la crisis financiera. Pero el jueves tuvimos la oportunidad de ver qué tan fuertes se han vuelto los muros que rodean a los bancos... o si se vendrían abajo en la próxima crisis.

Después del cierre del mercado, la Reserva Federal dio a conocer el primer conjunto de resultados de las llamadas ‘stress tests', las pruebas anuales de resistencia para conocer la solvencia del sector financiero.

En la primera etapa, llamada prueba de solvencia Dodd-Frank, la Fed reveló cómo cree que los grandes bancos y la industria en general reaccionarían si la economía sufriera otra crisis importante.

(Ally Financial fue el único banco que no logró superar las pruebas de tensión que aplicó la Fed. Las otras 17 instituciones examinadas tienen el capital suficiente como para resistir un severo bajón económico, según la Reserva Federal. Esos prestamistas -excepto Ally Financial- cumplieron con el colchón de 5% de capital exigido)

La próxima semana, la Fed dirá si los bancos, con base en los resultados de esas pruebas, tienen en sus arcas lo suficiente para pagar dividendos y recomprar acciones.

Sin embargo, algunos economistas y reguladores bancarios piensan que las pruebas de solvencia pasan por alto una vulnerabilidad clave para los bancos: sus derivados.

La cuestión tiene que ver con la forma diferente en que las cuentas estadounidenses y extranjeras tratan a los derivados, que son contratos financieros utilizados para apostar o cubrirse contra fluctuaciones de precios en cosas como las tasas de interés o la deuda corporativa. El mercado de derivados es enorme (600 billones de dólares) y una fuente potencial de inestabilidad para los bancos, aunque es probable que veamos pocos indicios de ello en las pruebas de resistencia aplicadas por la Reserva Federal.

Las regulaciones estadounidenses permiten a los bancos extraer o excluir las apuestas en derivados que hacen entre sí, básicamente borrándolas de sus estados financieros. Las normas europeas se basan generalmente en el total de las pérdidas o ganancias potenciales mientras que las pruebas de resistencia de la Fed se basan esencialmente en las normas contables estadounidenses más indulgentes.

Esto ha alarmado a algunos expertos bancarios. A principios de febrero, Jeremiah Norton, titular de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) y ex banquero de JPMorgan Chase, cuestionó la fiabilidad de las normas contables de Estados Unidos en lo que respecta a los derivados.

El profesor del MIT, Simon Johnson, autor de un conocido libro sobre los bancos demasiado grandes para quebrar, recientemente escribió que cuando se aplican las normas europeas sobre los derivados a los bancos estadounidenses, muchos de sus balances no resultan tan fortificados, quedan lejos de esa aludida fortaleza. JPMorgan Chase, uno de los principales jugadores en el negocio de derivados, sale particularmente golpeado. Algo irónico, pues su CEO Jamie Dimon tiene especial predilección por comparar las finanzas de su banco con una fortaleza.

De acuerdo a los estados financieros de JPMorgan Chase, la exposición neta al riesgo asociado a los derivados - esto es, lo que el banco adeudaría menos lo que cobraría a los demás si tuviera que cerrar todos esos contratos hoy - era de 4,300 millones de dólares al término de 2012. Ello representa una disminución de 75% respecto al año previo.

Así, JPMorgan Chase parece haber reducido sus exposiciones durante el año, tal vez en parte gracias al arpón de la Ballena de Londres, cuya especialidad eran los derivados de crédito. Pero si contabilizamos los derivados del banco en la manera en que lo hacen los europeos, su exposición asciende a unos 23,000 millones de dólares... apenas un 50% menos frente al año previo. El banco no estuvo inmediatamente disponible para hacer comentarios.

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Por tanto, aun cuando la prueba de resistencia muy probablemente muestre que los ratios de capital de JPMorgan Chase han mejorado, una buena parte de esa mejora - equivalente a unos 9,000 millones de de dólares - no se deberá a una auténtica mejoría en sus finanzas, sino a un cambio en sus apuestas en derivados, lo que en realidad no ha hecho que el banco sea menos vulnerable a una crisis financiera.

"Creo que el importe bruto que usan las hojas de balance europeas mide mejor el riesgo de los contratos derivados," sostiene Fred Cannon, jefe de análisis del banco de inversión KBW, especializado en trabajar con entidades financieras. "Si haces las cosas a la manera estadounidense, estarás disfrazando la realidad."

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