El espíritu que ha revivido a Japón

Dos causas han impulsado al país a adoptar las políticas del primer ministro contra la deflación; la crisis posterior al tsunami y la agresividad de China han fomentado el apoyo a Shinzo Abe.
japon  (Foto: Getty)
David Pilling

En medio de toda la emoción por el redescubrimiento del largamente perdido encanto de Japón, una pregunta ha quedado en gran medida sin respuesta.

¿Qué hizo que la estructura de poder del país cambiara de táctica tan repentinamente? Un minuto, la clase dirigente pensaba que no había mucho que se pudiera hacer acerca de la deflación. Al minuto siguiente, todos habían apoyado a Shinzo Abe, el nuevo primer ministro, y su misión de revertir 15 años de caída de precios.

Tan dramático ha sido el cambio en la política -y los mercados han respondido tan rápidamente- que todo el mundo ha estado muy ocupado haciendo dinero como para preocuparse mucho acerca de lo que provocó el cambio. El yen se ha debilitado desde 77 yenes por dólar a casi 100 yenes, beneficiando a los exportadores. El índice más amplio Topix, ha subido 65% en seis meses, el alza más fuerte en décadas.

Las ganancias del mercado han añadido 150 billones de yenes, o cerca de 1.5 billones de dólares, a la capitalización de mercado de las empresas japonesas, dice Peter Tasker, analista de Arcus Research. Tan agradecidos están los inversores por la bonanza, bromea, que ahora habitualmente firman sus correos electrónicos diciendo: "¡Salve a Abe!".

El entusiasmo del mercado está empezando a contagiarse a la economía real. Eso respalda a aquellos que sostienen que librar la trampa deflacionaria podría producir un círculo virtuoso en el que las ganancias, los salarios, el gasto del consumidor y los impuestos floten más arriba. Toyota, que triplicó su beneficio neto a casi 10,000 millones de dólares en el año hasta marzo, dijo el miércoles que espera que las ganancias aumenten 40% este año.

Las ganancias de Nomura y Daiwa han subido a medida que las corredurías se benefician del nuevo apetito por el riesgo entre los inversores japoneses. En marzo, las ventas de las grandes minoristas registraron su mayor aumento en 20 años. Incluso los salarios en algunas empresas han comenzado a aumentar ligeramente en medio de señales de un endurecimiento del mercado laboral. El banco central ahora prevé un crecimiento económico para este año de un nada despreciable 2.9%.

Entonces, las políticas están funcionando mejor de lo que cualquiera esperaría, al menos hasta ahora. Pero, ¿qué hizo Japón para adoptar las 'Abenomics' ('Abeconomía') en primer lugar? Nunca es fácil determinar la causa y el efecto. Sin embargo, parece que existieron dos fuertes catalizadores para el repentino cambio de velocidad: el tsunami de 2011 y China.

El efecto galvanizante del tsunami de marzo de 2011 no se hizo esperar. Los japoneses inicialmente libraron una posible crisis energética -tras el cierre de todas las centrales nucleares del país- al realizar un esfuerzo conjunto para reducir el consumo de energía. Sin embargo, la preocupación de la industria sobre una fuente de energía cara y errática planteó la posibilidad de un éxodo masivo.

Las empresas ya se quejaban del alto yen, los impuestos corporativos exorbitantes, la falta de acuerdos comerciales y las rígidas metas de emisiones. Por primera vez en una generación, hubo preguntas genuinas acerca de si industrias enteras se largarían del país.

El segundo factor ha sido China, cuya economía superó a Japón en 2010. Pekín se ha vuelto cada vez más agresivo en sus afirmaciones acerca de las Senkaku, cinco islas deshabitadas administradas por Japón y conocidas como Diaoyu en China.

En el período previo a la elección de Abe como líder del Partido Demócrata Liberal -un preludio al cargo de primer ministro- violentas manifestaciones antijaponesas estallaron en más de 50 ciudades en toda China. Si Japón ha encontrado un líder con un sentido de propósito, puede que tenga que agradecérselo a China.

El vínculo entre los temores por su seguridad y una sensación de debilidad económica es viejo y profundo. Fukoku-kyohei (país rico, ejército fuerte) fue el grito de guerra de la modernización japonesa después de la Restauración Meiji de 1868. Para Abe, el lema resuena con fuerza.

En pocas palabras, esto significa que si la economía de Japón es débil también lo es su capacidad de defenderse. Abe no ha abandonado su nacionalismo. Su misión de revivir la economía proviene exactamente del mismo impulso. En febrero, su discurso de "Japón está de vuelta" en Washington, hizo explícito el vínculo. "Japón debe mantenerse fuerte, primero fuerte en su economía, y fuerte también en su defensa nacional".

El telón de fondo del audaz experimento económico del país ha sido un patriotismo fortalecido. Incluso el emperador Akihito fue tomado por sorpresa cuando el señor Abe y otros asistentes a una ceremonia para conmemorar el aniversario del retorno de Japón a la soberanía al final de la ocupación de Estados Unidos en 1952, gritaron banzai, larga vida al emperador. Abe, que es muy popular en las encuestas con un apoyo superior al 70%, está enardecido por la idea de que el país pueda recuperar su influencia económica y geopolítica de forma simultánea.

"Para que nosotros, Japón y Estados Unidos, ofrezcamos conjuntamente a la región y al mundo un mayor estado de derecho, más democracia, más seguridad y menos pobreza, Japón debe mantenerse fuerte", dijo a sus anfitriones estadounidenses en febrero.

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La motivación es importante. Después de años de deriva, Japón ha sido galvanizado para entrar en acción. Si la historia sirve de guía, ahora que se ha llegado a un consenso, procederá más rápido y con más propósito del que habría sido asumido después de dos décadas de vacilaciones. Abe ya ha sorprendido a muchos al comprometer a Japón a negociar para el Pacto Trans-Pacífico, un alianza comercial de alto nivel que expondría a la economía de Japón a una competencia feroz. Inscribirse significaría destrozar el contrato social del Partido Demócrata Liberal con los mimados agricultores del país.

A primera vista, eso puede parecer poco probable, al igual que otros imperativos largamente discutidos: la liberalización de la energía y el cuidado de la salud, o la inclusión de más mujeres en la fuerza laboral. Hasta hace poco, nadie habría apostado a que algo de esto sucediera. Pero hay una nueva urgencia acerca de Japón. Los escépticos podrían quedar sorprendidos.

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