La expansión de AL está en sus manos: BM

En ausencia de reformas, una tasa de 3.5% para la región es congruente, dice el Banco Mundial; el organismo presenta un informe que examina los desafíos de corto y mediano plazos para la región.
PIB mexico crisis terapia intensiva  (Foto: Photos to Go)
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La habilidad de los países de América Latina para elevar su crecimiento por arriba de 3.5% dependerá críticamente de ellos mismos, conforme el entorno global se mantenga favorable, considera un nuevo estudio del Banco Mundial (BM).

El énfasis político en la región está cambiando de los motores de crecimiento externos a internos, y de las preocupaciones macroeconómicas y de estabilidad financiera a las reformas que mejoren el crecimiento, destaca el documento dado a conocer este miércoles.

El reporte, coordinado por el economista en jefe para América Latina y el Caribe de este organismo, Augusto de la Torre, destaca que los fuertes vientos del pasado reciente eran consistentes con las tasas de crecimiento promedio en la región de entre 5% y 6%. Pero en ausencia de reformas orientadas al crecimiento, los actualmente debilitados vientos favorables son consistentes con un crecimiento promedio de alrededor de 3.5%.

"Sin duda, esto no es malo, pero sería más bajo si el escenario global inesperadamente empeorará y es, en cualquier caso, insuficiente para mantener el ritmo del progreso social que la región registró -y al cual se acostumbró-en la década pasada", expone.

El reporte semestral examina los desafíos de corto y mediano plazo para América Latina y el Caribe, así como los factores externos que fueron decisivos en el retroceso del desempeño reciente.

El BM pronostica que los mercados emergentes tendrán un aceleración de 0.5 puntos porcentuales en sus tasas de crecimiento, aunque con un gran grado de heterogeneidad en donde China encabezará a este grupo de países con una expansión de 8.2%, mientras que los países de ingreso medio de Europa oriental, severamente afectados por los problemas sin resolver de la Unión Europea, probablemente se rezagarán y se expandirán en alrededor de 2.5%.

También anticipa una mayor heterogeneidad en los pronósticos de crecimiento de 2013 para los países de América Latina y el Caribe, variando desde uno tan bajo como 1% y 1.5%, en el caso de Jamaica y Venezuela, respectivamente, a 6% para Paraguay y Perú, y 8% para Panamá.

Bolivia, Chile y Colombia continuarán superando el promedio regional con proyecciones de crecimiento de entre 4% y 5%, mientras Argentina y Brasil probablemente caerán abajo del promedio regional, a pesar de elevarse desde tasas menores a 2% en 2012 a cerca de 3% en 2013, y México lo hará en 3.3%, de acuerdo con las perspectivas del BM presentadas en enero pasado.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo el martes que prevé que la economía mexicana se desacelere este año y en 2014, ya que recortó a 3.4% su pronóstico de expansión para ambos periodos. El ajuste fue de una décima y supone que el PIB nacional crecerá más que Brasil y Argentina en 2013, señaló el FMI en su informe semestral 'Perspectivas Económicas Globales'.

El informe del BM puntualiza que el mundo desarrollado parece haber arribado a una muy debatida "nueva normalidad" de exceso de liquidez, crecimiento anodino (particularmente en Europa), y deuda obstinadamente alta, incluso en la medida en que la posibilidad de un suceso sistémico que dislocaría la dinámica financiera y económica global ha sido, si no eliminada, al menos pospuesta, gracias a la acción decidida de las principales autoridades monetarias.

Al mismo tiempo, China parece ir hacia una tasa de crecimiento más baja pero más sustentable (entre 7% y 8%), mientras que los vientos favorables para Latinoamérica y el Caribe claramente están amainando.

Productividad, el nombre del juego para crecer

Por otra parte, es poco probable que la región sea capaz de re-industrializarse como para hacerse más parecida al sureste asiático, teniendo en cuenta el relativamente bajo ahorro público y privado, monedas apreciadas y la necesidad de más avances en equidad social, todo lo que conlleva a salarios más altos (y por lo tanto menos competitivos internacionalmente).

"En esta etapa de desarrollo de Latinoamérica y el Caribe, la búsqueda de la competitividad exportadora a través de la mano de obra barata y tipos de cambio subvaluados parece políticamente inviable y probablemente no tan bueno económicamente", puntualiza el estudio.

En el corto plazo, la mayoría de los países probablemente seguirá dependiendo de los recursos naturales y del capital extranjero para compensar el insuficiente ahorro local, advierte.

El diseño de marcos regulatorios y contractuales que encuentren el equilibrio adecuado entre políticas favorables al capital extranjero -que respeten los derechos de propiedad, por un lado y una distribución equitativa de los rendimientos de inversiones financiadas con inversión extranjera directa, por otro-, sigue alto en la agenda, especialmente teniendo en cuenta que los precios están sujetos a cambios inesperados.

En el largo plazo, el éxito dependerá críticamente del nivel y la composición de la inversión, tanto en capital físico como humano. La infraestructura y calidad de la educación se reconocen crecientemente como prioridades y con razón.

Más generalmente, si se va a desarrollar la competitividad más allá de los bienes intensivos de recursos naturales, sin sacrificar la calidad de vida, el nombre del juego es productividad.

Una América Latina dividida

El informe del Banco Mundial también considera que el patrón industrial orientado a la exportación asociado con los tigres asiáticos es una opción improbable para la región, por diversas razones.

Hasta ahora, América Latina ha fallado en integrarse en un mercado grande para mejorar lo que actualmente representa algunos mercados nacionales de pequeña escala.

Una estrategia de mercado local expandido, concretamente la profundización de la integración regional como un primer paso para desarrollar la competitividad internacional, aunque todavía es una posibilidad, parece impedida en la actual coyuntura, entre obstáculos, por desconfianza política, la falta de liderazgo regional, y una "autopista de intercambio" fragmentada de acuerdos comerciales bilaterales parciales.

Un segundo obstáculo yace en el costo laboral. Los países latinoamericanos más grandes todavía tendrían asignaturas pendientes sobre los frentes de pobreza y equidad social, pero han recorrido un largo camino en mejorar los niveles de vida, el cual incluye una mejoría sustancial en los salarios reales.

Además, en varios grados, cualquier ventaja de precio que hayan tenido al final de los financieramente turbulentos 90, ésta fue mayormente erosionada por la apreciación de los 2000.

Como resultado la mano de obra de LAC es hoy más cara que lo que fue la de los tigres en los inicios de los 80, que la de los nuevos tigres como Indonesia o Filipinas son hoy.

Compitiendo con precios bajos a través de políticas industriales convencionales (protección temporal, crédito subsidiado, y sustitución de importaciones) no parece una propuesta promisoria.

La temida "guerra de divisas"

Una preocupación macroeconómica se asocia con la llamada 'guerra de divisas', un término que se refiere al sustancial relajamiento monetario iniciado por la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, en 2009 y rápidamente seguido por otros países desarrollados y el consiguiente tsunami de dólares (y yenes, y posiblemente euros) fluyendo de economías centrales de bajas tasas de interés, y bajo crecimiento a economías emergentes de altas tasas de interés y rápido crecimiento.

Estos flujos de capital pueden amenazar con estrangular la producción de bienes comerciales en países recipientes a través de una apreciación excesiva del tipo de cambio real.

Aunque este escenario puede haber sido una caracterización más precisa del periodo de rápido repunte global (y quizás incluso más de la bonanza de capital pre-crisis), los seis meses pasados dibujaron una pintura más matizada, con términos comerciales y tipos de cambio bastante estables, y una moderación de intervención de tipo de cambio y acumulación de reservas.

Esta estabilidad relativa naturalmente, logra poco para deshacer el pasado. Países como Brasil y Colombia, y más recientemente Uruguay, encaran tasas de tipo de cambio real multilateral significativamente apreciadas comparadas con los niveles de principios de los 2000.

No es sorpresivo que hay países donde "el temor de apreciación" representa un peligro claro y presente para el desempeño económico. Y mientras que la opinión del consenso indica que una mayor apreciación nominal (esto es, otra ronda en la guerra de divisas) no es probable, no hay espacio para creer que la situación se revertiría pronto.

En la mayoría de las economías de la región, la combinación de flujos de capital disminuidos y las tasas de interés real positivas deben disipar las dudas sobre el espacio de políticas monetarias para jugar su papel estabilizador, dice el reporte del BM.

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Pero los flujos de portafolios todavía son una seria preocupación política en algunos países, donde las opiniones más allá de la intervención cambiaria del banco central probablemente deben ser consideradas, señala.

 

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