Empleo y acciones, receta para EU

Una mejora en los mercados laboral y bursátil impulsaría la economía, dice Mohamed El-Erian; el mercado debe eliminar los riesgos de las burbujas financieras para estimular las inversiones.
dolar  (Foto: Getty)
Mohamed El-Erian*
NUEVA YORK -

La mayoría de los noticieros estadounidenses dedicaron sus programas vespertinos del viernes pasado a hablar de los niveles récord en el mercado bursátil y del informe mensual del empleo que superó las expectativas. Ambas noticias hablan de una economía que continúa sanando poco a poco.

La pregunta ahora, y una muy importante, es si las interacciones positivas entre los dos mercados crearán el impulso suficiente para que la economía de Estados Unidos alcance la velocidad de escape.

Empecemos por lo más importante para el bienestar inmediato del país y para la economía mundial: la capacidad para crear empleos y mantener un crecimiento salarial satisfactorio.

El informe sobre el empleo publicado el viernes pasado superó las expectativas de tres maneras importantes y ojalá repetibles:

1. Con 165,000 nuevos puestos de trabajo y una vez revisadas las cifras totales anteriores, la ganancia media de tres meses se sitúa en casi 212,000 empleos por mes, o cerca del umbral que desencadena una sólida serie de dinámicas endógenas (originarias) que se refuerzan mutuamente.

2. La tasa de desempleo cayó a 7.5%, su nivel más bajo desde diciembre de 2008, y lo hizo gracias a una buena razón (más puestos de trabajo) en lugar de debérselo a otro descenso en la tasa de participación laboral (que sigue languideciendo en niveles registrados en 1979).

3. El número de desempleados de larga duración cayó por debajo de 4.4 millones, lo que sugiere que el mercado laboral está haciendo un mejor trabajo reincorporando a aquellas personas que enfrentan el mayor riesgo de ver sus habilidades atrofiadas por el largo periodo de inactividad.

Por supuesto, todavía hay mucho de qué preocuparse, dada la profundidad de la crisis del desempleo suscitada por la crisis financiera mundial de 2008.

La composición sectorial del incremento en el empleo está lejos de ser ideal. El crecimiento es vacilante, toda vez que muchas personas siguen batallando en ese frente, con segmentos vulnerables de la población luchando contra la pobreza y la alienación (incluyendo aquí a los jóvenes, los desempleados de larga duración y los que carecen de educación y formación suficientes).

Sin embargo, los últimos empleos creados son reales y constituyen un paso notable en la dirección correcta. Esta última observación es resultante de la conexión existente con la segunda buena noticia del viernes pasado, los máximos históricos alcanzados por el Dow Jones, el S&P 500, e incluso por los mercados de valores en el extranjero.

El reporte de empleo del viernes pasado aumenta -aunque marginalmente- la posibilidad de que unos mejores fundamentos económicos validarán los precios financieros sumamente asistidos de este lunes, y con ello mejorará significativamente la posibilidad de un círculo virtuoso endógeno (originario) que se refuerza a sí mismo.

No debemos subestimar la contribución potencial al bienestar nacional de las interacciones entre un mercado de trabajo que mejora y los mercados financieros que son boyantes por las razones correctas. Juntos, proporcionan el potencial para que el sector privado supere los obstáculos que surgen de la política disfuncional del Congreso estadounidense y la recesión europea.

Al mejorar tanto las perspectivas de ingresos como de riqueza, esta combinación atrae a las empresas y familias con balances saludables de todo el mundo (y hay un buen número de ellas) para implicarse en actividades productivas en las que todos ganen.

En el proceso, la economía estadounidense transitaría del crecimiento "asistido" o estimulado hacia un crecimiento "auténtico" y real, así la economía mundial estaría en una mejor posición. La alternativa es la persistencia de un elevado desempleo que asume una naturaleza más estructural, y renovados riesgos de perturbaciones financieras.

Recordemos que hoy los mercados financieros, más que verse impulsados principalmente por los fundamentos, reflejan el impacto de bancos centrales hiperactivos que buscan promover el crecimiento con herramientas parciales e imperfectas. Y en su afán, estas instituciones han incursionado en un territorio experimental, y cuanto más tiempo se queden allí, mayor es el riesgo de daños colaterales y consecuencias no deseadas.

Aun cuando los resultados económicos han decepcionado en repetidas ocasiones (incumpliendo incluso las propias expectativas de los políticos), los inversionistas se han acostumbrado no sólo a reaccionar, sino también a tomar posiciones a sabiendas (front-run) de que se anunciará una esperada inyección de liquidez; esto ocurre incluso en Europa, donde el presidente del Banco Central Europeo ha orquestado y generalizado un rally bursátil masivo con sólo anunciar su intención de hacer "lo que sea necesario" (y afirmar "créanme, será suficiente").

Ante esta dinámica, los inversionistas terminan asumiendo más riesgos a precios cada vez más altos. Algunos se sienten cómodos apostando su bienestar futuro en la ola de liquidez atizada por los bancos centrales, bajo la creencia de que estas instituciones no tienen otra opción que aumentar su activismo en los próximos meses.

Algunos dudan de la solidez a largo plazo de dicha ola, pero están dispuestos a subirse a ella por ahora, creyendo que pueden salir de los mercados rápidamente si la ola comienza a romperse. Y otros son simplemente víctimas de la industria y del bombo publicitario de los medios.

Esta es la razón por la cual más gente se está preocupando por las renovadas burbujas financieras que podrían terminar mal (y han pasado menos de cinco años desde la crisis financiera global).

La mejor manera de reducir este riesgo es que la economía real gane más impulso. Esto permitiría mejorar los fundamentos para validar los precios actuales de los activos financieros, estimularía a las empresas a invertir más agresivamente en nuevas instalaciones y equipos, y le daría a los bancos centrales el margen de maniobra que necesitan para normalizar su política monetaria de una manera ordenada.

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Las buenas noticias del viernes confirmaron que la economía de Estados Unidos continúa recuperándose. Y de forma tangencial, reducen el riesgo de burbujas financieras e incrementan en cierto modo la posibilidad de un ciclo económico y financiero beneficioso. Pero la masa crítica para detonar ese resultado aún no se ha alcanzado.

Por tanto, mientras la mejora endógena continúa, esperemos que el comportamiento en ocasiones desestabilizador del Congreso no llegue a la economía (es decir, que no se den más situaciones perturbadoras como el techo de la deuda, los precipicios fiscales y/o los secuestros presupuestarios) y esperemos también que el reciente período de tranquilidad financiera en Europa dure un poco más (que no se den más disturbios en las economías periféricas, no más fatiga de deuda entre los acreedores y/o disfunción remozada entre los encargados de restaurar y mantener la calma financiera).

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