Gran Bretaña, sin ‘plan B’ para economía

El Gobierno británico ha dicho que no hay alternativa para su plan de austeridad; pero la rebaja de Moody’s y el riesgo de triple recesión provocan que la oposición exija opciones.
Chris Giles y Parker George
Financial Times -

A pesar de las sombrías cifras económicas y del oprobio político, el ministro de Finanzas y el primer ministro de Gran Bretaña siguen convencidos de que no hay alternativa viable a la austeridad.

Debido a la pérdida de la calificación triple A y a la amenaza de una triple recesión, el telón de fondo del debate del presupuesto anual británico de la próxima semana no podría ser más difícil.

Visto desde Estados Unidos, Reino Unido parece ser un buen ejemplo del disparate que es la austeridad excesiva; visto desde el centro de la zona euro, los problemas económicos de Gran Bretaña demuestran que la moneda única podría no ser la raíz de todos los problemas del continente. El ejemplo más destacado de la recuperación y prudencia presupuestaria de 2010 ha caído en desgracia.

La economía británica ha crecido sólo 0.7% desde el tercer trimestre de 2010 y es muy probable que sufra otros dos trimestres consecutivos de contracción cuando las cuentas nacionales para el comienzo de 2013 sean publicadas el próximo mes.

Peor aún, las finanzas públicas han obligado a los ministros a ampliar el plan previsto de reducción del déficit de cinco años a ocho años; no se espera que la carga de deuda en el sector público comience a bajar sino hasta 2016-2017 o 2017-2018.

Los organismos externos están perdiendo la fe: Moody's rebajó la calificación crediticia triple A de Reino Unido el mes pasado y se espera que las otras agencias de calificación sigan su ejemplo.

La oposición laborista no puede creer su suerte. A Ed Balls, el belicoso ministro de Finanzas homólogo de la oposición, le gusta burlarse de George Osborne, el ministro de Finanzas, diciendo que su austeridad ha provocado los problemas económicos y que está demente.

"'Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes', ésa era la definición de Einstein de la locura", dice.

Y, sin embargo, en el corazón de la coalición de Gobierno, la mayoría de los ministros de alto rango admiten que el historial económico es pobre pero están más convencidos que nunca de que están en el camino correcto y de que las cosas pronto remontarán.

David Cameron, el primer ministro, trató de dar una cobertura política a Osborne este mes, diciendo: "El presupuesto de este mes tratará de apegarse al curso actual porque no hay otra alternativa que asegure el futuro de nuestro país".

En este diálogo de sordos, la complejidad de la situación económica de Gran Bretaña rápidamente queda perdida. Pero es crucial para entender lo que ha salido mal, la perspectiva más probable para la economía y las prescripciones de política adecuadas.

Desde 2010, la economía británica ha estado lejos de ser un simple caso de austeridad que afecta los ingresos y el gasto de los hogares mucho más que lo que el Gobierno de coalición esperaba.

La recuperación del producto interno bruto -bienes y servicios producidos- ha sido sin duda la peor del siglo pasado. La producción permanece 3% por debajo del máximo alcanzado en 2008. Pero a diferencia de la economía estadounidense, a diferencia de todas los anteriores recesiones, el Uo ha repuntado.

En términos de empleo, en vez de una recesión más profunda y prolongada, el periodo posterior a la crisis ha sido el más corto y el menos profundo. La consecuencia es que la productividad -la producción por hora trabajada- se ha desplomado.

La explicación favorita del Tesoro para este acertijo de productividad es que la economía de Reino Unido antes de la crisis enmascaraba las profundas debilidades expuestas por la crisis. Observando a detalle las áreas de la economía que explican la caída de la productividad, los asistentes del ministro de Finanzas dicen que no menos de la mitad del problema proviene de dos sectores: el petróleo y las finanzas.

El petróleo del Mar del Norte está disminuyendo, con una reducción de la producción de casi 40% desde que la coalición asumió el poder en 2010, mientras que el número de personas necesarias para trabajar en las plataformas en alta mar no se ha reducido.

Asimismo, en las finanzas, la forma en que el Reino Unido mide la producción del sector financiero -en gran medida a través del tamaño del balance general de los bancos- asegura una debilidad debido a que los bancos se ven obligados a replegarse sin recortar demasiada mano de obra.

La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR por sus siglas en inglés), el organismo de vigilancia de las finanzas públicas, que produce las previsiones oficiales, tiene un análisis alternativo para explicar el pobre desempeño de la producción con respecto a sus previsiones.

Aunque Robert Chote, su feroz e independiente director, confrontó al primer ministro la semana pasada por su sugerencia de que la OBR había dicho que la austeridad no había dañado el crecimiento, el OBR estima que es poco probable que entre 2010 y mediados de 2012 la austeridad haya respaldado el enorme exceso de optimismo sobre el crecimiento.

Después de estudiar sus errores de proyección a detalle en octubre pasado, Chote concluyó que "la inflación inesperadamente obstinada parece una explicación mejor para el débil consumo real en 2011 (que un efecto mayor a lo esperado de la austeridad)... y los deteriorados mercados de exportación parecen ofrecer una mejor explicación a la debilidad más reciente del comercio neto".

Seis meses después, la explicación de la OBR ha ganado peso debido a que los datos más recientes muestran que toda la decepción en el año 2012 fue causada por el terrible desempeño en las exportaciones, impulsado también más por los servicios financieros que por el gasto interno débil.

En este mundo más complicado con un déficit presupuestario aún del 8% del ingreso nacional, los economistas luchan por idear una política simple que ponga en marcha una recuperación normal de la producción, así como del empleo.

Carl Emmerson, director adjunto del Independent Institute for Fiscal Studies, dice: "Las finanzas públicas están en un estado terrible, aunque no hay necesidad de caer en pánico. El Gobierno puede decir que el endeudamiento ha caído en un cuarto, pero sigue siendo muy alto históricamente e internacionalmente. Los que quieren más estímulo sostienen que (el Gobierno) debería estar haciendo mucho más con los estímulos existentes".

Muchos no están de acuerdo con esta opinión. Independientemente de la causa de la debilidad en el crecimiento, un gran grupo quiere más estímulo fiscal. Señalan que los temores del Gobierno a la reacción adversa del mercado hacia un préstamo probablemente mayor son exageradas y que con sus costos de endeudamiento tan bajos, no podría haber un mejor momento para un estímulo fiscal que impulse el crecimiento.

En su llamado por 30,000 millones de libras de impulso inmediato a la inversión pública, equivalentes al 2% del PIB, Jonathan Portes, director del National Institute of Economic and Social Research, dice: "La reducción de la inversión neta del sector público a la mitad es ahora casi universalmente reconocida como un gran error de política".

Stephen King, economista en jefe de HSBC, se opone al argumento de que los bajos costos de endeudamiento demuestran que un estímulo fiscal adicional es necesario. Si eso fuera cierto, "tendríamos que concluir que los españoles, los portugueses y los griegos no pidieron prestado lo suficiente en los años previos a la crisis financiera mundial".

"Más endeudamiento del gobierno en esta etapa, en conjunto con la flexibilización cuantitativa, podría no conducir a mayores rendimientos (de los bonos del Estado, sino que seguramente deprimirá a la libra esterlina. Lamentablemente, la evidencia hasta la fecha sugiere que la debilidad de la moneda única solamente ha golpeado los ingresos reales de los hogares sin otorgar nada del impulso esperado a las exportaciones", dijo.

Los ministros sienten que no tienen margen de maniobra. Osborne está encajonado en los aspectos económicos, pero también, sobre todo, en los políticos. Cualquier desviación de su plan A sería vista como una admisión de fracaso y casi seguramente marcaría el final de su carrera política.

Por temor a las acusaciones de complacencia por parte de sus enemigos políticos -desde la oposición oficial laborista hasta la oposición no oficial de sus críticos de la derecha conservadora- Osborne ha estado tratando de hacer de la necesidad una virtud, presentándose como un capitán duro como la roca con su mano firme en el timón.

En el período previo al presupuesto, una sensación de claustrofobia política parecía estar cobrando un precio a Osborne y Cameron, quienes parecían estar mostrando signos de un pánico incipiente. Un ministro conservador se quejó de que estaban empezando a "prometer y no cumplir" del modo en que se solía desacreditar a Gordon Brown, el ex primer ministro laborista.

En una reunión de gabinete del mes pasado, los ministros fueron desafiados repetidamente por Cameron y Osborne para demostrar su compromiso con el crecimiento al anunciar ambiciosos objetivos -por ejemplo, el despliegue de la banda ancha de alta velocidad- que fueron considerados por los ministros como totalmente irreales. "Estaba empezando a parecer muy Gordoniano", dijo un ministro.

Según los funcionarios de Downing Street, Nick Clegg, el viceprimer ministro y líder del Partido Liberal Demócrata, estuvo entre que exigieron a Osborne calmarse y "actuar como un ministro de Finanzas conservador" y jugar a lo seguro.

Después de todo, su último mini-presupuesto fue realizado apenas en diciembre pasado y ya era hora de hacer frente a sus críticos con la realidad de que la declaración del 20 de marzo no iba a ser una experiencia transformadora para la economía.

Así que el presupuesto de este año tratará de ser limitado en alcance debido a que el paquete de Osborne ha sido reducido a lo esencial. También hay un sentido -a menudo articulado en el gobierno británico- de que el discurso de Osborne será mucho menos importante que el cambio en la política monetaria que se espera que se produzca con la llegada de Mark Carney, gobernador del Banco de Canadá, al puesto de gobernador del Banco de Inglaterra en julio.

"No se trata tanto de cuándo se pondrá de pie George, sino de cuando se sentará Carney", dijo un funcionario del gobierno.

"No hay una fórmula mágica", dijo un asistente de Osborne. "Se trata de ir más allá en la resolución del déficit, haciendo a la economía más competitiva y ayudando a la gente cuando se pueda". Se espera que se proponga un paquete de medidas para aliviar las condiciones de vida - incluyendo una congelación sobre las alzas de servicio de combustible y una exención fiscal personal de 10,000 libras. La consolidación fiscal se conjuntará con el activismo monetario y las reformas en el lado de la oferta.

El equipo de Osborne dice que el ministro de Finanzas ha sido ayudado por su capacidad de situarse a medio camino entre las alternativas muy diferentes al Plan A ofrecidas por sus críticos. Los conservadores de la derecha quieren que recorte el gasto adicional (una propuesta considerada como demente por el ministro de Finanzas), mientras que Vince Cable, el secretario de negocios, quiere pedir más préstamos para aumentar el gasto de capital en las escuelas y los hospitales.

Pero Osborne también cree que ha tenido suerte con sus enemigos. Ed Miliband, el líder laborista, y Balls, ambos funcionarios del Tesoro bajo el gobierno de Brown, han presentado un plan de más endeudamiento para impulsar el crecimiento, el cual es incomprensible para los votantes comunes.

Los aliados del ministro de Finanzas siguen convencidos de que, con un impulso estable, una "recuperación normal" está a la vista y debe comenzar a mediados de año. Señalan las señales de alivio en las condiciones financieras en el mercado de la vivienda, precios de las casas gradualmente crecientes, mejores encuestas de negocios y menos tensión en la zona euro. Tienen la esperanza de ver un crecimiento trimestral de alrededor del 0.5% en la segunda mitad del año y las previsiones del FMI muestran una recuperación más rápida que en el resto de Europa.

Una vez impuestas, creen que las dinámicas de las políticas cambiarán dramáticamente, despojando a los laboristas de su mensaje clave de que el Plan A ha sido un completo fracaso.

Esto mantiene feliz al Tesoro. Los funcionarios deben recordar, sin embargo, que éste era exactamente el sentimiento hace un año, cuando las previsiones económicas parecían ser estables y se deterioraron a medida que 2012 progresó.

Política: El 'celo puritano' de los conservadores

David Cameron estableció el telón de fondo del presupuesto de la próxima semana en un reciente discurso en el que adoptó la clásica postura conservadora defensiva: citar a Margaret Thatcher. Insistió en que "no hay alternativa".

Pero como el laborista Tom Blenkinsop le recordó al primer ministro británico en la Cámara de los Comunes esta semana, un debate vicioso está rondando a su partido. "¿Es consciente de que sus diputados ordinarios y parte de su gabinete creen que hay una alternativa a él?"

Cameron y su ministro de Finanzas, George Osborne, están en su momento de máxima vulnerabilidad. La economía es plana, el endeudamiento está aumentando y Gran Bretaña ha perdido su calificación crediticia triple A. Una derrota en las elecciones extraordinarias del mes pasado en Eastleigh ha provocado una especulación renovada sobre la vida después de Cameron.

Theresa May, ministra del Interior, estuvo entre aquellos que hicieron alarde de sus credenciales políticas ante los activistas conservadores en los últimos días, para el enojo de los amigos de Cameron. "Lo que ella hizo fue absolutamente despreciable", dice un miembro del parlamento conservador cercano al primer ministro.

Los candidatos de la derecha conservadora como Liam Fox, el ex secretario de Defensa, promovieron su visión de un Estado mucho más pequeño. Es una visión para las políticas después de las elecciones de 2015, un concurso que muchos conservadores creen que están seguros de perder.

El ambiente de derrotismo entre algunos diputados de la derecha enfurece a Cameron, quien esta semana dijo a sus diputados que recobraran el ánimo.

El apetito entre algunos conservadores de deshacerse de Cameron -visto por los derechistas conservadores como demasiado cómodo en coalición con los centristas liberal demócratas- desconcierta a los de los demás partidos, que notan que el primer ministro es más popular que el partido que dirige.

Un ministro liberal demócrata dice que el partido conservador está afectado por un "extraño celo puritano", y agregó: " Tendrían que estar locos para deshacerse de Cameron, pero, de hecho, algunos de ellos están locos". Una figura laborista destacada dice: "Puede que Cameron no sea muy bueno, pero es, por mucho, lo mejor que tenemos".

Pero Cameron está convencido de que la economía, la fuente de su vulnerabilidad, en última instancia, lo salvará. Las encuestas muestran que tanto él como Osborne se mantienen más confiados en la economía que Ed Miliband, el líder laborista, y Ed Balls y, su ministro de Finanzas opositor.

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"La economía conducirá la política", dice un asesor de Osborne. La diferencia política entre una economía plana y una que apunta suavemente hacia arriba es, según el equipo de Osborne, "absolutamente enorme".

Reporte adicional de George Parker.

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