La austeridad, a la defensiva en Europa

Los recortes al gasto en el bloque están llegando a su límite sin que se reactive el crecimiento; expertos urgen aplicar reformas políticas para evitar un estancamiento similar al de Japón.
Eurozona  (Foto: Thinkstock)
Mark Thompson
LONDRES -

Ha sido una mala semana para los halcones del presupuesto en Europa. En juego están los recortes de gastos y aumentos impositivos que han constituido el núcleo de la respuesta de la zona euro a la crisis de crédito en los últimos años.

La crítica que plantea que esa austeridad es contraproducente ha aumentado a medida que crece la evidencia de que la recesión y la crisis de desempleo que vive la región pueden estar empeorando.

Por su parte, las autoridades del bloque han hecho todo lo posible por reconocer que existen límites, es decir que el gasto no puede recortarse mucho más.

Pero es demasiado pronto para escribir el obituario de la austeridad. Si bien los líderes europeos pueden modificar la política, es poco probable que empiecen a relajar su enfoque de mano dura en un futuro cercano.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, admitió el lunes en Bruselas que la búsqueda de la Unión Europea de unas finanzas sólidas aunque era "fundamentalmente correcta" había "llegado a su límite".

La política fiscal dura, dijo Barroso, "es indispensable, pero tiene que complementarse con un mayor énfasis en el crecimiento, incluidas las medidas a corto plazo dirigidas al crecimiento".

Los líderes tienen que defender ese punto de una manera "más fuerte y más clara", agregó.

Olli Rehn, el comisario europeo de Asuntos Económicos, dijo en una entrevista con CNN que la UE ha conseguido ‘aflojar el nudo fiscal'. Agregó que el ritmo general de los recortes presupuestarios se desaceleró el año pasado y que el bloque ha flexibilizado algunos de los términos de sus rescates nacionales.

"Estoy plenamente consciente de los problemas asociados a los altos niveles del desempleo y al bajo crecimiento en muchos países europeos", indicó. "Al mismo tiempo, tenemos que comprender que los niveles de deuda en Europa son de cerca del 90% este año, y ello afecta al crecimiento".

Traducción: Entendemos que la austeridad puede tener consecuencias severas, pero también hay que controlar la deuda.

Los rescates económicos han planteado decisiones particularmente difíciles para los políticos de la eurozona. A Irlanda y Portugal se les han dado siete años más para pagar los préstamos del rescate. Mientras que a Grecia, España y Portugal se les ha concedido más tiempo para reducir sus déficits presupuestarios, y Francia y otros países podrían sumarse a ese grupo el próximo mes.

Grecia, Portugal e Irlanda se vieron obligados a pedir rescate primeramente porque eran insolventes y los inversores no les prestarían dinero. La dolorosa reducción del déficit, aunada a las reformas para impulsar la competitividad y la productividad, siempre se consideraron el precio de un rescate.

Y está claro, según los últimos datos de endeudamiento público, que la región todavía tiene una montaña de deuda por conquistar.

El déficit global de la eurozona cayó a 3.7% del Producto Interno Bruto (PIB) el año pasado desde más del 6% en 2010. Sin embargo, el nivel total de deuda del conjunto de los 17 estados miembros aumentó, contribuyendo a ello Italia, España, Portugal e Irlanda.

La deuda pública de la eurozona alcanzó el año pasado los 8.6 billones de euros, estableciendo un récord de 90% respecto al PIB, y se prevé que aumente a 95% en 2013. Los pronósticos oficiales auguran que se estabilizará en 2014, pero bajo el presupuesto de que no habrá una mayor relajación de la política fiscal, una premisa muy poco probable dadas las crecientes presiones sociales, políticas y económicas.

De cualquier manera, el debate sobre qué priorizar, la austeridad o el crecimiento, no hará más que intensificarse.

Italia, la tercera mayor economía de la región, nombró a un nuevo primer ministro esta semana. Enrico Letta es un pro-europeo de la centro-izquierda italiana. Él quiere que Europa suavice las medidas de austeridad.

El jueves, el Reino Unido esquivó una recesión (hubiera sido la tercera al hilo) cuando informó que su economía había crecido un 0.3% en los tres primeros meses del año. El país tampoco muestra señales de cambiar de rumbo, pese a las críticas del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otros organismos, de que está implementando recortes a un ritmo muy rápido.

David Lipton, el número dos del Fondo, insistió sobre el tema, advirtiendo que Europa se arriesgaba a caer en un estancamiento al estilo japonés si no tomaba acciones decisivas, entre ellas formular una política fiscal "más favorable al crecimiento".

"Los países que pueden permitirse apoyar la economía tienen que hacerlo - pero en formas que alienten al sector privado a invertir y que aumenten la demanda", dijo en una conferencia.

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Por su parte, Joerg Asmussen, miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo, rechazó las sugerencias de que la eurozona debería relajar la política fiscal. "Esto puede sonar atractivo a primera vista, pero retrasar la consolidación fiscal tiene su precio  - significa mayores niveles de deuda, y eso tiene costos reales", señaló.

 

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