Brasil, ‘revolución’ de la clase media

En la última década el país ha tenido éxito en sacar de la pobreza a millones de personas; con una de las mayores cargas fiscales, la clase media exige soluciones a nuevos problemas.
brasil flag  (Foto: AP)
Steve Hargreaves
NUEVA YORK -

En muchos países, como España y Grecia, la flagrante desigualdad o una economía en crisis han provocado revueltas populares.

En las protestas que se han apoderado de Brasil desde la semana pasada, los expertos regionales dicen que el crecimiento económico está, de hecho, alimentando el descontento, pues es la clase media en ascenso la que demanda servicios sociales como educación y transporte que el gobierno no ha podido satisfacer.

La economía brasileña se ha desacelerado en los meses más recientes, pero en la más reciente década el país registró un crecimiento impresionante como consecuencia de su economía industrializada y del auge global de los commodities (materias primas).

Los beneficios no fueron únicamente para los ricos. Aunque la desigualdad es aún mayor en Brasil que en gran parte de otros países, la nación es mucho más equitativa de lo que era hace 10 años.

De 1999 a 2009, la clase media de Brasil creció en 31 millones de personas, de acuerdo con un post publicado la semana pasada por una investigadora de la organización independiente Council on Foreign Relations, Isobel Coleman.

"La creciente clase media de Brasil ha sido la columna vertebral de este movimiento de protesta", escribió Coleman. "A medida que sus perspectivas económicas han mejorado, han aumentado sus expectativas de mejores servicios públicos".

Las expectativas acaso hayan aumentado, pero no se están cumpliendo. Brasil tiene una de las tasas impositivas más altas del mundo: la carga fiscal supone el 36% del PIB del país, de acuerdo con un profesor brasileño de políticas públicas en la Kennedy School of Government de Harvard, Filipe Campante. Esa es una tasa tributaria similar a la de Alemania y Reino Unido (la cifra comparable para Estados Unidos es del 25%).

Pero esos elevados impuestos no se traducen en buenos servicios públicos. Los estudiantes brasileños se ubicaron en el puesto 53 de 65 naciones en una evaluación educativa efectuada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La duración promedio de un desplazamiento diario en autobús en Sao Paulo es de más de una hora, a menudo en autobuses atestados sin asientos, explica Campante. En algunas zonas de la ciudad, el tiempo de viaje puede ser de tres horas o más.

La población culpa al gobierno por estos y otros problemas. "Hay tantas cosas contra las que protestar que muchas personas ni siquiera saben por dónde empezar", comentó a CNNMoney un psicólogo de 26 años residente de la ciudad costera de Joinville, Bruno Herzog. "Ellos solo sienten que algo está mal, muy mal".

Campante coincide: "Hay un profundo sentimiento de descontento con las instituciones políticas, que son percibidas como ineficientes, corruptas e indiferentes".

La población está especialmente frustrada por todo el dinero que el gobierno gasta para albergar la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Algunas estimaciones calculan que el gobierno está gastando más de 30,000 millones de dólares en estos dos eventos, señaló Coleman, tres veces la cantidad que destina a su programa de lucha contra la pobreza.

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En las calles, los brasileños comunes acusan la corrupción del gobierno y su fallido liderazgo para brindar servicios básicos como la razón principal de las protestas. Pero también les preocupa que los manifestantes estén abarcando muchas otras cuestiones y que el mensaje principal se pierda en esa dispersión.

"Es muy surrealista la forma en que todo se está dando por aquí. Una parte de mí casi no puede creer que algo se esté haciendo acerca de toda la corrupción y los esquemas que hemos vivido todos estos años", comenta Herzog. "Pero la gente está perdiendo el enfoque, la mayoría de nosotros salimos a la calle sin intenciones claras".

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